MANUEL M. DIÉGUEZ: Un
incansable luchador casi olvidado en Cananea. Parte IV.
Gustavo A. Moreno Martínez moremar@prodigy.net.mx
INTRODUCCIÓN
En esta cuarta y última
parte de la vida de Diéguez, por su lealtad al constitucionalismo y por lo
tanto a Carranza, Diéguez se ve obligado a enfrentarse al grupo de Sonora
liderado por Obregón quien por su ambición de ser presidente de la república
rompe con el Primer Jefe Constitucionalista apoyado por Calles, De la Huerta,
Hill y otros generales que traicionan a Carranza por pensar que ningún militar
debería acceder al poder y comete el error de querer imponer al civil Ignacio
Bonillas. El conflicto escala a nivel nacional y el presidente es asesinado e
inicia la debacle de la vida militar de Diéguez, retirándose a la vida privada
y, solo poco más de tres años después, al rebelarse contra Obregón, sería
perseguido y condenado a morir fusilado por un consejo de guerra sumarísimo.
EL
CONFLICTO SONORENSE
Como se mencionó en la parte
anterior, después de conferenciar con Carranza en la capital del país, para
fines de febrero de 1920, Diéguez deja el mando de Chihuahua en manos del
general Pablo Quiroga de la guarnición de la capital, mientras él se dirige a
Sonora en un vehículo acompañado por unos 125 hombres de caballería a través
del Cañón del Púlpito, llegando a Agua Prieta el día 27 después de cruzar la
Sierra Madre Occidental, a donde llega como comandante de las fuerzas militares
de Sonora., Sinaloa y Nayarit.[1]
Inmediatamente de su arribo
espesaron las especulaciones y rumores sobre la causa de la sorpresiva llegada
de Diéguez, rumores que crecían cuando se preguntaban porque llegaba cruzando
la sierra, ya que era un viaje muy difícil por lo complicado del camino y la época
del año en que se hacía el viaje, dado que el invierno era la peor época para
cruzar la sierra. Sin embargo, Diéguez solo argumentó que venía en persecución
de Hipólito Villa y que el escuadrón de aviones que previamente había enviado
serviría para patrullar la frontera y evitar el contrabando de armas, aunque
esto no tenía lógica debido a que se sabía que el hermano del Centauro del
Norte merodeaba por otros rumbos del estado de Chihuahua.[2]
Se mencionaba que
sustituiría a Adolfo de la Huerta en el gobierno, que se haría cargo de las
operaciones militares en ese estado, que su presencia era meramente política
para inhibir a los seguidores de Obregón, pero él, después, argumentaba que
solo haría un inspección militar en los estados de Sonora y Sinaloa.[3]
Después de realizar los
preparativos para continuar su viaje y de adueñarse del vagón “Agua Prieta” que
era el que utilizaba Plutarco Elías Calles para movilizarse, otro día continúa
su viaje en tren particular rumbo a Nogales no olvidando visitar Cananea, su
antiguo hogar.
En esa ciudad, la Logia Masónica “Cananea No. 4”, de la cual Diéguez todavía
era socio activo, le ofreció un banquete al que asistieron todos los miembros
de la agrupación. Al siguiente día, por parte de la Cámara de Comercio del
mismo mineral, le ofrendó otro banquete al que asistieron todos sus amigos, así
como los comerciantes en general. Diéguez, para agradecer el banquete
organizado por un señor de apellido Ramírez, dio un discurso donde entre otras
cosas, políticamente, dijo:
“El
único objeto de mi venida a Sonora es el de estrechar la mano de mis buenos
compañeros de Cananea, por quienes conservo grato recuerdo; he salido del
pueblo, y a él vuelvo para manifestarle mis agradecimientos”.
En Pueblo Nuevo (Buenavista)
se hicieron otras fiestas en honor del antiguo vecino del mineral, quien aún
conservaba grandes amigos y amigas en esa población donde vivió desde que llegó
para trabajar en la 4C.
En el tren especial, el día
1 de marzo llega a Nogales acompañado de su secretario particular, del Lic.
Tomás López Linares, de una banda militar y su escolta. Ante una pregunta de un
reportero sobre su misión en Sonora, el general Diéguez respondió que:
"Soy
un soldado y mi misión es obedecer órdenes".
Luego, el reportero le hizo
la pregunta directa:
“Se
informa que usted ha venido a Sonora con una alta misión: comandar la primera
zona militar y asumir la gobernación de Sonora”.
Él respondió:
“No
hay nada que pueda decir; estoy sujeto a las órdenes del presidente Carranza”.[7]
Después de unas horas en esa
frontera, partieron hacia Hermosillo. El primer acto oficial del general
Diéguez a su llegada a la capital fue ordenar al general M. Piña, comandante de
la zona militar del norte de Sonora, a quien envió a Cananea con 100 hombres
para reforzar la guarnición de allí. Situación que no fue del agrado del
general Piña y decía que su traslado era temporal y que no renunciaría a su
mando en Nogales.[8]
Mientras se encontraba en
Hermosillo, Diéguez recibe la noticia de que Hipólito Villa, jefe de la campaña
en el norte de Chihuahua, quienes habían acordado unirse a Obregón contra los
constitucionalistas, se estaba movilizando hacia Sonora para atacarlo y se
esperaba que de un momento a otro llegara a territorio sonorense. Al enterarse
de esto, Diéguez manda un destacamento para que vigile el Paso del Púlpito por
donde piensa entrará Hipólito, pero a su vez los villistas reciben información
de ese movimiento. De acuerdo a la información recibida por Diéguez, se
aseguraba que eran 800 dragones lo que movilizaba el hermano del Centauro del
Norte, perfectamente armados y montados, seleccionados de la otrora poderosa
División del Norte.
Para cuando Diéguez llega a la capital del estado, los
círculos políticos de la ciudad ya tenían un poco más claro cuál era el
supuesto objetivo de su visita a Sonora. Ya se hablaba de que el motivo era
impulsar la candidatura a la presidencia de la república de Ignacio Bonillas,
el exembajador en Washington, un civil, ya que Carranza no quería que su
sucesor fuera militar, por eso la recia oposición a que Obregón fuera el
candidato a la presidencia del ejecutivo federal.[10]
De manera inesperada,
después de renunciar a la Secretaría de Industria y Comercio del gabinete de
Carranza y a su grado de general, vía Estados Unidos, Plutarco Elías Calles
llega a Nogales el 4 de marzo para integrarse a la campaña de Obregón.
Argumentaba que se haría cargo de una de las ciudades fronterizas para evitar
el contrabando de armas. De esa ciudad se traslada a Hermosillo en compañía del
general Piña y otros oficiales, donde pensaba pasar unos 15 días después de
entrevistarse con el gobernador Adolfo de la Huerta, de acuerdo a las
declaraciones de unas amistades.[11]
Todos estos eventos estaban
calentando mucho el ambiente político y social en el estado de Sonora y estaba
tomando un curso que a nadie convenía. Incluso se hablaba de mover los poderes
del estado a Etchojoa como prevención a que Diéguez quisiera tomar la capital,
pues ya había puesto al general Juan José Ríos como Jefe de las Operaciones militares
del Estado. Se hablaba de la movilización de tropas constitucionalistas a
Sinaloa para inmovilizar a las tropas de Sonora hacia el sur.[12]
Sin embargo, no sucedería la movilización de los poderes, pero eran síntomas de
que algo importante ocurriría muy pronto entre la clase política sonorense.
Así pues, no sucedería nada
anormal desde que Diéguez llegara a Sonora y después de unos días entre Agua
Prieta, Cananea, Nogales y Hermosillo, el día 6 de marzo viaja a Guaymas, desde
donde posteriormente seguiría su viaje a Sinaloa. Aunque inicialmente se había
dicho que no se había reunido con el líder yaqui Ignacio Moris para negociar la
paz, después trascendería que si se reunieron y que Moris había prometido dejar
las armas tan pronto como Carranza sancionara el acuerdo.[13]
Diéguez siguió su viaje a
través de Sinaloa sin ningún contratiempo y para el día 13 se le esperaba en
Nayarit.[14]
En este estado pasaría unos días inspeccionando a las fuerzas militares
encargadas de combatir a los grupos rebeldes anti-constitucionalistas, aunque
se mencionaba que todo su viaje fue para hacer política en favor del candidato
de Carranza. Para el día 20 ya se encontraba en Guadalajara donde acompañaría
al gobernador del estado a la inauguración del ferrocarril a Chapala y para el
día 25 arribaría a la capital del país para conferenciar con Carranza.[15]
Mientras, en Sonora se
estuvieron dando cambios en las fuerzas militares federales, creando
guarniciones y armándolos, lo que significaba, según los políticos sonorenses,
era el deseo del dominio militar absoluto de parte del gobierno federal.
También se cambiaron los jefes militares que se pensaba eran fieles a Obregón y
de la Huerta, por dirigentes autorizados por Diéguez.[16]
Un día después que Diéguez
se entrevistara con Carranza para darle cuenta de su viaje por Sonora, Sinaloa,
Nayarit y Jalisco, iniciaba su campaña política Ignacio Bonillas como candidato
a la presidencia de la república, comenzaba en el Estado de México, mientras
Cándido Aguilar, yerno de Carranza, se movilizaba a Puebla para preparar el
ambiente para la siguiente etapa de la campaña de Bonillas.[17]
Para finales de marzo de
1920, ya la prensa internacional hablaba de que Sonora, de nuevo, estaba al
borde de la revolución. Según un telegrama enviado desde Agua Prieta por el
general Elías Calles, quien era uno de los principales impulsores de la campaña
de Obregón. Calles decía que Cesario Soriano, ex presidente del Congreso del
estado de Sonora y vicegobernador de Sonora, había sido convocado a la Ciudad
de México por el presidente Carranza para ser nombrado gobernador civil de
Sonora en sustitución del gobernador De la Huerta. Calles denunció que el
gobierno de Sonora los entregaría a Diéguez, quien había sido asignado por
Carranza para comandar la zona militar de Sonora, Sinaloa y Nayarit. Además,
decía, que el general Diéguez planeaba ingresar a Sonora con 8000 efectivos
federales para superar cualquier movimiento de insurrección, mientras el
gobierno sonorense tenía preparados unos 4000 soldados para actuar contra
cualquier invasión del estado por parte de las fuerzas de Carranza.[18]
Conforme pasaban los días
las acusaciones entre los sonorenses y carrancistas subían de tono, se hablaba
de decomisos de armas en Guaymas dirigidas a la gente de Diéguez, la invasión
de Sonora y movimiento de tropas al sur del estado. Se encerraba en la cárcel a
diputados obregonistas y otros partidarios; incluso se intentó secuestrar al
candidato presidencial carrancista Ignacio Bonillas y fueron aprehendidos el
general Pánfilo Natera y otros militares al no poder explicar su presencia en
el sitio del frustrado rapto, un lugar en las orillas de la Ciudad de México
donde resultó muerto un policía que impidió se llevara a cabo el secuestro del
candidato.[19]
Como director de la campaña
de Obregón, Elías Calles no dejaba de insistir en que Carranza quería quitar al
gobernador Adolfo de la Huerta e imponer a Cesar G. Soriano respaldado por 8
mil hombres comandados por Diéguez pisoteando la soberanía de Sonora,
argumentos que repetía en todos los foros donde se paraba, pero en Cananea no
cayeron en el garlito y al igual que la política de Carranza, fue rechazada,
argumentando los obreros que el Gral. Calles no tenía ningún derecho a hablar
de la Soberanía de Sonora, porque él había sido el primero en violarla contra
el Gobierno constitucional de José Ma. Maytorena. Lo que pretendía Carranza por
conducto del Gral. Diéguez, lo realizó en aquella época por conducto de Calles.
Además, decían los obreros de Cananea que:
“……..no
emprenderían otra lucha que no sea la lucha del trabajo, que es la que
dignifica y produce el sustento de nuestras familias, mientras que la lucha
armada, solo sirve para enriquecer a los ambiciosos, que una vez llegados al
poder, no se acuerdan de que hay pobres en la tierra.”[20]
Al respecto de todos los
rumores que se habían desatado desde su sorpresiva llegada a Sonora, aunque para principios de
abril de 1920, oficialmente no se había confirmado, se daba por hecho que
Diéguez había sido nombrado Jefe de las Operaciones en los Estados del Norte y
Occidente de la República; y había comenzado a expedir desde Guadalajara,
circulares por la vía telegráfica, no solamente a los jefes militares, sino
también se dirigió, salvando los conductos correspondientes, a todos los
presidentes municipales del estado de Sonora, llamándoles la atención sobre la
campaña periodística que dentro de sus jurisdicciones, se estaba desarrollando
en contra del Gobierno del Centro. También al Gral. Plutarco Elías Calles le
dirigió el telegrama siguiente:
“Hoy
digo al Gral. Y Jefe de Operaciones en el Estado, lo que sigue: Algunos malos
.elementos que últimamente se han revelado enemigos del Gobierno General, están
desarrollando una hostil labor periodística a aquel y a nuestro Ejército; y
para él éxito de esa antipatriótica labor, han acudido hasta la falsedad y la
calumnia, atribuyéndose el que iré al Estado de Sonora a deponer por medio de
las armas a las autoridades legalmente constituidas y a ejercer presión sobre
los habitantes de aquella entidad para coartar sus derechos en las próximas
elecciones presidenciales. Estas imputaciones que están completamente en pugna
con mi honradez y mi carácter militar, así como con mis antecedentes
revolucionarios, me obligan a dirigirme a Ud. para manifestarle que si la Superioridad
me ordena que marche de nuevo a ese Estado, me dedicaré única y exclusivamente
a atender la campaña militar y todo aquello que sea compatible con mi cargo;
asegurando desde luego que me abstendré en lo absoluto de toda participación en
los asuntos políticos y que esa línea de conducta será la que sigan mis
subordinados, etc.”[21]
Sin embargo, Elías Calles
estaba en plena campaña y tenía que sostener todo lo que había estado diciendo
desde hacía por lo menos un mes, respondiéndole a Diéguez de la manera
siguiente:
“Desde
el momento en que el Gobierno del Centro se ha convertido en un partido
político, el cual dirige el mismo Presidente de la República, cosa que es
conocida completamente en todo el país, todos los actos de ese Gobierno son
mirados con absoluta desconfianza; y algunos de ellos han comprobado plenamente
que el Gobierno está dispuesto a violar el voto público y atentar contra la
Soberanía de los Estados, como se hizo en San Luis Potosí, Guanajuato,
Guerrero, y en las elecciones del Ayuntamiento de México, de cuyo atentado fui
testigo presencial. La mismo sucedió en Yucatán, Tabasco y Nayarit, y en vista
de esto, el Estado de Sonora que ha sacrificado miles de sus hijos en defensa
de las instituciones de los principios, está viendo una amenaza inminente en el
envío de tropas, acordado por el Presidente de la República, y a cuyo frente
viene usted; tropas que son innecesarias, y que al decir de algunos amigos de
usted, no traen otro objeto que el de someter militarmente al Gobierno de este
Estado. Entre esos amigos, figura Cesáreo G. Soriano, con quien usted
conferenció en Agua Prieta largamente, y quien fue llamado a México por Cándido
Aguilar, girando órdenes directamente a la Aduana de Agua Prieta para entrega
de fondos, a lo que no está facultado por la ley. Como personalmente manifesté
a Ud. para que lo hiciera del conocimiento del Presidente, vuelvo a repetirle:
“Que Sonora jamás olvidará el camino del deber y del honor, y esperamos que el
Gobierno del Centro no se salga de este mismo camino, etc.” [22]
A propósito del envío de
tropas a Sonora y en respuesta a Diéguez, días después, el congreso de ese
estado envía una carta dirigida al Carranza y Diéguez en los términos
siguientes:
“No. 1°. Hermosillo Son. 6 de abril de
1920.
General de Divn. M. M. Diéguez
Guadalajara, Jal.
Hoy
digo al C. Presidente de la República lo siguiente:”
“Por
telegrama circular que el C. General Diéguez dirige de Guadalajara con fecha 3
de abril del actual a todos los presidentes municipales del estado ha quedado
confirmado oficialmente que el ejecutivo de su cargo ordenó la movilización de
algunas tropas hacia esta entidad federativa, asignando al expresado como Jefe
de las Operaciones Militares. Usted afirma que la movilización obedece a
necesidades de la campaña o circunstancias especiales que a juicio de ese
gobierno así lo ameritan. Es público y notorio que en Sonora no existe campaña
militar alguna, pues más que nunca el Estado goza de completa paz y
tranquilidad. En cuanto a las circunstancias especiales que no indica en la
nota telegráfica que con fecha 4 del actual dirigió a Ud. el Gobernador del
Estado, se desprende de una manera incontrovertible que dichas circunstancias
no pueden ser otras que el propósito deliberado imperante en las esferas
oficiales de la federación de realizar impunemente una burla sangrienta al voto
popular con motivo de las próximas elecciones para Presidente de la República;
en tal virtud y dadas las circunstancias especiales del caso, el Congreso del
Estado en sesión de hoy ha tenido a bien acordar por unanimidad de votos se
manifieste a Ud. de una manera atenta, pero categórica que el pueblo de Sonora
encuentra en la referida movilización un ataque directo a la soberanía y que si
el ejecutivo de su cargo insiste en dicha movilización, será Ud. el único
responsable de todas las consecuencias que los sonorenses nos concretamos a
cumplir nuestro deber. Con dignidad protestamos a Ud. la seguridad de nustra
distinguida consideración.”
“Constitución y Reforma
Hermosillo, Son. abril 6
de 1920.
Presidente Gilberto
Valenzuela
Vice-Presidente Luis F.
Chávez
Secretario
J. C. Bustamante”[23]
En respuesta a la misiva
enviada por el Congreso de Sonora, otro día, Diéguez responde con la nota
siguiente:
“Guadalajara,
Jal. abril 7 de 1920.
H.
Congreso del Estado de Sonora.
Hermosillo, Son.”
“Hoy
recibí el telegrama que con fecha de ayer tuvo a bien dirigirme esa H.
Asamblea, transcribiéndole el que envió
al Señor Presidente de la República con motivo del que a mi vez dirigí con
fecha 3 del presente a los CC. Presidentes Municipales de ese Estado y a los
generales y jefes dependientes de la Jefatura de Operaciones del mismo.”
“Ha
sido grande mi sorpresa, dados los antecedentes que tengo, por mi conocimiento
personal de los miembros que integran el H. Congreso de ese Estado, respecto a
la serenidad y cordura, que siempre han presidido sus actos, el que en esta
ocasión apasionados, sin duda, por las falsas versiones que se han hecho
circular injustificadamente sobre la actuación que desarrollaré en Sonora, sí
soy enviado por el Sr. Presidente de la República para hacerme cargo de las
Operaciones Militares, se hayan dirigido a dicho Primer Magistrado en forma un
tanto ligera y arrebatadora, pretendiendo hacerlo responsable de una violación
a la soberanía del estado que en manera alguna existe, y que nadie que juzgue
los hechos con calma e imparcialidad que debe normar los actos de genuinos
representantes del pueblo, como son todos los respetables diputados al Congreso
de Sonora, puede ver en la ejecución de un acto que, como el de movilización de
fuerzas a cualquiera de las entidades de la Federación, está dentro de las
facultades innegables del Ejecutivo Federal. Tal movilización, nunca puede
traer consecuencias de perturbador el orden y la tranquilidad de un estado, si
los habitantes de él, respetuosos de la ley y de las instituciones, como son
los de Sonora estiman tala acto como el ejercicio natural de un derecho, sin
traducirlo deliberadamente en supuestas malas intenciones que solo existen en
la imaginación de personas exaltadas que ven en todo aquello que no esté, en lo
absoluto, de acuerdo con sus deseos, un ataque que en su ofuscamiento creen
real y por ello consideran deben rechazar con violencia de sus concepciones
imaginarias. Creo que las manifestaciones del Sr. Presidente, concordantes con
sus antecedentes de patriotismo, honorabilidad y rectitud, y las hechas por mi
en los mensajes relativos, deben ser una garantía para todos los habitantes de
Sonora, de que la movilización de fuerzas no tiene por objeto coartar en
ninguna forma los derechos cívicos del pueblo de ese Estado; y que la presencia
de un mayor contingente de ellas en aquel lugar, al no tomar participación en
los asuntos políticos, como no la tomará, debe estimarse como el mejor sostén
de las libertades del pueblo, quien completamente tranquilo podrá sufragar en
las próximas elecciones, según su sentir y simpatías. Aún tengo la esperanza de
que, tomando Uds. En consideración la circunstancia que lo expuesto es la
manifestación franca y sincera de las intenciones del Ejecutivo de la Unión,
reconsideren su acuerdo, dirigiéndose a él en la forma que conviene a la
respetabilidad que debemos demostrar todos los mexicanos para ese Primer
Magistrado a fin de hacerle saber que, en esta ocasión como en todas, los
sonorenses leales, consientes y viriles mexicanos, no se dejan arrastrar por
pasiones personales y estarán al lado de la justicia y la razón, para
consolidad la paz nacional.”
“Muy atentamente
General de División
M. M. DIÉGUEZ.”[24]
Para el día 10 de abril se
hablaba ya de una declaración de guerra, pues hubo un incidente entre tropas
federales y estatales en Guaymas, donde 200 marinos fueron obligados a quedarse
en la embarcación, además Elías Calles, de nuevo el día 8, envía un telegrama a
Diéguez que decía lo siguiente:
“Puedo
asegurar a Ud. que el pueblo de Sonora ha perdido por completo la confianza en
el Gobierno del Centro, tanto por los hechos que relaté a Ud. en mi mensaje
anterior, cuanto por los nuevos que está cometiendo; pues querer complicar al
Gral. Obregón en la asquerosa trama de Cejudo, es algo inicuo, pero que no dará
el resultado que buscan, pues todo el pueblo del país está al tanto de los
procedimientos empleados por el Gobierno.”
“Sinceramente
manifiesto a Ud. que si marchan tropas a este Estado se incendiará una guerra
civil, que tal vez sea la más sangrienta de todas y de la que Ud. será uno de
los principales responsables por no atender las justas razones expuestas por el
Gobierno del Estado y por el Congreso del mismo.”
“Afectuosamente.
General
Plutarco Elías Calles.”[25]
Por el empecinamiento de
Carranza de intervenir en las elecciones presidenciales y tratar de imponer a
su candidato, el grupo de Sonora con Adolfo de la Huerta y P. Elías Calles al
frente de la candidatura de Obregón, hacían publicaciones, declaraciones y
tomaron medidas que desafiaron las acciones del gobierno federal. También, el
10 de abril, el Congreso del Estado aprobó la resolución relativa a cortar las
relaciones con el gobierno de Carranza y concedió facultades extraordinarias al
gobernador en los ramos de hacienda y guerra para defender la soberanía de
Sonora.[26]
Otro día por la mañana, lo primero que hicieron las autoridades estatales fue
golpear al gobierno federal al tomar la aduana fronteriza de Agua Prieta y las
oficinas de correos y telégrafos; así mismo, se dispuso que todos los hombres
disponibles en esa ciudad con edades entre 18 y 60 años se integraran a la
milicia estatal.[27]
La noticia de la ruptura
definitiva entre el estado de Sonora y el gobierno de Carranza fue transmitida
primero en Nogales, Arizona en un telegrama del gobernador de la Huerta
dirigido al general Salvador Alvarado, y después se hizo pública por primera
vez en Nogales, Sonora, de donde se extiende como reguero de pólvora. Sin embargo,
el orden se mantuvo en la capital del estado y la misma condición existía en
todo el estado. Hasta la tarde del día 10 los funcionarios estatales no habían
hecho ningún movimiento para hacerse cargo de las oficinas de los diversos
departamentos federales, como la aduana, las líneas de telégrafo y las oficinas
de impuestos, como sucedió en Agua Prieta; pero este movimiento sucedería dos
días después.[28]
Ante estos hechos, Diéguez
como respuesta al telegrama de Calles de fecha 8 de abril, le envía como respuesta
el 11 de abril un telegrama bastante fuerte que textualmente decía lo
siguiente:
“Creí
conveniente dejar a Ud. tiempo para reflexionar, y por eso hasta hoy hago
referencia a su mensaje de fecha ocho del corriente. Ese mensaje ha venido,
desgraciadamente, a confirmar el hecho de que, apasionado Ud. por sentimientos
netamente personalistas está desarrollando en su Estado natal una labor por
completo antipatriótica. Me dice Ud. que puede asegurar que el PUEBLO DE SONORA
ha perdido en lo absoluto la confianza para el Gobierno del Centro; y estas
explicaciones, no son más que la manifestación del propio sentimiento de Ud. y
de algunos de sus amigos, quienes pretenden arraigue en ese pueblo, que ningún
motivo tiene para ello por más que Ud. quiera fabricar muchos a su antojo, para
desconfiar de quienes constantemente le han dado marcadas pruebas de lealdad
sincera y recto juicio. La manifestación que Ud. hace en su telegrama, no es
que el producto natural de la exasperación que en Ud. causa el hecho de que el
Ejecutivo Federal, al satisfacer necesidades militares por una parte, y
prevenir por otra la posible substracción de una Entidad a la Autoridad
Federal, ha demostrado los proyectos que Ud. y los suyos habían imaginado poder
llevar a la práctica sin obstáculo alguno. El que el envío de fuerzas federales
a ese Estado vea el Pueblo de Sonora un acto atentatorio a su soberanía por
parte del Ejecutivo de la Unión, dado el caso de que tal juicio se hubiere
formado ese Pueblo, cosa que no creo por absurdo, no es más que el resultado de
la propaganda francamente sediciosa que Ud. y sus amigos han estado llevando a
cabo, sin preocuparse en los grandes e irreparables perjuicios que, con su
reprochable conducta, causaron a ese mismo Estado y a la Nación en general. Deseo
esta vez más manifestarle, que en ocasión semejante, se lo manifesté al General
Luis Caballero; que antes de dar su último paso hacia la rebelión, piense en
las condiciones en que se encuentra nuestro país, en los antecedentes de Ud.
como revolucionario, en la confianza que en Ud. depositó primero el actual
Presidente de la República y después el Pueblo de Sonora, al conferirle los
cargos que ha desempeñado; para no continuar la aventura que Ud., y por su
influencia, las autoridades Locales de Sonora han iniciado; pues no tendrán en
ellas más bandera que la de rebeldes por pasión de personalismo, en contra de
la Ley y la Justicia ni más resultado que el desprestigio absoluto cargando con
la tremenda responsabilidad de las consecuencias de una lucha provocada
injustamente por Uds. Y en la que tendrán que perecer ignominiosamente por esa
misma razón. Crea Ud. que yo estoy completamente tranquilo y no rehúyo en
manera alguna la responsabilidad que pueda caberme por llevar a cabo la
movilización de fuerzas ordenada por el Sr. Presidente de la República; y sí
deseo que Ud., así como todas las autoridades locales de Sonora, si aún
persisten en su actitud de insurrección, acepten de la más franca manera, la
responsabilidad que en sus reprobados actos les corresponde.”
“Atentamente
Gral. De División
Entre el rompimiento de
relaciones por las autoridades de lo que empezó a denominarse en diferentes
círculos políticos y sociales y algunos periódicos, la Nueva República de
Sonora y Carranza, y entre el intercambio de telegramas acusándose mutuamente
de lo ocurrido y pudiera suceder por el envío de tropas federales a ese estado,
el día 12 de abril Diéguez sale de Guadalajara en su tren particular con parte
de su estado mayor hacia la capital del país para entrevistarse con Carranza.[30]
Mientras tanto, Calles enviaba tropas al sur del estado y al Paso del Púlpito
para proteger Sonora de una posible entrada de tropas federales por esos
sitios.[31]
En relación a todo lo que
estaba pasando los medios de comunicación solicitaban confirmación y ampliación
de la información, para esto, el general Salvador Alvarado, quien ya había roto
también con Carranza, el día 12 de abril desde Nogales, Az, en una entrevista
hace una larga declaración que fue trasmitida por telégrafos a muchos
periódicos, y que textualmente decía lo siguiente:
“El
Partido Progresista de México, compuesto por los hombres más patriotas y
enérgicos, apoyó a Venustiano Carranza en 1913, porque este hombre, al
ampararse de los crímenes de Huerta, se presentó como un hombre de carácter y
ansioso por seguir y desarrollar la tarea reivindicativa iniciada por Madero.
Luego
de la ruptura Carranza-Villa este Partido apoyó a Carranza porque la deserción
de Villa representó un esfuerzo por parte de los elementos conservadores y
reaccionarios para evitar el establecimiento de las reformas proclamadas por la
Revolución de 1910 y por las cuales ha estado luchando por establecer el pueblo
de México desde entonces. En 1917 este mismo Partido apoyó a Carranza para su elección
a la Presidencia de la República con el fin de que el Partido continuara unido
y sin división permitiendo así a Carranza establecer un Gobierno Fuerte y
respetable con el poder necesario para lograr las reformas inherentes al
progreso del País; pero Carranza en lugar de utilizar este poder para llevar a
cabo tales reformas y resolver todos los problemas que obstaculizaban el libre
desarrollo de las fuerzas económicas y sociales de México, ha empleado todos
los recursos de la nación para preparar sus planes para continuar en el poder.
Para
tales fines ha empleado al Ejército, los Fondos Nacionales, los Ferrocarriles,
los Telégrafos, los Correos y toda la maquinaria de la Administración para
imponer por la fuerza a los Gobernadores del Estado y destruir a los elementos
progresistas y honestos con el fin de continuar en el poder frente a los
mandatos de nuestra Constitución Nacional que prohíbe la reelección. Ha
impuesto por medio de la corrupción y la fuerza los Gobiernos de los Estados de
San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro, Campeche, Nuevo León, Tamaulipas,
Coahuila, Jalisco, Veracruz y otros Estados, y en aquellos estados en los que
no pudo llevar a cabo sus planes de colocar favoritos, como sucedió en Yucatán,
Tabasco, Michoacán, Hidalgo y Sonora, no ha dejado de promover dificultades
económicas y militares para destruir por la fuerza a sus respectivos gobiernos
independientes a los que considera un obstáculo para la realización de los
planes criminales que ha estado intentando llevar a cabo. Ante el hecho de que
el Estado de Sonora es una de las entidades más poderosas dentro de las cuales
se siguen fuertemente las ideas evolutivas y progresistas, Carranza terminó por
violar la soberanía de este Estado al ordenar al General Diéguez al frente de
un nutrido contingente de fuerzas armadas expulsar del poder al Gobierno
legítimamente constituido elegido por el libre voto del pueblo. Ante tal
amenaza, el Gobierno de Sonora hizo todos los esfuerzos posibles y pacíficos
para evitar la invasión del Estado por parte de las tropas de Carranza
comandadas por Diéguez. Las negociaciones para este fin continuaron durante más
de un mes y en vista del hecho de que Carranza no cesa sus preparativos para
tal invasión, concentrando gran número de tropas alrededor de las fronteras del
estado, el Gobierno del Estado con base en los mandatos de nuestra Constitución
Nacional y respaldado por la aprobación animosa de los habitantes del Estado,
decidió romper relaciones con el Gobierno Central hasta que éste desistiera de
sus intenciones de violar el soberanía del Estado de Sonora.
Esta
medida es única y en ningún caso y bajo ninguna circunstancia pretende ni
pretendía separar al Estado de la República Mexicana ni se pedirá ni aceptará
la intervención de un gobierno extranjero para la solución de estos problemas
internos.
El
Partido Progresista se propone realizar en México las reformas
político-administrativas necesarias para solucionar los problemas económicos y
sociales que exigen solución inmediata. Estas reformas consisten en la
organización de una administración sobre bases científicas y de eficiencia y
economía para poder Desarrollar la Agricultura, el Comercio y la Industria con
el fin de explotar los enormes recursos naturales del País y con el fin de
crear el bienestar económico y realizar una intensa acción educativa para el
mejoramiento de la condición de las personas. Este Partido está integrado, en
gran parte, de hombres jóvenes, enérgicos y educados que desean gobernar sobre
la base de la moralidad absoluta y en perfecta armonía con los intereses
económicos de otros países, especialmente con los Estados Unidos de América por
razones vecinas.
No
se trata de una revuelta militar para tomar el poder. Lo único que debe tener
este Partido es la absoluta libertad en las elecciones con el fin de colocar a
la cabeza del Gobierno del País al más culto y capaz. Este Partido nomina a
Obregón como Presidente de la República porque cree que este hombre representa
las ideas constructivas del Partido; pero Carranza, haciendo un uso indebido
del poder, pretende evitar las elecciones en el país y está provocando
revueltas para tener el pretexto de anular las elecciones o impedirles para
continuar en el poder.
La
Candidatura del Sr. Bonillas no es más que una maniobra de Carranza para distraer
la atención del país y por tales medios realizar sus planes ya que el Sr.
Bonillas no ha sido nominado por nadie en México con la excepción de cierto
grupo de empleados al servicio de Carranza.[32]
Ante este claro rompimiento,
otro día, Diéguez telegrafió al gobernador Adolfo de la Huerta y al general
Plutarco Elías Calles a Hermosillo notificándoles que, a menos que
retrocedieran en su posición rebelde, en relación con la reciente secesión de
Sonora del gobierno Central Mexicano, invadiría Sonora de inmediato con fuerzas
suficiente para sofocar la rebelión.[33]
Ese mismo día 13 de abril,
por la noche llegan ochocientos hombres de las tropas carrancistas a Cd.
Juárez, para después trasladarse a Casas Grandes y de allí se moverían a Sonora
a través del Paso del Púlpito.[34]
Declaraciones realizadas por Diéguez en la capital del país confirmarían este
envío de tropas y todo parecía indicar que Carranza había dejado en sus manos
la conducción total de la campaña en Sonora, mientras algunos observadores
comentaban que el gobierno carrancista dependía de lo que sucediera en Sonora.[35]
Al más puro estilo de Porfirio Díaz, el general Diéguez fue citado diciendo que
los rebeldes de Sonora serían "tratados
con mano de hierro", al mismo tiempo que expresaba su confianza en que
el estado sonorense podría pacificarse en unas semanas.[36]
El día 14 seguían
intercambiando telegramas entre Elías Calles y Diéguez. Ese día Calles enviaba
a Diéguez el comunicado siguiente:
“Nogales,
Arizona, 14 de abril de 1920.
Sr,
Gral. Manuel M. Diéguez.
“Su
mensaje del 14.- Quedo enterado que servirá de instrumento a la dictadura por
venir a atropellar (la) soberanía del Estado de Sonora. Me permito sugerir a
usted la idea que incorpore a sus fuerzas que vienen, al general Francisco
Murguía y coronel Carlos Orozco, quienes podrán encauzar aquí las tendencias
civilistas del Gobierno Federal.
El Jefe del Cuerpo del Ejército del
Noroeste
Plutarco
Elías Calles.”
Diéguez, quien solo
permaneció un par de días en la Ciudad de México, después de conferenciar con
Carranza sobre el conflicto de Sonora, ese día parte rumbo al norte con la
orden de iniciar inmediatamente una enérgica campaña contra los revolucionarios
sonorenses. En su primer "Boletín de
Guerra" oficial, el general Juan Barragán, jefe de gabinete del
presidente, dice que se recibió un mensaje del capitán Hiram Hernández,
comandante del cañonero “Guerrero”,
indicando que salió de Guaymas rumbo a Santa Rosalía, donde recibió órdenes de
zarpar rumbo a Mazatlán, para permanecer a disposición del general Diéguez.[37]
Luego del ultimátum los
dimes y diretes entre ambos bandos seguían discutiéndose en los medios
informativos, incluso las crónicas decían que Salvador Alvarado tenía 20
millones de pesos para defender Sonora, mientras tanto, el pueblo empezaba a
resentir los estragos, pues los alimentos empezaron a escasear y aumentaron
significativamente de precio.[38]
No obstante de que se hacían
declaraciones acerca de que Sonora no se constituía en República, sino
simplemente no aceptaba un capricho del “Dictador”
Carranza, como llamaban los huertistas a su antiguo jefe, se publicó que el
Gobierno de Sonora quedaría encargado, en tanto durara la situación anormal, a:
Plutarco Calles, Jefe Supremo; Adolfo de la Huerta, Encargado del Despacho de
Gobernación; Arnulfo Gómez, del Departamento de Guerra; Emilio Tamez, del
Departamento de Relaciones; Gabriel Corella, del Departamento de Hacienda y
Crédito Público; Miguel Piña, del Departamento de Justicia; Carlos Plank, del
Departamento de Comunicaciones y Flavio A. Bórquez, del Departamento de
Fomento.[39]
Lo extraño de este gabinete es que a Salvador Alvarado no se le haya dado una
cartera, ya que, según las crónicas, se supone que este general estaba
financiando gran parte de la rebelión.
Mientras el ambiente
político nacional estaba encendido por declaraciones de otros estados que
decían apoyar a los sonorenses, mientras otros declaraban lo contrario. Por
otra parte, el gobierno de Sonora empezaba a dudar, según las crónicas, debido
a que no tenía el apoyo planeado; mientras otros resaltaban la seguridad en su
triunfo.
El día 15 de abril, Elías
Calles, sin esperar más, toma San Blas, Sinaloa, ubicado unos 40 kilómetros al
sur del límite de Sonora, justificándose que fue tomado como cuestión de
legítima defensa. En lugar de esperar a que las tropas del general Diéguez
cruzaran todo Sinaloa para atacar Sonora, se propusieron encontrarlos a medio
camino. Para esto, dijeron, que le pidieron al gobernador Iturbe de Sinaloa que
protegiera su flanco y que él se negó a atender la solicitud, entonces, los
sonorenses tomaron esta medida para protegerse.[40]
La comisión especial del
Congreso Nacional de la Ciudad de México, autorizó al presidente Carranza a
responder al mensaje de la legislatura sonora del 6 de abril. El mensaje denuncia
la solicitud del gobierno de Sonora como antipatriótica, y mantiene el derecho
del gobierno central de enviar las tropas del general Diéguez, que afirma son
necesarias para la pacificación de los indios yaquis.
Las autoridades de Sonora
afirman que ocupar San Blas, fue tomado como una cuestión de legítima defensa.
En lugar de esperar a que las tropas del general Diéguez atraviesen todo
Sinaloa para atacar Sonora, los sonorenses proponen encontrarlos a mitad de
camino.
Las autoridades de Sonora
han dejado claro que le pidieron al gobernador Iturbe de Sinaloa que protegiera
su flanco, y que él se negó a atender la solicitud. Entonces, los sonorenses
han tomado medidas para protegerse, incluso hasta el final de la invasión de un
estado hermano.
Mientras el general Diéguez,
seguía haciendo preparativos para mover el resto de las tropas que se
trasladarían a Sonora, el general Ángel Flores, con 5,000 soldados sonorenses
tomó Culiacán el sábado 16 de abril, según un anuncio oficial del cuartel
general militar de Sonora en Hermosillo. Después, inmediatamente marcharon
sobre Mazatlán y, luego de ocupar este puerto, se anunció que marcharían sobre
Tepic. Se esperaba obtener en Nayarit un gran número de tropas para el
movimiento revolucionario contra el gobierno de Carranza, ya que cientos de
exsoldados de Carranza se habían unido al general Flores desde que invadió San
Blas días antes.[41]
Por esos días Obregón, quien
estaba huyendo de Carranza y estaba escondido en la Ciudad de México, se reunió
con el general Pablo González en un restaurante en Chapultepec, aparentemente
en un encuentro casual, donde charlaron brevemente sobre la situación política
del país, pero particularmente de la imposición de Bonillas como candidato a la
presidencia respaldado por Carranza. La reunión entre los generales causó un
gran revuelo entre los militares más cercanos a Carranza, entre ellos Francisco
Murguía, Manuel M. Diéguez, Juan Barragán y Cándido Aguilar. Esto se debía en
gran medida a que facilitó la adhesión de los gonzalistas a la causa
obregonista.[42]
Después de esta reunión el general Pablo González inicia un movimiento contra
Carranza.
Dos días después de la
reunión con González, y antes de que se le enjuiciara por el “caso Cejudo”,
motivo por el cual se encontraba escondido, el general Obregón escapó gracias
al apoyo de Juan Zubarán Capmany, Miguel Alessio Robles y Benjamín Hill. Se
dirigió en ferrocarril a Iguala, Guerrero ayudado por el maquinista Margarito
Ramírez; allí fue recibido por Maycotte, jefe de Operaciones Militares de la
región, y por el gobernador Francisco Figueroa.[43]
Mientras tanto, para el 19
de abril, el gobierno de Carranza recibía información de los preparativos de
Diéguez para enviar tropas a Guaymas, vía marítima partiendo de Manzanillo en
donde se esperaba al cañonero “Guerrero”.
Pero por otra parte, la situación se le complicaba, pues el general Arnulfo
Gómez se había rebelado contra el Gobierno Federal en la zona de la Huasteca
Veracruzana.[44]
Ese mismo día a las 11 a.m.
se celebró en el Pueblo Nuevo (Buenavista) en Cananea, una gran reunión, a la
que asistieron unos ochocientos obreros. El Presidente en aquella imponente
asamblea popular, exhortó a todos los presentes para que:
“……sin
pérdida de tiempo se apercibieran a defender con las armas la Soberanía del Estado,
amenazada por el despotismo del Centro; que era llegada la hora de acabar con
todas las tiranías, lo mismo con la de Venustiano Carranza, que con todas las
que fueran apareciendo, porque el pueblo que no hacía uso de la fuerza de su
derecho cuando peligraba la Soberanía del Estado, caminaba irremisiblemente
hacia la esclavitud.”[45]
El orador habló por más de
un cuarto de hora, sin escuchar un solo aplauso, ni siquiera la más ligera
manifestación de conformidad de parte de la muchedumbre que lo estuvo escuchando.
Después de un prolongado silencio, se levantó de su asiento un obrero y con
acento reposado se expresó en estos términos:
“El
señor Presidente, cumpliendo con un deber de patriotismo, dice que debemos
entrar en lucha para defender la Soberanía del Estado, y nos invita para que
abandonemos familia y hogar y nos lancemos al campo de batalla para no dejarla
atropellar por los sicarios de la tiranía. Y yo pregunto, señores, desde cuando
ha tenido soberanía el pueblo sonorense? Hace ya diez años que unos cuantos
agitadores nos han llevado de revolución en revolución en nombre de esa
soberanía que solo ha servido para enriquecer a unos cuantos ambiciosos, que
apenas ven en peligro las fortunas que a la sombra de la revolución han
acaparado y vuelven de nuevo a hablarle al pueblo de la Soberanía de Estado
para hacerlo derramar su sangre inútilmente. La mayor parte de los obreros que
estamos aquí congregados tenemos armas en nuestros hogares, es cierto; pero
esas armas no las emplearemos más que en defensa de la soberanía del trabajo,
que es la soberanía que nos garantiza el pan de nuestros hijos. Y cuando sea
llegada la hora, lo mismo las volveremos contra los soldados del Presidente
Carranza, que contra los soldados del Gral. Calles, por que unos y otros han
sido y seguirán siendo el enemigo común de los hombres del trabajo. Una
explosión de entusiasmo, dice nuestro informante, produjeron las palabras de
aquel obrero, a quien poco después paseaban en triunfo por las calles, en gran
manifestación, invitándose al pueblo a que permaneciera neutral frente al
conflicto que ha surgido entre el Gobierno de Sonora y él Presidente Carranza.”[46]
Y la verdad es que esta
opinión de los obreros de Cananea ya se la habían hecho saber a Elías Calles
días antes, y era la que generalmente prevalecía entre todos los trabajadores
del Estado; es decir: entre el verdadero pueblo sonorense, quienes ya estaban
hartos de ser usados como carne de cañón por los generales sonorenses.
Con la finalidad de buscar
todo el apoyo de los sonorenses, el 20 de abril el gobierno estatal estableció
el Departamento de Información y Propaganda cuyo objetivo era:
“……proporcionar
a la prensa y al pueblo por conducto de sus autoridades, toda la información de
interés relacionada con la situación actual y, al mismo tiempo, llevar a cabo
la propaganda en pro de la causa que persigue el Estado, de la manera más
intensa posible.”[47]
El día 21 de abril, Diéguez
respondía al telegrama de Elías Calles de fecha 14 de abril, mediante otra
punzante misiva que abogaba al patriotismo y honor militar, decía lo siguiente:
“C. General. Guadalajara, Jal., 21 de
abril de 1920.
No. 4760.- General Plutarco Elías
Calles.
Nogales, Ariz.
Vía
México. D.F.
Su
mensaje del 14.- Es de admirar que a pesar de haberse rebelado contra el
Supremo Gobierno las autoridades locales de ese Estado y fuerzas que se
encontraban en el mismo, sin haber sido hostilizados en lo más mínimo por
fuerzas del Ejército Nacional, me diga usted que serviré de instrumento a la
dictadura para ir a atropellar la soberanía del Estado de Sonora. Insistir en
ese asunto resultaría pueril, ante la elocuencia de los hechos, que la nación y
el mundo entero están presenciando; pero como mexicano y como revolucionario,
estimo un deber mío repetirle que no soy ni seré instrumento jamás de Gobierno
o partido alguno; y en el presente caso, soy un miembro del Ejército Nacional,
un servidor del Gobierno constituido, al que usted, al igual que los demás
jefes que se encuentran en ese Estado levantados en armas, protestaron su lealtad
no hace aún mucho tiempo, y al que es un deber de honor y de militar sostener.
Lamento que la equivocación en que se encuentran usted y los jefes que lo
siguen los haya conducido a provocar un conflicto, porque se imaginaron un
atropello a la soberanía de Sonora, olvidando algo que ahora más que nunca
debemos cuidar, que es la soberanía de la patria.
Gral. en Jefe
M. M. Diéguez.”[48]
Para entonces en los medios
internacionales ya se comentaba que los vacilantes métodos de Diéguez eran en
gran parte responsables del reciente crecimiento del movimiento rebelde en
Sonora, que ahora se había extendido prácticamente a toda la costa occidental
mexicana.[49]
En estos días, Santiago
Amado Aguirre se encontraba en Guadalajara impulsando la campaña en favor de
Álvaro Obregón; ante la inminente rebelión de Agua Prieta, Diéguez trató de
convencerlo para que rompiera con Obregón; tras su negativa tuvo que huir hacia
la región minera de Etzatlán, en donde organizó una pequeña fuerza armada a
favor de la rebelión de los sonorenses. [50]
Para estas fechas ya se
rumoraba que todas las autoridades estatales se reunirían para trazar un plan y
decidir de una vez por todas, el rumbo de los acontecimientos que estaban en
proceso y confrontando a la federación
con el estado.[51]
El 23 de abril, Elías Calles reúne en Agua Prieta a la mayoría de los líderes
civiles y militares para firmar un documento preparado por Gilberto Valenzuela
y Adolfo de la Huerta, cuyos postulados fueron resumidos en un documento
denominado Plan Orgánico del Movimiento Reivindicador de la Democracia y la
Ley. Este pronunciamiento desconocía al gobierno de Carranza y definía el
procedimiento para establecer un gobierno provisional y llevar a cabo nuevas
elecciones.[52]
Todo este movimiento se conocería como Plan de Agua Prieta.
El general Diéguez, a pesar
de todo lo que estaba pasando en Sonora, permanecía en Guadalajara organizando
al ejércitos y planeando su ataque a Sonora y, en ese estado de cosas, el 25 de
abril se reúne con el general Rafael Buelna quien sería uno de los
participantes en la campaña contra los líderes sonorenses y lo haría, según los
planes, por Sinaloa.[53]
Mientras tanto, las tropas de Chihuahua ya habían llegado a Casas Grandes y
solo esperaban órdenes de Diéguez para marchar hacia el noreste de Sonora.[54]
Sin embargo, Carranza seguía
perdiendo apoyo militar y territorio, ya que el general Urbalejo que estaba a
cargo de las tropas federales en Sonora había entregado armas y hombres a los
sonorenses, mientras en Tamaulipas habían sido tomados Mier y Guerrero por los
rebeldes; por otra parte, gente del general Pablo González tomaban dos trenes
federales entre Morelos y Guerrero, así mismo, en Sinaloa los carrancistas eran
empujados hacia el sur.[55]
En Guadalajara, Diéguez
seguía retrasado aunque seguía recibiendo pertrechos y a últimas fechas había recibido ocho aviones
bombarderos que pensaba mover a los frentes de batalla.[56] Por
otra parte, se supo que Cándido Aguilar, que avanzaba hacia Sonora con 7,000
efectivos para respaldar al general Diéguez, había sido bloqueado en Zacatecas
por Enrique Estrada, quien se había unido a los rebeldes en ese estado e hizo
que el avance de Aguilar prácticamente de detuviera.[57]
Pero los problemas para los carrancistas no cesaban, de muchos lugares llegaban
noticias de que grupos constitucionalistas desertaban para unirse al Plan de
Agua Prieta, incluso en Jalisco donde Diéguez tenía mucha influencia y control
político.[58]
Para el día 27 de abril, se
decía que Diéguez tenía concentrados unos 8,000 hombres en Guadalajara y había
desembarcado 2,500 en Mazatlán.[59]
Sin embargo, esto solo nos indicaba que estaba imposibilitado para mover a sus
tropas, esto se explica debido a que tenía bloqueados los caminos hacia el
norte, tanto por la costa del Pacífico donde Nayarit también se había rebelado
contra Carranza, como por el centro del país donde ya había sido bloqueado
Cándido Aguilar.
Para antes de que terminara
ese mes de abril, Carranza tenía problemas en gran parte del país, se habían
rebelado estados tan cercanos como Morelos, Puebla, Michoacán, Guerrero,
Oaxaca, Veracruz, por supuesto, además de Sonora, Chihuahua, San Luis Potosí,
Guanajuato, Tamaulipas, Nuevo Leon, Nayarit, Sinaloa y otros, se habían
manifestado en su contra y a favor de Obregón. Por otro lado, Salvador Alvarado,
representante de los sonorenses en Washington, seguía haciendo política para
que Estados Unidos reconociera la soberanía de Sonora.[60]
Para principios de mayo se
supo que el general Diéguez, desde hacía días, se encontraba en Guadalajara
sufriendo un severo ataque de gota que lo tenía confinado a la cama.[61]
Quizás esta era una de las causas por las que no avanzaba rumbo a Sonora,
además que no encontraba los transportes adecuados para mover a las tropas y
las rutas por tierra estaban tomadas por los obregonistas. Además, para el día
3 de mayo, la prensa manejaba la versión de que días antes, Diéguez había
hablado con Carranza comunicándole que no había municiones suficientes por lo
que era inviable enviar a las tropas a combatir de esa manera, en respuesta, Carranza
había enviado a su yerno, el general Cándido Aguilar, a supervisar las tropas
que tenía Diéguez acantonadas en Jalisco, viaje que se realizó en un absoluto
secreto. Como Carranza dudaba de que la situación fuera crítica, Aguilar
llevaba la encomienda de iniciar la movilización de las tropas, pero al
encontrar que la situación era como lo había informado Diéguez, optó por
retrasar el movimiento y regresó a informar a Carranza, para entonces la
situación era más grave, pues se habían producido divisiones en las filas
carrancistas. [62]
Para el día 4 se rumoraba en
la prensa internacional que Diéguez había empezado a movilizar sus tropas rumbo
a Irapuato para llegar al norte por Torreón, sin embargo esto no era cierto, ya
que buena parte de Guanajuato y San Luis Potosí estaba dominado por los
rebeldes y era arriesgado pasar; así lo demuestra el hecho de que el día 5 de
mayo un tren proveniente de la Ciudad de México transportando una fuerte suma
de dinero para el pago de los haberes de los 8,000 soldados concentrados en
Guadalajara y el sostenimiento de la campaña, fue asaltado en la estación de
Pénjamo por los rebeldes obregonistas, llevándose además, las mercancías y
otros valores que transportaba el convoy.[63]
El día 5 empezó a circular
en la prensa que Diéguez había caído en manos de los obregonistas, sin embargo,
esto era una noticia falsa. Pero algo raro pasaba con Diéguez, por esos días la
prensa internacional, de manera muy escueta, publicaba que había tenido
acercamientos con los sonorenses y después de la misma manera comentaba que se
había rebelado contra Carranza. Al respecto, un día después de que Carranza
abandonara la capital, el día 8 de mayo en algunos periódicos se publicaba el
texto siguiente:
“Las
importantes ciudades de Saltillo, Zacatecas, Aguas Calientes, Torreón y Oaxaca
han caído en manos rebeldes con los generales Manuel Diéguez, Cesáreo Castro y
J. Agustín Castro sumados a la revolución, según el informe. Este trío de
generales se contaba como los militares más leales y eficientes de Carranza, y
cada uno tenía un gran número de seguidores personales. La deserción de Diéguez
es quizás el golpe personal más serio a Carranza desde el comienzo de la
rebelión de Sonora, ……….”[64]
Ese mismo día, en The
Washington Times se publicaba lo siguiente:
“El
general Murguía a quien Carranza puso recientemente al mando de todas las
tropas federales en el distrito de la Ciudad de México, ha emitido un
manifiesto censurando al general Diéguez, comandante federal en el distrito de
Guadalajara, por dejarse "embotellar" en Guadalajara con su fuerza de
8.000 hombres , según informes recibidos hoy en la agencia revolucionaria de
Sonora aquí. A principios de abril, Carranza colocó a Diéguez a la cabeza de lo
que se consideraba como el mejor ejército federal y le ordenó avanzar a Sinaloa
desde el sur y limpiar la revolución allí antes de que tuviera la oportunidad
de extenderse. Diéguez nunca pasó de Guadalajara, donde ahora se dice que está
rodeado. Los agentes revolucionarios
aquí interpretan este ataque al general Diéguez como una admisión de que el
ejército en Guadalajara está perdido para la causa federal.”[65]
Días más tarde, un mensaje
de Obregón enviado a la prensa, decía que el general Diéguez había ofrecido sus
servicios al gobierno revolucionario, pero fue rechazado.[66]
Esto explicaría su tardanza para movilizar las tropas hacia el norte,
finalmente movimiento que nunca realizó.
Diéguez que había estado con
Carranza antes de que este abandonara la capital, regresa a Guadalajara con
nueve trenes militares y todo el material de guerra que había concentrado en
Irapuato. Este inesperado regreso de Diéguez dio fuerza a los rumores que ya
circulaban de que algo grave estaba pasando en la Ciudad de México y en el
centro del país. Dado que estaban interrumpidas las comunicaciones, hasta el
día 10 de mayo se supo en la Perla de Occidente que Carranza había abandonado
la capital, entonces se consideró perdida la situación. El gobernador, los
diputados y los magistrados celebraron ese día una reunión, a la cual asistió Diéguez,
para resolver que debía hacerse. Se decidió que los poderes del Estado se
trasladaran provisionalmente a Cd. Guzmán y que Guadalajara fuera evacuada por
las fuerzas de Diéguez con el objeto de no exponer a la ciudad de un ataque por
parte de los obregonistas.[67]
Para entonces también se
sabía que la capital del país había sido ocupada por gonzalistas y
obregonistas, por lo que el gobernador Castellanos propuso que antes de salir
de Guadalajara se estableciera comunicación con Obregón por telegrafía inalámbrica
y Diéguez estuvo de acuerdo. La respuesta de Obregón seguramente no dejó muy
satisfechos a los jaliscienses, pues el gobernador Castellanos dispuso que se
hicieran los preparativos necesarios para el traslado de poderes a Cd. Guzmán,
al mismo tiempo que Diéguez para que sus tropas se prepararan para evacuar la
ciudad.[68]
Ese mismo 10 de mayo
trascendió que todo México estaba controlado por los obregonistas, excepto
Yucatán, Campeche, Chiapas y el territorio de la Baja California.[69] El éxito extraordinario del Plan de Agua
Prieta nos indica que no se trataba de un movimiento regional. Los líderes de
Sonora en sintonía con la candidatura a la presidencia de Obregón, lograron un
consenso político de proporciones nacionales, apoyado incluso por el ala constitucionalista
que se había distanciado de Carranza y por los zapatista.
Otro día se supo que Diéguez
había sido aprehendido. De acuerdo a las crónicas el día 11 de mayo a las once
de la mañana se escuchó un nutrido tiroteo en la estación de ferrocarriles de
Guadalajara, donde se encontraba el exgobernador de Jalisco, supuestamente
preparando la evacuación de la ciudad, se encontraba en su carro de ferrocarril
estacionado en los andenes, donde fue aprehendido con parte de su Estado Mayor
que lo acompañaban, quienes fueron hechos prisioneros por fuerzas
pertenecientes al 34° Regimiento bajo las órdenes del coronel Isaías Castro.
En el vagón de despacho de
Diéguez se encontraba el coronel Sebastián Allende Rojas, el capitán primero
Fernando González Madrid y el Lic. Tomás López Linares. A bordo de un tren se
encontraba el 34° Regimiento quienes al mando del coronel Castro avanzaron a
pie hasta el frente del carro de Diéguez y al mando de algunos oficiales
penetró al vagón exhortando al general y sus acompañantes a rendirse, mismos
que opusieron una leve resistencia, pero al verse totalmente rodeados y después
de una descarga de fusilería sobre el vagón, accedieron inmediatamente a
entregar sus armas. Custodiados por una importante escolta bajo las órdenes del
propio coronel Castro y seguidos por unas ametralladoras fueron conducidos al
cuartel de El Carmen o “Guerrero”. La
escolta con los presos cruzó lo más céntrico de la ciudad, siendo testigos del
hecho muchos transeúntes que estaban en la Av. 16 de septiembre, mientras una
muchedumbre seguía a la escolta y fue a estacionarse al frente del cuartel
donde fueron encarcelados los prisioneros. Tan pronto como fueron encerrados
Diéguez y sus acompañantes, se colocaron guardias en los techos del cuartel y
de la iglesia de El Carmen, después se dictaron órdenes para controlar toda la
ciudad enviando piquetes de soldados a cada uno de los cuarteles para
someterlos, cosa que sucedió sin mayores problemas y las armas recogidas fueron
llevadas al cuartel donde estaban encerrados los prisioneros.[70]
El día 13 de mayo trascendió
que Diéguez sería sometido a un Consejo de Guerra que tendría el carácter de
extraordinario, Consejo que habría sido ordenado por los generales Álvaro
Obregón y Pablo González desde la capital del país, ya que lo consideraban como
el principal responsable del estado de cosas que prevalecían en el país.[71]
También, ese mismo día, en
Hermosillo Adolfo de la Huerta como Jefe Supremo Interino del Ejército Liberal
Constitucionalista, lanza la convocatoria para que las cámaras de senadores y
diputados del Congreso de la Unión se reúnan el día 24 de mayo con objeto de
nombrar al Presidente Provisional de los Estados Unidos Mexicanos de
conformidad con el Artículo 11 del Plan de Agua Prieta.[72]
Santiago Amado Aguirre quien
había sido parte del Estado Mayor de Diéguez y ahora estaba de parte de
Obregón, intervino ante este último para que no lo fusilara.[73]
Probablemente por esta intervención, el día 16 de mayo, Diéguez y el
exgobernador Luis Castellanos y Tapia, quien también estaba preso, fueron
llevados a prisión domiciliaria, el primero a su casa particular debido a que
su madre se encontraba muy enferma, mientras que el exgobernador fue recluido
en la planta baja del palacio de gobierno, aunque también se especulaba que
fueron sacados de prisión para que no sufrieran incomodidades en donde estaban
recluidos.[74]
De cualquier forma se les tuvieron muchas deferencias, considerando, que de
acuerdo a los sonorenses, Diéguez había cometido una gran falta en contra de la
soberanía de Sonora.
Mientras tanto, Carranza
quien había salido de la capital del país el día 7 de mayo huyendo de las
tropas al mando del general Pablo González y otras obregonistas, había sido
perseguido por buena parte del estado de Puebla, fue alcanzado en
Tlaxcalantongo y asesinado por las tropas del general Rodolfo Herrero la
madrugada del 21 de mayo de 1920 mientras dormía en un jacal,
terminando de esta manera la etapa carrancista.
Las desgracias para la
familia Diéguez Lara no terminaban aun, ya que además de que estaba pendiente
el Consejo de Guerra en contra del general de división por el delito de
responsabilidad en la situación actual del país y en la ejecución de Felipe
Ángeles, se confirmó que su hermano Crisanto y sus acompañantes, quienes se dirigían
a la capital tapatía, habían sido asesinados por unos bandoleros cuando fueron
asaltados y trataron de poner resistencia en el camino de Ixtlán.[75]
Adolfo de la Huerta a quien
ya se le consideraba el presidente provisional de México, se encontraba todavía
en Sonora reponiéndose de una enfermedad y probablemente tuviera que ser
intervenido quirúrgicamente, por lo que había pospuesto su viaje a la capital
del país.[76]
Una vez que estuvo en condiciones de viajar, de la Huerta se trasladaría a la
capital del país vía Guadalajara y, a su paso por la capital tapatía, el
general Diéguez solicitó una audiencia con el sonorense, quien después de unos
minutos de entrevista, ordenó la libertad sin condiciones del divisionario,
liberación que se llevó a cabo el día 3 de junio.[77] Es
probable que la acción de liberar a Diéguez hubiese estado desde antes
consensuada con Obregón, pues se supone que Amado Aguirre había intervenido en
favor del divisionario ante este último.
Después de ser liberado,
Diéguez se retiró a la vida privada y poco más de dos meses después, el 14 de
agosto, fue dado de baja del ejército, junto con otros generales carrancista:
Francisco Murguía, Francisco Urquizo, Juan Barragán, Joaquín Mariel, Federico
Montes y Cándido Aguilar.[78]
Durante los siguientes meses
de 1920, Diéguez estuvo enfrentando acusaciones de proteger a un subalterno que
había matado a un joven periodista, cuestiones que no le correspondían del
gobierno estatal y hasta la desaparición de obras de arte de la Catedral de
Guadalajara, por supuesto, estas eran más bien acusaciones y denostaciones de
la prensa y la sociedad, ya que no tuvo que enfrentar ningún tipo de juicio
judicial. Incluso todavía a finales de 1921 era criticado por las excelentes
escuelas que había construido y para entonces, decían, que fue un gasto
innecesario por lo elegantemente construidas, cuando antes habían sido
elogiadas.[79]
El ex-general Diéguez,
después de ser liberado y dado de baja del ejército, Se dedicó a sus negocios
privados y marchó a una propiedad que tenía rentada desde principios de 1919 en
el municipio de Hostotipaquillo, llamada Hacienda de Santo Tomás, donde fueron
llegando muchos subordinados a trabajar las tierras y donde se mantuvo ocupado
hasta el mes de diciembre de 1923.
REBELION
DELAHUERTISTA
Al acercarse el fin de
Obregón al frente del ejecutivo federal en 1923, por consiguiente habría
elecciones el siguiente año y había dos candidatos. Uno era Plutarco Elías
Calles impulsado por el gobierno, mientras que el candidato de oposición era el
ex gobernador de Sonora Adolfo de la Huerta. La mayoría de los contrincantes
del gobierno temían que de ganar Calles, quien realmente estaría detrás del
poder sería Obregón. El problema era que en la elección de Calles como
candidato a la presidencia no se siguió ningún protocolo para su denominación,
se le señaló por dedazo como el sucesor, lo que era un caso directo de
corrupción. Por lo tanto, se generó un sentimiento de ansiedad y angustia entre
la población. Por otra parte, la oposición se negaba a aceptar y reconocer los
cambios hacia el progreso que había generado el gobierno y esta postura de
desacuerdo fue aprovechada por Adolfo de la Huerta y quienes simpatizaban con
sus ideales. Finalmente, quienes se resistían a la imposición de Calles,
decidieron crear un partido, un frente que les permitiría dar a conocer sus
opiniones y sus luchas. Aunque el gobierno intentó limar asperezas entre ambos
bandos, el resultado fue el contrario: más polarización social. La oposición
también se llegó a conocer como los conservadores. Con el tiempo, encontraron
el apoyo de algunos militares que se unieron a su causa.
El día 6 de diciembre del
año 1923, en el puerto de Veracruz comenzó la movilización armada de los
inconformes liderados por Adolfo de la Huerta. Por otro lado, en Tabasco el
reconocido general Carlos Greene, también se había unido al movimiento rebelde
y tomó Villahermosa. Solo tres días después, el día 9 de diciembre, Diéguez
quien decide apoyar el levantamiento, procedente de la Hacienda Santo Tomás a
las once de la mañana arriba a Guadalajara al frente de numerosos hombres para
ponerse a las órdenes del general Enrique Estrada.[80]
Solo unos días después la
insurrección contra Obregón seguía creciendo y para el día 14 de diciembre se
anuncia la captura de Uruapan y de Acámbaro. Este último era un importante
centro ferroviario a pocos kilómetros al sur de Celaya y su control, facilitaba
las operaciones de las divisiones comandadas por los generales Estrada,
Alvarado y Diéguez.[81]
Para el 24 de diciembre los
delahuertistas en el centro del país seguían tomando fuerzas y avanzando sin
ninguna resistencia, confirmando esto Diéguez envía un mensaje al general
Estrada comunicándole los siguiente:
“Por
pasajeros que pasaron esta mañana por aquí procedentes de la Piedad, se
confirma la evacuación de dicha plaza de La Piedad por las fuerzas Callistas al
mando de Escobar.
El General de División
Manuel M. Diéguez.”[82]
Para el día 26, Obregón
llegaría al frente de batalla en Jalisco proveniente de Irapuato esperando
llegar a los puestos avanzados en las cercanías de Pénjamo y Ocotlán, para
iniciar la ofensiva federal contra la fuerza rebelde de los generales Enrique
Estrada y Manuel Diéguez. Con el cuerpo principal avanzando sobre Guadalajara
desde el oriente bajo el mando del general Joaquín Amaro, reforzado con las
tropas de Puebla, se esperaba la adhesión de la columna de caballería al mando
del general Lázaro Cárdenas, quien se encontraba operando en el Distrito de
Zacoalco, al sur de la capital tapatía.[83]
Quizás porque no se tenían
uniformes de parte de las columnas lideradas por los generales Estrada, Diéguez
y Alvarado, para evitar problemas de confusión de unas tropas con otras, por
acuerdo del Cuartel General de la Segunda División del Noroeste, se acordó que
todas las fuerzas a su mando deberían usar un brazalete tricolor en el brazo
izquierdo.[84]
Para principios de enero de
1924, las fuerzas al mando de los generales Estrada, Diéguez y Alvarado,
seguían avanzando y habían ocupado la población de La Barca, mientras las
tropas federales se replegaban hacía Yurécuaro, Mich.[85] El
3 de enero Diéguez intentó tomar la plaza de Zamora a sangre y fuego, como no
pudo hacerlo, envía un ultimátum para que la ciudad fuera entregada pero el
coronel Morelos, comandante militar, se negó a rendir la plaza.[86]
Como no se pudo tomar esta ciudad, las fuerzas se movilizaron y el día 7
ocuparon La Piedad obligando a los federales a replegarse rumbo a Irapuato,
obligándolos, también, a desocupar Pénjamo. Al respecto, el Departamento de
Publicidad del ejército rebelde, enviaría un boletín de prensa que en parte
decía lo siguiente:
“Veracruz,
Ver., enero 8.- Fuerzas del general Estrada ocuparon ayer La Piedad, Mich.,
obligando a las tropas imposicionistas a replegarse rumbo a Irapuato,
abandonando Pénjamo. Nuestras tropas, en número de tres mil infantes y dos mil
de caballería, avanzan comandando la vanguardia el general Diéguez………..”
“El jefe del
Departamento de Publicidad
O.
González”[87]
Para mediados del mes de
enero, además de Guadalajara y alrededores, los rebeldes dominaban casi toda la
zona del Bajío, ya que para entonces el general Diéguez había tomado León. El
tren a El Paso estaba interrumpido y los trenes eran desviados o regresados.[88]
Desde el día 20 de enero las
tropas rebeldes comandadas por Estrada y Diéguez estaban atacando a Morelia,
plaza que fue finalmente tomada el día 23 después de reñidos y sangrientos
combates, donde cayeron cientos de prisioneros y muertos, además de obtener un
importante botín de guerra. Al respecto Estrada y Diéguez envían un parte
oficial dirigido a Adolfo de la Huerta informando lo siguiente:
“Cuartel
General, Morelia, Mich. Enero 24.
C.
Adolfo de la Huerta, Jefe Supremo de la Revolución.
Veracruz, Ver.
Hoy,
después de tres días de combates y de uno último en extremo sangriento que duró
catorce horas, fue tomada por asalto la plaza de Morelia y aniquilada
totalmente su guarnición, compuesta de un mil imposicionistas al mando de los
generales Manuel N. López y Cecilio García, quienes de defendieron tras de
formidables posiciones con gran cantidad de municiones. Toda la guarnición cayó
en poder de nuestras tropas. Se hicieron prisioneros a los generales López y
García, cayendo herido el primero. Están en nuestro poder seiscientos
prisioneros. Atendemos doscientos heridos del enemigo y se han sepultado más de
cien muertos del mismo. Muy pocos lograron salir dispersos. Botín de guerra
consistente en mil armas, caballada, cincuenta mil cartuchos y otros pertrechos
de guerra. Nuestras tropas son las primeras en la historia de Morelia que toma
esta plaza por asalto. Durante los días 19 y 20 capturamos Salvatierra y
Acámbaro, haciendo prisioneros y capturando material rodante. Ya se rinde parte
detallado.
El Gral. Jefe de la
Segunda División, E. Estrada.
El
Gral. Jefe de la División de Occidente, Manuel M. Diéguez.”[89]
Después de la toma de
Morelia, de acuerdo a declaraciones hechas por el presidente Obregón desde su
tren en Salvatierra, el día 26 de enero, un aviador federal bombardeó un tren
militar de los rebeldes al mando de los generales Estrada y Diéguez en La
Goleta, Mich. al este de Morelia, causando muchas bajas, de acuerdo a los
despachos de prensa emitidos en Celaya. Según la información emitida por
Obregón, varios vagones fueron destruidos y muchas personas murieron y resultaron
heridas.[90]
Posteriormente de abandonar Morelia,
para principios de febrero, Diéguez se encontraba combatiendo contra los
obregonistas y callistas en los límites entre Jalisco y Michoacán, enfrentaba a
los federales entre las estaciones de La Barca y Yurécuaro.[91]
Diéguez desde Yurécuaro hacía esfuerzos por llegar a Ocotlán donde se
encontraban los generales Alvarado y Anzaldo en posición muy comprometida y
procuraban retroceder a Poncitlán.[92]
Después de la derrota de Ocotlán, Alvarado y Anzaldo se agrupan en Cd. Guzmán y
Sayula, donde procuraban organizarse de nuevo.[93]
Después de avanzar, para la
día 12 de febrero las tropas de Estrada y Diéguez se encontraban en Palo Verde
una zona sobre las vías del tren entre La Piedad y Pénjamo, donde fueron
atacados por sorpresa y sufrieron una importante derrota, al respecto el
Presidente Obregón enviaba el comunicado siguiente:
“A bordo del tren Presidencial.
Irapuato,
Gto., el 13 de febrero de 1924
C. Gobernador del Estado, Guadalajara,
Jal.
Tengo
el gusto de participar a usted que anoche fuerzas infidentes al mando de los
generales Estrada, Diéguez y socios, colocáronse sobre la vía entre estación
Pénjamo La Piedad, cortando las comunicaciones e incendiando algunos puentes,
sin darse cuenta del movimiento que venía realizando la columna que al mando
del general Escobar salió desde La Piedad por la tarde, habiendo logrado darles
alcance entre las estaciones Palo Verde y Villaseñor, obligándolos a presentar
combate. Hasta estas horas no se recibe ningún parte oficial de la batalla.
Sólo recibióse mensaje anunciando que a las diez cuarenta habíase iniciado;
pero hemos logrado obtener informes desde luego que coinciden entre si y que
nos hacen saber que los traidores fueron rudamente escarmentados y en estos
momentos tres dispersos del enemigo, que yo mismo he interrogado. Informan que
el combate no fue de mucha duración, debido a la forma impetuosa con que
atacaron nuestras caballerías, habiendo sufrido los traidores una completa
dispersión, al grado de que los mismos generales Estrada y Diéguez, con sus
llamados estados mayores, se empeñaban en contener, sin lograrlo, a su gente
que huía en completa dispersión. Cuando tenga mayores detalles tendré el gusto
de comunicárselos.
Afectuosamente
El presidente de la
República, A. Obregón.”[94]
Según informes oficiales, el
grueso de los insurrectos jaliscienses derrotados se habían concentrado en las
cercanías de Ciudad Guzmán de donde salió un versión de que el general Salvador
Alvarado, al mando de los rebeldes, había ordenado la ejecución del general
Crispiniano Anzaldo, a cuya dirección las fuerzas rebeldes en Ocotlán atribuyen
su derrota, sin embargo, esto no era cierto, solo se habían separado por esa
causa.
Después de la derrota en
Palo Verde, Diéguez y Estrada se separan, este último se retira hacia el sur
perseguido por los federales y pernocta en Panindícuaro, Mich., mientras el
paradero de Diéguez se desconocía, aunque se pensaba que huía rumbo a Colima.[95]
Después se sabría que entre Diéguez y Estrada también hubo desacuerdos, este
último, culpaba a Diéguez por la debacle en Palo Verde, donde Estrada se vio
obligado a huir medio vestido, dejando atrás su abrigo con documentos
importantes.[96]
Para el 21 de febrero se
pensaba que Estrada, Alvarado y Diéguez tenían la intención de unirse al delahuertista
Rómulo Figueroa en el estado de Guerrero, por lo que Obregón envía tropas a ese
estado desde la capital del país y desde Michoacán, con la intención de
nulificar cualquier movimiento en ese sentido.[97]
Mientras tanto, los rebeldes al mando de Diéguez al enterarse de la detención
de Figueroa, cruzan Guerrero y siguen huyendo, para finales de febrero se
encontraban en la capital de Oaxaca, ciudad en donde se habían reunido con los
generales García Vigil y Fortunato Maycotte, el primero gobernador del estado y
el segundo jefe de la guarnición que se habían rebelado contra Obregón.
Al llegar la noticia que
Diéguez se encontraba en Oaxaca, los
generales Obregón y Calles dispusieron destacar sobre ese estado una
fuerte columna al mando del General Juan Andrew Almazán, para batir a las
fuerzas rebeldes. Sabedor el General García Vigil del movimiento de las fuerzas
federales, empezó a hacer preparativos para la defensa de la capital oaxaqueña,
pero al ser informado de la gran cantidad de tropas obregonistas enviadas y los
enormes elementos de guerra con que contaban, desistió de la defensa de la
Ciudad y optó por su evacuación, maniobra que tuvo lugar la noche del 01 de
marzo de 1924.
El Gobernador de Oaxaca y
Diéguez escogieron para su retirada al Istmo de Tehuantepec, una ruta peligrosa
por la gran concentración que estaba haciendo el gobierno de fuerzas al mando
de los Generales Juan Domínguez y Donato Bravo Izquierdo, para batir a los
rebeldes Istmeños de López Lucho que se encontraban en Chimalapa, así como las
comandadas por el Diputado Juchiteco Ché Gómez; quienes al conocer las
intenciones de los rebelde desplegaron sus tropas en los principales puntos de
la región.
Una vez las fuerzas rebeldes
de García Vigil y acompañantes en el Istmo, con un contingente aproximado 100
hombres y encontrándose cerca de Niltepec, el Gobierno tuvo conocimiento de sus
intenciones de internarse al Estado de Chiapas y ya los tenía completamente
rodeados, por lo que reunió a Diéguez y demás jefes expresándoles su decisión de
rendirse. Algunos jefes objetaron que la rendición equivalía a su muerte, entre
ellos Diéguez, contestando que no importaba, si mediante ella se lograba que la
mayoría pudiera salvar su vida, evitando en esta forma sacrificios inútiles,
situación de la que se sentía responsable.[98]
El general Diéguez y unos
400 hombres se separaron y emprendieron la marcha rumbo al Estado de Chiapas,
con excepción del General Félix Gómez, Jefe de su Estado Mayor, que decidió
rendirse con el General García Vigil.
Los generales García Vigil y
Félix Gómez, después de negociar su rendición y ser aceptadas las condiciones,
se les hizo creer que se les perdonaría la vida, pero fueron traicionados y
ejecutados por órdenes de Obregón, en un poblado llamado El Pedregal, cerca de
Matías Romero.[99]
Después de tantas
dificultades para llegar a la zona del Istmo de Tehuantepec y tomar rumbo hacia
el oriente con la intención de cruzar los límites con Chiapas, sin embargo,
Diéguez y su gente son alcanzados en Zanatepec, a unos 60 kilómetros del
límite, donde después de un enfrentamiento con las tropas de los generales
Laureano y Pablo Pineda, y Vicente González, ya muy mermados y con poco parque,
son alcanzados el sábado 19 de abril a la una de la tarde. Diéguez y
acompañantes son hechos prisioneros por los federales cerca de Cintalapa, en un
pueblo de la Sierra Madre del Sur denominado San José de las Flores, Chis.
Fueron capturados por el general Donato Bravo Izquierdo y cinco subalternos, le
ofrecieron paz y amnistía, dejando libres a los integrantes de su Estado Mayor
y a todos sus soldados, quedando tres generales para negociar la rendición.
Otro día, el general Fernández, desde Oaxaca enviaría al Presidente de la
República el mensaje siguiente:
“Sr.
General Álvaro Obregón, Presidente de la República.- Muy urgente. Hónrome
informar a Ud., que ayer a las trece horas con parte de las fuerzas que tengo
organizadas, hicimos prisioneros en la finca denominada San José de las Flores,
al ex-general Manuel M. Diéguez, a Crisóforo Ocampo y al ex-general Alfredo C.
García, así como también a cincuenta individuos más entre jefes y oficiales, lo
mismo que unos pocos de tropa.
En
los momentos de enviar éste, se persigue con actividad al ex-general Macario
Hernández, quien se encuentra disperso con muy pocos hombres y creo que será
capturado dentro de un momento a otro, pues las tropas federales que lo
persiguen, lo llevan a menos de medio kilómetro de distancia.”[100]
Después de ser capturados
los tres generales quienes intentaban salir del país cruzando la frontera a
Guatemala, fueron llevados a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y a su llegada a los
federales se les festejó con cena de gala. Después el general Bravo Izquierdo
recibió un telegrama del general Obregón, ordenando su rápido fusilamiento.
Junto con los generales Ocampo y otros, donde se les formó un consejo de guerra
sumarisimo y como lo ordenó Obregón, el 20 de abril fueron fusilados en el
panteón de esa ciudad.[101]
Allí mismo fueron enterrados sin levantar el acta de defunción respectiva. Hay
otra versión de que fueron fusilados en el traspatio de una escuela.
La ejecución de los tres
generales fue confirmada con un telegrama del día 22 enviado por el Secretario
de Guerra y Marina al jefe de la guarnición de esa plaza, general Lázaro
Cárdenas. El mensaje enviado a Cárdenas textualmente decía lo siguiente:
“Sría. De Guerra y Marina. 22 de abril.
Gral. Lázaro Cárdenas.
Los
generales García Vigil, Manuel M. Diéguez, Crisóforo Ocampo, Alfredo C. García
con los restos de los grandes núcleos que lograron sublevar después de haber
sido batidos en sus Estados respectivos, emprendieron la fuga por el Istmo
tratando de ganar la frontera de Guatemala. Los Grales. Juan J. Domínguez,
Vicente Gonzáles y Donato Bravo Izquierdo, desarrollaron una gran actividad
batiéndolos contantemente y haciéndoles un gran número de bajas, hasta coparlos
completamente y dejarlos incapacitados para salvarse de nuestras tropas,
obligándolos a rendirse. De todos los Grales., Jefes y Oficiales capturados
fueron separados los generales García Vigil, Manuel M. Diéguez, Crisóforo
Ocampo y Alfredo C. García y consignados a un Consejo de Guerra sumario que los
juzgó y sentenció a muerte cuya sentencia fue cumplida. Los jefes aludidos
fueron considerados entre los más directamente responsables de la última
asonada militar que tanta sangre ha costado al país y por cuyo motivo se
procedió en la forma en que se hizo pues cada uno de ellos en sus Estados
respectivos fueron directores intelectuales y materiales del último movimiento.
Los demás generales, jefes y oficiales y los soldados que únicamente los
seguían, han sido tratados con las consideraciones debidas y serán conducidos a
esta capital.
La
diligencia y eficacia desplegada por los jefes y oficiales del ejército,
Domínguez, González, Bravo Izquierdo y la de sus colaboradores Mayor Mario
Rosado y José R. Sánchez, y Gobernador Tiburcio Fernández Ruiz impidió a los
jefes infidentes tomar la frontera de Guatemala como lo intentaron y determinó
que cayeran en poder de la Justicia y que se pronunciara el fallo severo y que
se cumplió.
General
F. E. Serrano, Srio. de Guerra y Marina, México, D. F.”[102]
 |
| Cadáveres de los
generales Manuel M. Diéguez, Crisóforo N. Ocampo y Alfredo C. García (Foto:
Fototeca Nacional, INAH). |
Hay cierta duda sobre el día
de la muerte de los tres generales, ya que algunos diarios de la época
publicaron la noticia de la ejecución desde el día 21de abril, como si hubiera
sucedido el día 20. Sin embargo, el acta de defunción levantada en un mismo
documento para los tres generales, poco más de un año después de sus muertes,
con fecha 29 de abril de 1925 por el Lic. Alfonso Navarro Castillo, dice que
murieron el 21 de abril de 1924, igualmente varios autores consignan esta
fecha.
 |
| Fragmentos
del acta de defunción de los generales Manuel M. Diéguez, Crisóforo N. Ocampo y
Alfredo C. García levantada el 29 de abril de 1925 (Imagen: Registro Civil de
Tuxtla Gutiérrez). |
Por otra parte, las
biografías de Manuel M. Diéguez y Crisóforo N. Ocampo publicadas en el libro “Diccionario de Generales de la Revolución”
editado en dos tomos por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las
Revoluciones de México (INEHRM), establecen que ambos murieron el día 20 de
abril.[103]
Desde finales del mes de
marzo, se sabía que las propiedades de los generales rebeldes habían empezado a
ser confiscadas por el Gobierno Federal y para entonces ya se habían decomisado
los bienes de los generales Manuel M. Diéguez, Enrique Estrada y Guadalupe
Sánchez.[104]
Para principios de 1925 se publicaba que las propiedades serían rematadas,
incluidas las del general Manuel M. Diéguez, que según las crónicas, estaban
valuadas en unos trescientos mil pesos e incluían propiedades en Guadalajara y
la Ciudad de México.[105]
EPÍLOGO
Casi tres semanas después,
el periódico El Tucsonense del 8 de mayo de 1924, escribió una editorial al
respecto del fusilamiento de Diéguez, textualmente decía:
“EL
OCASO DE LA PIEDAD.
La
clemencia otorgada a algunos mexicanos rebeldes que fueron aprehendidos por
fuerzas federales o que se rindieron incondicionalmente, nos hizo creer que la
administración del General Obregón abandonaba los caminos tortuosos de las
penas irreparables, en que tan fecundas han sido nuestras revoluciones, para
seguir una senda de piedad y de misericordia.
Parece
que, por desgracia, el alto mandatario no ha podido sustraerse a la costumbre
establecida, y que las ejecuciones seguirán prendiendo sus velos de tragedia en
esta inacabable guerra civil en la que lo que menos se ejercita es el amor al
prójimo y lo que menos inspira a los triunfadores es el noble perdón para el
vencido.
En
un lejano poblado del Estado de Tamaulipas fueron fusilados—dice la prensa—tras
un juicio sumario, tan sumario que solo se hizo una breve identificación, once
jefes rebeldes, encabezados por el General Luis Míreles que, como otras
víctimas, había prestado buenos servicios a la causa revolucionaría y aun a la
persona del General Obregón.
Poco
después, el General Manuel M. Diéguez caía acribillado por las balas del
pelotón fatídico, y es este caso, el de Diéguez, uno de los que más patentizan
que son el odio, la pasión, los rencores, lo que norma los procedimientos
punitivos en esas luchas civiles, y no el bien de la patria.
La
muerte de Diéguez es una de las que están menos justificadas. Desde 1920, en
que un cuartelazo como el que ahora se ha podido sofocar hizo perecer al
Presidente Carranza, y separó del poder a muchos de sus partidarios y de sus
jefes militares, el General Diéguez se mantuvo lejano de los puestos públicos,
y aunque se trató de halagarlo con dádivas, con ofrecimientos y con promesas
muy seductoras, no quiso nunca llegar a un acercamiento con el Gobierno del
General Obregón, al que siempre consideró ilegítimo. Justas o erróneas, sus
ideas eran esas.
Desde
ese punto de vista, Diéguez no puede ser considerado entre los infidentes. No
tenía mando de tropas, no desempeñaba cargo o empleo público, no recibía sueldo
o pensión del Gobierno, y al lanzarse a la revolución lo hizo en la firme
creencia de que la administración carrancista había sido injustamente
derrocada. Como quiera que el asunto se examine, debe convenirse en que el
bizarro jefe, como lo llama el mismo General Obregón en un libro suyo, no tenía
compromisos con la administración reinante ni estaba obligado, por motivos de
lealtad o de subordinación, a sostener a un Gobierno del que estaba distanciado
grandemente.
Sin
embargo, cuando otros jefes rebeldes, cargados de culpas de infidencia y
deslealtad, han obtenido perdón y clemencia, Diéguez fue fusilado. Ese patíbulo
no fue, pues, levantado por la justicia ni en interés de la disciplina militar!
Obra fue inquina.
Diéguez
era, entre los revolucionarios, de los más distinguidos. No elementos parciales
sino el mismo Presidente Obregón, en su libro a que nos hemos referido señala a
Diéguez como uno de los hombres de principios, de firme voluntad, serenos en el
peligro, valientes en la lucha y llenos de merecimientos en todas ocasiones.
Cuando
las tropas del Ejército del Noreste llegaron a Guadalajara y se multiplicaron
las delaciones, estallaron las venganzas y se estableció algo como un reinado
de terror, fue el jefe jalisciense quien impidió, con su influencia y con su
palabra persuasiva, que “cayeran muchas cabezas”, como lo pedían jefes menos
misericordiosos. Nunca fue ni cruel ni sanguinario y su corazón estuvo siempre
dispuesto a las excelsitudes del perdón.
Por
todo eso merecía ser perdonado.
Con
Diéguez, cae otro de los revolucionarios que contribuyeron al encumbramiento de
los hombres que hoy gobiernan en México, y de los compañeros del Presidente
Obregón, que, desde 1912, lucharon a su lado.
En
sombrías celadas o fusilados, los hombres de la Revolución van desapareciendo,
sacrificados por los mismos que fueran sus camaradas: Ayer, Carranza, Villa,
Lucio Blanco, Felipe Ángeles, Fermín Carpió, Francisco Murguía y tantos otros.
Después Míreles, García Vigil, Villarreal….
Hoy,
Manuel M. Diéguez.
¿Mañana?
La huella de sangre que parte de Tlaxcalaltongo tiene aún frescos los salpiques
de El Palmar y de Chiapas.
¡Quién
sabe!”
(De
“Hispano-América”).[106]
Para mediados de junio de
1924 se publicaba en los periódicos la intención del gobierno de Jalisco de
cobrar a los testamentarios de la hacienda de Santo Tomás, la que rentara
Diéguez desde principios de 1919 hasta finales de 1923, los impuestos generados
desde esa fecha, ya que el general jamás pago los impuestos correspondientes y
ahora eran requeridos a través de la Dirección General de Rentas.[107]
Para abril de 1926 el problema persistía, pues el gobierno seguía cobrando,
mientras que los testamentarios Enriqueta Alatorre Vda. de Martínez y José G.
Montero, solicitaban la condonación de los adeudos tributarios, argumentando
que estos se habían generado durante el arrendamiento al general Diéguez.[108]
El día 21 de abril de 1925,
con motivo del primer aniversario luctuoso, desde las siete de la mañana hasta
las doce de mediodía se celebraron misas cada media hora por el eterno descanso
del general Diéguez.[109]
Lo mismo ocurriría el 21 de abril del año siguiente.[110]
En 1933, el Gobernador
Sebastián Allende trasladó los restos del Gral. Diéguez al panteón de Belén en
Guadalajara.
El 20 de noviembre de 1964,
el gobernador Prof. Juan Gil Preciado, encabezó la ceremonia para que fueran
depositados los restos de Diéguez en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y
por órdenes del presidente de la República, Adolfo López Mateos, ese mismo día
se develó una estatua en ese lugar, donde reposan sus restos actualmente.
HOMENAJES
El general Manuel M.
Diéguez, ha sido objeto de innumerables homenajes de todo tipo. Los
reconocimientos a sus años de participación en los eventos socio-políticos
iniciaron desde el 1 de octubre 1932 con el nombramiento de una vialidad en
Guadalajara con el nombre de Calzada Gral. Manuel M. Diéguez, a continuación se
copia el discurso pronunciado durante el evento y publicado en el periódico El
Informador del día 01 de noviembre de 1932.
Después, en Cd. Guzmán a la
calle República se le cambiaría el nombre y a partir del 7 de enero de 1933 se
llamaría Gral. Manuel M. Diéguez, develándose una placa con el nombre de la
calle.[111]
Desde finales de 1932 se
habían iniciado los trámites para exhumar los restos del general Diéguez del
panteón de Tuxtla Gutiérrez y trasladarlos a Guadalajara, mismo que llegan a la
capital tapatía a las 9:30 a.m. del 03 de febrero de 1933. Adolfo Diéguez
Palomera, el primogénito del general, fue el encargado de llevar a cabo la
exhumación, quien descendió del tren con una urna en las manos y la depositó en
una carroza. Inmediatamente después partió el cortejo presidido por el propio
hijo del general, acompañado por su abuela y madre del general Doña Juana Lara
de Diéguez, su tío Ramiro Diéguez y Manuel Bouquet Jr.; seguidos por una
multitud de familiares, altos funcionarios del gobierno, diputados, amigos y
correligionarios del ejército que los acompañaron hasta el antiguo panteón de
Belén. Antes de que la urna fuera colocada en la fosa 6 ubicada en la cripta o
rotonda central del cementerio, el Lic. José Luis Herrara Jr., dijo la
siguiente oración fúnebre que fue publicada en el periódico El Informador del
04 de febrero de 1933.

A partir de la colocación de
los restos del general Diéguez en el Panteón de Belén, se le han hecho muchos
homenajes de todo tipo, que incluye denominar con su nombre escuelas primarias,
secundarias y preparatorias, calles en diferentes municipios, municipios y
poblados, colonias, asociaciones patronales, etc. Así mismo, el 2 de septiembre
de 1964 inició operaciones en Jalisco la Presa Santa Rosa oficialmente llamada
Gral. Manuel M. Diéguez que cuenta con una central hidroeléctrica capaz de
generar 61 megawatts de energía eléctrica y su embalse alberga 403 hectómetros
cúbicos de agua, la presa está ubicada en el cauce del Río Grande de Santiago
en Amatitlán, Jalisco.
Pero el mayor homenaje que
se le pudiera hacer al general Diéguez ocurre en noviembre de 1964, que con
motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana, el presidente
municipal Lic. Dionisio Montelongo anunció que sus restos serían exhumados del
panteón de Belén a las 9:30 a.m. del día 19 de noviembre y colocados en una
urna, después serían velados durante 24 horas con guardias militares en ese
mismo lugar, para otro día ser depositados en la Rotonda de los Hombres
Ilustres de Jalisco.
Ante la presencia de las más
altas autoridades civiles, militares, universitarias, educativas y los más
cercanos familiares los restos fueron inhumados. Inmediatamente después de
abrirse la gaveta y extraída la doble urna mortuoria (una exterior de madera y
una interior de metal), se destruyó la caja de madera y la de metal que
guardaba directamente los restos del general, fue introducida en el interior de
una de bronce y colocada en el centro de la rotonda del panteón en donde
permanecieron en velación.
Durante el proceso
estuvieron presentes el gobernador del estado, Juan Gil Preciado; el comandante
de XV Zona Militar, general Alejandro Hernández Bermúdez; el rector de la
Universidad de Guadalajara, Dr. Roberto Mendila Orta; los presidentes DEL
Supremo Tribunal de Justicia y del Congreso del Estado, Lic. Santiago Camarena
y diputado Jesús Ruiz Leos, respectivamente; el hijo del general Adolfo Diéguez
y demás autoridades municipales y civiles.
Los funcionarios públicos
encargados de hacer la certificación del acto de exhumación, fueron el Lic.
Fernando A. Gallo, Secretario del Ayuntamiento de Guadalajara y un notario
público. Minutos después de la hora programada, llegaron al panteón el
gobernador y todos los que participarían en la ceremonia de exhumación. En
pocos minutos se desprendió la lápida y se procedió a realizar el cambio de la
urna de madera, inmediatamente se realizó la primera guardia.[112]
 |
| Momentos en que los restos del general
Manuel M. Diéguez son colocados en la urna de bronce en el interior de la
rotonda del panteón de Belén ante la presencia de Adolfo Diéguez, hijo del general, y las autoridades presentes (Foto: El Informador,
Noviembre 20, 1964). |
 |
| Primera guardia a los restos del
general Manuel M. Diéguez en la rotonda del panteón de Belén, integrada por el
Gob. Juan Gil Preciado, Cte. de la XV Zona Militar Gral. Alejandro Hernández
Bermúdez, Pte. del Congreso Jesús Ruiz Leos, Pte. Municipal Dionisio Montelongo
y el hijo del general Adolfo Diéguez (Foto: El Informador,
Noviembre 20, 1964). |
Para el traslado y la
re-inhumación de los restos del general Diéguez, el 20 de noviembre el gobierno
del estado hace una invitación abierta a toda la población de Guadalajara,
publicando el programa, donde además de realizar el festejo de aniversario del
inicio de la Revolución Mexicana, se harían los honores al divisionario.

Después de ser velados, el
día 20 de noviembre, a las seis de la mañana se iza la bandera de México en
todos los edificios públicos con los honores correspondientes. A las 9:30 a.m.
se hizo entrega de la urna al subsecretario de la Defensa Nacional y
representante del Presidente de la República, Gral. De Div. Juan Flores Torres,
quien acompañado del gobernador del estado, autoridades civiles y militares y,
por supuesto, de los familiares del general Diéguez, la colocó en un armón
militar e inició el transporte de los restos del general. El cortejo militar
recorrió la calle de Sarcófago y la Av. del Alcalde hasta llegar a la Plaza de
la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.[113]
 |
| Armón militar
conduciendo la urna de bronce con los restos del general Manuel M. Diéguez
hacia la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres (Foto: El Informador, Noviembre
21, 1964). |
Ya en la rotonda, se dio
lectura al acuerdo del ejecutivo de Jalisco en el que se ordena el traslado de
los restos del general Diéguez del Panteón de Belén a la Rotonda de los
Jaliscienses Ilustres y que textualmente decía:
“Juan
Gil Preciado, Gobernador Constitucional del estado libre y soberano de Jalisco,
alos habitantes del mismo, hago saber:
Que
en uso de las facultades que me confiere el Artículo IV Transitorio
(Reformado), del Decreto No. 5853, expedido por el H. Congreso del Estado, he
tenido a bien expedir el siguiente:
Acuerdo:
Único.-
En ocasión de que el día 20 del presente mes, se cumple el LIV aniversario de
la Revolución Mexicana, del que fue precursor el Ilustr jalisciense general don
Manuel M. Diéguez, a quien justificadamente se considera como uno de los
principales iniciadores de nuestro movimiento social, por sus méritos
revolucionarios y militares y por su entrega a la causa popular iniciada en
1910, por su patriotismo acendrado y por la defensa decisiva que hizo de
nuestras instituciones y de la legalidad constitucional, al usurpar el poder
Victoriano Huerta, el Ejecutivo de mi cargo, tomando en consideración los
méritos indiscutibles de tan egregio revolucionarios y jefe militar, cuyos
restos reposan ahora en la Rotonda erigida en el Panteón de Belén, en el lugar
destinado a los a los restos de Hombres Ilustres Jaliscienses, dispone que con
la mayor solemnidad sean trasladados a la Rotonda erigida en la Plaza de los
Jaliscienses Ilustres que circundan las calles de Liceo, Independencia, Alcalde
e Hidalgo de esta ciudad, para expresar así el homenaje permanente que el
pueblo de Jalisco, rinde a uno de sus hijos esclarecidos, precursor de la
Revolución Mexicana.
Dado
en el Palacio del Poder Ejecutivo del Estado, en la ciudad de Guadalajara, a
los once días del mes de noviembre de 1964. Juan Gil Preciado.- Lic. Pablo
Ascencio Rosales.”[114]
Enseguida tuvo lugar una muy
concurrida y lucida ceremonia luctuosa. En este acto el gobernador Gil
Preciado, hizo hincapié en que:
“al
depositar los restos del Gral. Manuel M. Diéguez en la Rotonda de los
Jaliscienses Ilustres, rendimos merecido tributo al aguerrido soldado de la patria,
que con singular ahínco, aporto su acción y su pensamiento a la lucha del
pueblo por alcanzar su emancipación política y social de México.
Estamos
aquí frente a los restos mortales de un hombre cuya sola evocación renueva
nuestros ideales y nuestras energías para seguir en la lucha que el enarboló
tan apasionadamente, y que habrá de conducirnos a estadios superiores de la ida
nacional, en esta patria que es obra de todos: de los que supieron de
privaciones e infortunios, de los que dejaron su vida en los campos de batalla,
y de los que, con cotidiano esfuerzo, realizan en el presente la tarea de
forjar un México mejor, recogiendo la obra de sus antecesores para proyectarla
a un futuro de paz, de trabajo, de prosperidad y de justicia.”[115]
Después tomaría la palabra
el subsecretario de la Defensa Nacional y representante de Adolfo López Mateos,
Presidente de la República, refiriéndose al ilustre jalisciense dijo:
“Los
actos organizados para enaltecer el ejemplo de su vida honran al pueblo y a sus
gobernantes, porque Manuel M. Diéguez cumplió con lealtad sus deberes de
mexicano y de patriota.
Devoto
de la libertad, combatió la dictadura; defensor del trabajo libre de los
hombres, luchó contra la servidumbre y la esclavitud; enemigo de las sombras,
trabajó para llevar la luz del alfabeto a todos los mexicanos. En la huelga de
Cananea y en las tinajas de San Juan de Ulua, Manuel M. Diéguez siempre estuvo
cerca del pueblo.
Como
mexicano y militar consagrado a velar por la paz y las instituciones que México
ha organizado en uso de su soberanía, vivo plenamente este día, la satisfacción
de saber que en Jalisco nos hemos reunido para reconocer que Manuel M. Diéguez
fue un revolucionario constructor y honesto; que lo llevamos en nuestra
conciencia y que siempre estará cerca de nosotros en la empresa de trabajar por
México.”[116]
Después que terminó de
hablar el representante del Presidente de la República, la Banda de Guerra del
IV Batallón de Infantería ejecutó la Marcha Fúnebre de Chopin. Seguidamente el
subsecretario y el gobernador colocaron la urna de bronce en la cripta de la
rotonda, haciendo posteriormente una guardia de honor, mientras un corneta de
la banda tocaba a Silencio.
 |
| Momento en el que se
colocan los restos del general Manuel M. Diéguez en la cripta de la Rotonda de
los Jaliscienses Ilustres por el gobernador del estado de Jalisco (Foto: El
Informador, Noviembre 21, 1964). |
El
resto de ese mes de noviembre de 1964, después de trasladar los restos del
general Diéguez a la rotonda, se siguieron haciendo más homenajes por algunos
sectores de la sociedad y por escuelas, estas últimas también habían colaborado
haciendo valla a lo largo de las vialidades por donde pasó el cortejo rumbo a
la rotonda. Además, ese mes se publicó un libro sobre la biografía del divisionario
y se estuvieron difundiendo en los periódicos eventos y experiencias de
personas y sectores sobre actuar durante el tiempo que fue gobernador de
Jalisco y su participación en la lucha revolucionaria.
JUICIOS
Y TESTIMONIOS
Muchos juicios y testimonios
se han hecho a lo largo de casi cien años sobre la participación del general
Manuel M. Diéguez en diferentes eventos desde 1906 hasta 1924 y que han
trascendido en la vida socio-política del país, aquí presentamos dos, que por
su contenido retratan, en lo general, el pensamiento y la agitada vida del
divisionario.
Adolfo
López Mateos:
“La participación del general Diéguez en los movimientos precursores de
nuestra Revolución, nos hacen ver con cuanta lucidez, valor y gallardía
acometió la tarea de destruir la dictadura y la estructura económica que la
sostenía [...] Si en el pasado, el fragor de la violencia no facilitó la
comprensión plena por parte de los distinguidos jefes militares acerca de los
propósitos finales que los unificaban en sus luchas e hizo surgir desavenencias
sangrientas entre ellos, hoy podemos valorar serenamente los esfuerzos de
todos, cuya gesta e ideales perviven en la tranquilidad y en el espíritu
justiciero que animan a nuestras instituciones y a nuestro pueblo”.[117]
José
Parres Arias y José Luis Razo Zaragoza:
“El líder obrero de Cananea que sufriera en las tinajas de San Juan de
Ulúa la más injusta y terrible de las condenas; el héroe de mil batallas que
diera gloria y horizontes promisorios a la Patria; el jurista que convirtió en
preceptos las imágenes más nobles de su pensamiento; el estadista; el hombre
que amó entrañablemente a su pueblo, al que consagró las horas de angustia y a
quien entregó el tránsito dramático de su vida, había caído como los mártires;
con las manos limpias, sin bienes materiales que empañaran la grandeza de su
obra y enlutaran la amistad de quienes le fueron leales, legando a la provincia
que le vio nacer, el ejemplo [...] Todo había acabado, el vértigo de la
Revolución cobraba una vida y la Patria veía nacer al héroe y al mártir de sus
mejores ideales: al general Manuel M. Diéguez”.[118]
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