viernes, 16 de enero de 2026

ESTEBAN BACA CALDERÓN OJEDA: Un profesor que decide convertirse en obrero. Parte II.

ESTEBAN BACA CALDERÓN OJEDA: Un profesor que decide convertirse en obrero. Parte II.

Gustavo A. Moreno Martínez moremar@prodigy.net.mx

INTRODUCCIÓN

Después de permanecer dos años en la prisión de San Juan de Ulúa, al triunfo de la Revolución Maderista, Esteban Baca Calderón, Diéguez y otros prisioneros políticos son liberados en agosto de 1911. Permanecen en la Cd. de México hasta octubre y después se trasladan a Cananea donde de nuevo se involucran en organizar clubes liberales y la Unión Minera, siempre buscando el bienestar de los obreros. Posteriormente es denominado director de la escuela de Buenavista, mientras Diéguez es electo presidente municipal. Después de lidiar con algunos problemas con los orozquistas y pasar un tiempo en la cárcel de Hermosillo por una huelga en Cananea, Baca Calderón regresa Cananea y poco después estalla la Decena Trágica e inicia la revolución contra los huertistas. Después de participar en la toma del noreste de Sonora, se traslada hacia el sur de Sonora, después a Sinaloa donde resulta herido de un ojo que lo incapacita durante algunos meses, reintegrándose a la lucha contra los huertistas hasta mediados de 1914, cuando los alcanza en el estado de Nayarit.

PRISIONERO EN SAN JUAN DE ULÚA

Como se mencionó anteriormente, con fecha 10 de agosto de 1908 se ratificó la sentencia de 15 en años de prisión a estos tres líderes. Después de habérseles negado el recurso de amparo, Baca Calderón y Diéguez todavía permanecieron un año más en los calabozos de la penitenciaría de Hermosillo, hasta que en agosto de 1909, fueron remitidos en calidad de criminales a la fortaleza de San Juan de Ulúa, no sin antes haber rechazado con dignidad el ofrecimiento que les hacía el general Luis E. Torres a través de un ayudante de la Primera Zona Militar, de ponerlos en absoluta libertad si "deponían su actitud de independencia y rebeldía".[1]

Con la sentencia a cuestas y condenados a servir en obras públicas, al llegar a la fortaleza, después de vestirlos con saco y pantalón rayado, fueron encerrados en una de las galeras destinadas a los reos comunes, de donde junto con éstos y bajo la vigilancia de torvos capataces, los sacaban diariamente para desempeñar diversos trabajos de conservación de la fortaleza. En esta forma permanecieron algún tiempo, ya que por reiteradas gestiones de los médicos de la prisión tuvieron la fortuna de ser comisionados en la enfermería, alcanzando con ello un gran beneficio al ser tratados cortésmente por los mismos profesionistas quienes les guardaban especiales consideraciones. Así transcurrieron algunas semanas, pero a causa de intrigas que un practicante, tipo porfiriano que los odiaba por sus luchas en favor de los obreros, urdió en su contra ante el cruel y sanguinario mayor Victoriano Grinda, segundo jefe de la prisión, particularmente en contra de Calderón y éste fue privado de dicha comisión y nuevamente se le obligó a desempeñar los anteriores trabajos entre golpes de los capataces.[2]

En vista de las pésimas condiciones en que se hallaban los presos de San Juan de Ulúa, quizás pensando que las cosas cambiarían en el penal, Baca Calderón en abril de 1910 envía una carta al diario "La Opinión", que se editaba en la ciudad de Veracruz, este periódico había emprendido una campaña en favor de los allí recluidos, carta donde se quejaba de las pésimas condiciones de vida y los maltratos a los que eran sometidos. La carta decía:[3]

"Muy señor mío:

Altamente agradecido por el interés que toma su ilustrado periódico en mejorar nuestra condición de presos, me dirijo a usted en nombre de todos mis compañeros de infortunio, para hacerle presente nuestra eterna gratitud, suplicándole a la vez que no desmaye en su meritoria labor, como es nada menos que velar por los desheredados del destino.

Aquí, señor Director, habemos más de ochocientas almas que están amenazadas, con la terrible epidemia de la viruela que se ha desarrollado entre los presos, en quienes han aparecido ocho casos en la actualidad y que amenaza cundir dadas las condiciones anti-higiénicas en que se encuentra toda la prisión. En los calabozos no sólo reina la más completa obscuridad, sino que se encuentran excesivamente húmedos, y en ellos existen también las «cubas» pestilentes donde hacen sus necesidades todos los presos, y como los calabozos no tienen ninguna ventilación, los miasmas deletéreos que despiden esas «cubas» nos asfixian, nos matan, y sepa Dios, cuántos tendremos que sucumbir en esta época de los calores. Aquí no hay inodoros apropiados, y sería bueno que su periódico excitase a las autoridades militares para que se nos instalen, toda vez que los presos proporcionamos al Gobierno con nuestros trabajos que explota, lo suficiente para llevar a cabo estas mejoras ; porque hay que advertirle, señor Director, que muchos de nosotros desempeñamos los trabajos de herrería, carpintería, albañilería y hasta de mecánica en los talleres del Arsenal Nacional, sin recibir más emolumento que ochenta y cuatro centavos semanarios, no obstante que hacemos el mismo trabajo que los operarios que cobran cuatro y cinco pesos diarios.

Nosotros descargamos todo el carbón de piedra que el Gobierno recibe y cargamos de él a los transportes de guerra, y después de esta faena dura y pesada, venimos a recibir un alimento deficiente y malo, pues el rancho que se nos da puede competir con el que se da en el Valle Nacional…..

…..Hace más de dos años que no se nos da ropa interior y los palos son aquí plato del día; y lo matan a uno a palos, sin que a nadie le importe nada, bastando que a uno le encuentren una botella de aguardiente, no obstante que aquí hay cantina pública. Trabaje usted, señor Director, porque se suprima este comercio, porque es un perjuicio para nosotros, que cuando nos emborrachamos no solamente nos dan de palos y nos meten al calabozo, sino que perdemos nuestra libertad preparatoria……

…..Haga usted, señor, porque se nos suprima la cantina y los palos, pues los capataces son todos sanguinarios; que el garrote y nervio de toro que usan, no les sirva nada más que para defenderse, en vez de utilizado como lo hacen, en golpear a los hombres borrachos e indefensos…..

La carta no dio ningún resultado ya que todas las gestiones que se hacían para mejorar las condiciones dentro del penal, eran sistemáticamente rechazadas. Calderón permaneció todavía más de un año en la fortaleza,

Diéguez, al quedar solo en la enfermería, tuvo oportunidad de llevar a efecto una labor verdaderamente humanitaria, prodigando sus cuidados no sólo a sus compañeros que caían enfermos por los maltratos, por la pésima alimentación y el ambiente mortal de los calabozos, sino también a los delincuentes que la desgracia o el crimen había llevado a aquel presidio “fatídico y siniestro”. Pero no por el hecho de estar allí comisionado y ser de la estimación de los médicos, escapaba de pasar las noches en las nauseabundas y húmedas galeras, donde permanecía desde las seis de la tarde hasta las cinco de la mañana, hora en que se tocaba diana y se repartía el primer alimento que diariamente se daba a todos los reclusos.[4] Baca Calderón sobrevivió al encierro en las mazmorras gracias a los cuidados de Diéguez cuando enfermaba o era golpeado por los carcelarios. Disfrutó de los beneficios de su comisión hasta principios de 1911, en que por circunstancias desconocidas, Diéguez fue de nuevo encerrado en la galera en que se hallaba Baca Calderón, donde junto con éste, en medio de sus propios problemas, siempre se dedicó a enseñar a escribir y leer a muchos presos.

En el mes de julio de 1911, después que Diéguez y Baca Calderón enviaran al Presidente de la República una carta abierta solicitando su liberación, Zenón Torres, un ex-miembro de la Unión Liberal Humanidad, tomando esa carta como base escribió una columna sobre los eventos de la huelga de Cananea en 1906 bajo el título: “Los Mártires de Cananea. Diéguez y Calderón”, columna que se publicó de nuevo el 2 de agosto y que a continuación se transcribe textualmente:[5]

“Una reciente carta abierta dirigida al C. Presidente de la República, por los señores Manuel M. Diéguez y Esteban B. Calderón, nos trae a la memoria el recuerdo de los sangrientos sucesos de Cananea, por los cuales esos paladines han vivido largos cinco años[6] en los calabozos de San Juan de Ulúa.

El que esto suscribe fue uno de los miembros de esa agrupación que laboraba en bien de los trabajadores mexicanos y en contra de un Gobierno despótico y tirano que protegía incondicionalmente a los extranjeros, con mengua de los pobres y sufridos mexicanos. Deben recordarlo muy bien los señores Diéguez y Calderón que en compañía de Lázaro Gutiérrez de Lara, Antonio Q. Murrieta, José Carmelo y otros cuyos nombres escapan a nuestra memoria, nos reuníamos para combatir a la odiosa tiranía representada por el americano Mr. Greene y por Mr. Metcalf, de tan infausta memoria.

Desde las columnas de un periódico local primero, y después desde “El Correo de Chihuahua”, “El Clarín del Norte” y “El Progreso Latino”, el que esto escribe fustigó al miserable traidor Rafael Izábal, al cacique General Luis E. Torres y al nefasto Ramón Corral que formaban una dolorosa trinidad, apoyada incondicionalmente por el tirano Dictador, causando la desgracia de todo el Estado de Sonora y la ruina y muerte de un puñado de sus hijos.

Diéguez y Calderón fueron los mártires de los sangrientos sucesos del 1º y 2º de Junio del 1906, Presidente y Secretario del Club de Obreros que solicitaba derechos y prerrogativas para sus compañeros, fueron los que asumieron la responsabilidad contraída y como la mayor parte de los socios pudimos huir rápidamente al día siguiente de la trágica matanza, unos para el sur del país y otros par los Estados Unidos, estos dos compañeros cayeron en las garras del General Torres quien los hizo responsables del motín. Los demás nos salvamos.

Bien dice Juan Sarabia en no lejano número del “Diario del Hogar”….. ‘Comprendo como todo el mundo, que esta revolución fue preparada por los trabajos de los viejos luchadores liberales que combatimos la Dictadura cuando Madero no nacía a la vida política y que señalamos con el ejemplo el camino que se debía seguir para derrocar al tirano, cuando Madero estaba lejos de ser revolucionario.’

Entre esos viejos luchadores se encuentran Diéguez y Calderón, por eso C. Presidente Interino de la República debe oír las súplicas de esos mártires y concederles inmediatamente su ansiada libertad, pues si desde hace tanto tiempo laboraron por derrocar a la odiosa Dictadura, es justo que ahora disfruten del triunfo, siquiera llevando la paz y tranquilidad a sus pobres familias, ya que no desean honores y glorias, como las obtenido muchos maderistas, que después del triunfo, y cuando no se sufría absolutamente nada, han asaltado pueblos y han ocupado ciudades y se han paseado triunfantes ostentando sus cananas repletas de ‘inocentes’ cartuchos y sus trajes llamativos. El Gobierno emanado de la revolución debe ser justo y equitativo.

Los señores Diéguez y Calderón merecen la consideración general, y como ellos, todos sus compañeros de infortunio, con más razón que tanto maderista de última hora.

Esperamos, pues, que estos paladines sean libertados en aras de la justicia y del derecho de los pueblos cultos.”

ZENON TORRES

Diéguez y Baca Calderón respondieron mediante una carta  que se publicó en el periódico “La Opinión” con fecha 29 de julio de 1911 en una columna que llevaba el título “Desde el antro de la muerte. Los sucesos de Cananea y el Sr. Torres”. La carta literalmente decía:

“Ulúa, a 28 de Julio de 1911

Sr. Zenón Torres

H. Veracruz

 

Estimado señor:

Ayer tarde vimos su reminiscencia de los sucesos de Cananea. Gracias infinitas por la nobleza de sus deseos. Gracias también al señor Director de “La Opinión” por su valioso apoyo moral.

Efectivamente recordamos que usted es uno de los miembros de la Unión Liberal de Cananea y que repetidas veces nos llamaron la atención sus serenas y viriles producciones publicadas en la prensa. Como Ud., reconocemos que fueron de trascendencia aquellos sucesos por la magnitud de los intereses disputados y por la sangre vertida de la manera más infame. Recordará usted que la cuestión del aumento del salario era secundario; lo que nosotros queríamos era ampliar su campo de acción a los nacionales, que casi en general trabajaban como simples peones, sin derecho a los ascensos. Esta reforma garantizaba las mismas utilidades a la Empresa, porque tendía a despertar la emulación entre todos los asalariados, sin distinción de nacionalidades. Pero no se nos quiso oír; los viles opresores comprendieron que la manifestación de aspiraciones legítimas se encaminaba sin vacilaciones hacia la emancipación política. Desde entonces la prensa y los patriotas en general se convencieron de que la Dictadura no era más que un Gobierno estúpido, traidor y menguado.

Mr. Greene, el sombrío personaje de la tragedia, felicitó en su oportunidad al señor Madero por la toma de Ciudad Juárez y ahora ha licenciado con su dinero a los insurgentes de Cananea. No sabemos sí se trata de un préstamo o de un regalo hecho a la Revolución; pero si podemos asegurar que el Creso busca la tolerancia de los nuevos hombres del poder, como en los tiempos de Izábal, Torres y Corral.

Nosotros quisiéramos ir cuanto antes a la frontera para unir nuestro humilde esfuerzo al de los hombres puros que velan por los intereses de la civilización.

Somos de usted humildes compañeros y adictos servidores.

Manuel M. Diéguez, Esteban B. Calderón.”[7]

Después de escribir esta carta dirigida a Zenón Torres, este con fecha 3 de agosto publicaría una carta abierta a Francisco I. Madero, que se divulgó en una columna cuyo nombre era “Carta Abierta al Sr. Madero. Un Superviviente de los Trágicos Sucesos de Cananea Pide la Libertad de los Sres. Diéguez y Calderón que acaban de Salir de Ulúa”, misma que a continuación se transcribe literalmente:[8]

“Acayucan, Ver. 1º de Agosto de 1911.

Señor de mi respeto:

Un superviviente de los trágicos sucesos de Cananea, Sonora, que tuvieron lugar los días 1º y 2º de Junio del año de 1906, y que ahora come el triste pan del destierro en este rincón del Estado de Veracruz, después de luchar por la prensa y la tribuna, en contra de la oprobiosa tiranía de Izábal, Torres y Corral en Sonora, y de Terrazas y Creel en Chihuahua, tiene la alta honra de dirigirse a usted, para suplicarle que no olvide a un puñado de valientes que luchando desde esa época a brazo partido en contra de la tiranía reinante y por el santo deseo de buscar un campo de acción más amplio para el pobre trabajador mexicano, cayó entre las garras del infame general Luis E. Torres, y hoy gime en las mazmorras del Castillo de San Juan de Ulúa.

Entre esos mártires descuellan Manuel M. Diéguez y Esteban B, Calderón, arrancados del seno de sus familias en la florescencia de su vida y que reclaman su libertad en aras del triunfo de la santa causa que desde hace más de cinco años defendieron.

Yo fui compañero de esos denodados campeones, pero pude escapar de las garras del tirano y huir para los Estados Unidos. A los pocos días volví al país y desde las columnas de varios periódicos en Ciudad Juárez, Chihuahua, Tacubaya y México, combatí rudamente en contra de la tiranía y en defensa de mis compañeros, lo que dio lugar a que fuera muy perseguido por los partidarios de Corral y tuviera que refugiarme en las entrañas de la Sierra de San Martín, en el Cantón de los Tuxtlas, para venir después a desempeñar un puesto humilde en este lugar.

Señor Madero: los señores Diéguez y Calderón, y el grupo de compañeros que están en Ulúa, a semejanza de Juan Sarabia, tienen derecho a la libertad. Influya usted en el ánimo del Señor Presidente de la República para que estos luchadores lleven a sus pobres familias la tranquilidad y el regocijo de su libertad augusta. Si tal hiciere usted en favor de esos mártires, se llevaría usted de seguro el aplauso sincero de las almas buenas y de los corazones bien puestos.

Soy de usted su muy atto., afmo. y S.S.

ZENON TORRES.”

Permanecieron en prisión hasta después del triunfo del movimiento maderista y salieron del presidio el 2 de agosto del mismo año, un día después de la carta enviado por Zenón Torres a Madero y un día antes de que se hiciera pública. Salieron en agosto a pesar de que hacía poco más de dos meses que las armas revolucionarias habían hecho desaparecer el porfirismo que los había condenado por apoyar las luchas en favor del proletariado.

En Veracruz, una vez obtenida su libertad, de paso para el norte del país, los dos luchadores fueron entrevistados por un reportero del periódico "El Dictamen" con la finalidad de que le expusieran sus experiencias durante el encarcelamiento y le manifestaran su opinión sobre diversos asuntos de actualidad. La entrevista fue publicada ese mismo mes de agosto y durante la entrevista agradecieron a quienes les dieron apoyo, hablaron del sufrimiento mental y físico al que estuvieron sometidos; además de temas como la revolución, los revolucionarios y los liberales. De dicha entrevista, se reproduce lo siguiente: [9]

Calderón: Ruego a usted haga presente nuestro profundo agradecimiento a la prensa y a todas las personas que hicieron extensiva hasta nosotros su piedad, como un lenitivo enviado a la desgracia.

Reportero: Serán obsequiados los deseos de ustedes, se los aseguro, y los felicito cordialmente por su liberación.

Calderón: ¡Ah.....gracias! Acabamos de salir de aquella ergástula asesina, nido de la desesperación humana, y nuestra dicha no es completa ni lo será, porque nunca olvidaremos una mutilación de cinco años de vida.

Reportero: -Revéleme usted sus impresiones sentidas en la Bastilla.

Calderón: Mi condición de víctima del absolutismo me asegura la benevolencia pública, mas no debo cansar la atención de nadie, por lo que omito lo que todos saben, y sólo digo a usted, que las penas físicas que nos ocasionaron las pésimas condiciones del arcaico presidio, son una caricia comparada con las penas puramente morales que en repetidas ocasiones ponían en ascuas nuestro dolorido espíritu.

Reportero: Expréseme usted todo su pensamiento. Continúe usted.

Calderón: Me refiero a las penas que sufre un hombre indefenso cuando ama la causa de la justicia y de la fraternidad humana y se ve escarnecido, sin motivo ni razón, por individuos de baja estofa, pero con entorchados, y sin poder unir su esfuerzo al de sus hermanos en lucha noble por la libertad.

Reportero: Es sensible que entre los militares haya todavía personas que tan mal entienden su papel.

Calderón: Sí, es doloroso; y será la peor desgracia que el ejército en general se obstine en su absurda interpretación del principio de autoridad, sin evolucionar abiertamente en el sentido de la moderación y del respeto a la libertad política como lo exige el espíritu del progreso. Algunos residuos de la tiranía son tan atroces que intencionalmente buscan motivo para escarnecer en la persona débil, del indefenso, a la razón, a la justicia, a la dignidad, arrastrados por un impulso de orgullo necio y por instintos bestiales, desplegando tanta mayor inquina cuanto más ilustrada y digna sea la víctima. Enaltecidos artificiosamente por su servilismo y por el favor oficial, ellos fueron los más valiosos instrumentos de aquel régimen basado en el despotismo y el atentado, y hoy todavía reclaman respeto y honores. Son los árbitros absolutos del destino de miles de desvalidos. Esto es atroz, inconcebible, es un sarcasmo como vil escupitajo a la fe pública. Invocando el sacrificio de los mártires de la libertad, el infortunio de los huérfanos, el dolor de las viudas, la desesperación de las madres, exhorto y conjuro a la Revolución para que, sin más demoras ni miramientos, extienda su licencia absoluta, irrevocable, a todos los jefes y oficiales sin ilustración y sin conciencia, ni criterio, .indiferentes al hermoso ideal de la fraternidad humana.

Reportero: ¿Usted ha cumplido y cumplirá siempre sus deberes como amante de la civilización?

Calderón: En lo posible. Mi satisfacción consiste en que desde hace seis años me afilié al grupo de hombres que pugnaban por despertar la conciencia del pueblo. Es un grupo que se vigoriza de día en día, que siempre causará inquietud a los prevaricadores y especuladores sin conciencia, y que hoy, a la sombra bienhechora de la paz orgánica, seguirá impasible su marcha hacia el porvenir. Somos de los idealistas, no somos de los adoradores del éxito, ni de los que aspiran a los honores y recompensas. Nuestro maestro Juan Sarabia es un joven esclarecido y tan puro, que la más leve sombra de ambición personal causaría tal estrago en su luminoso espíritu, como el de una gota de ignominia que cayera sobre su gloria.

Reportero: ¿Qué dice usted de los hombres de la Revolución?

Calderón: Digo que es necesario hacer de ellos una clasificación justa: la gestación redentora no data de la entrevista Díaz-Creelman, porque el movimiento de emancipación económica y política lo prepararon los excelsos pensadores y un reducido grupo de patriotas viriles, figurando en primera línea unos cuantos periodistas abnegados. Digo que la Patria debe sentirse orgullosa por sus triunfos y sus glorias, y que me inspiran la más profunda veneración los mártires de la libertad como Serdán y Moya; que rindo tributo de respeto y gratitud a los Madero, por patriotas, y de admiración muy sincera por su elevación de sentimientos y energía a las heroínas de la tragedia libertaria, como las Neri, como las Serdán, dignas todas de la epopeya nacional.

Después de dejar Veracruz y llevando en lo más profundo del alma la impresión indeleble de su injusto cautiverio y teniendo la firme convicción de volver a las luchas proletarias dentro de los principios liberales, Diéguez y Calderón, llegaron a la ciudad de México donde se entrevistaron con el recién liberado Juan Sarabia, con Antonio I. Villarreal, Díaz Soto y Gama, Fernando Iglesias Calderón y otros liberales que se dedicaban con la personalidad de Junta Directiva a la reorganización del Partido Liberal en la República, a quienes les comunicaron su intención de seguir bregando con la bandera liberal, por lo que éstos, conociendo a fondo sus antecedentes les extendieron el nombramiento de delegados que los autorizaba para "organizar corporaciones liberales y realizar toda clase de trabajos que favorecieran el desarrollo y progreso del Partido Liberal".[10]

Esta demás comentar que realmente fueron unos sobrevivientes de esa fatídica fortaleza, ya que de más de 300 enemigos políticos del porfiriato que entraron a esa prisión desde 1906, al término de la dictadura solo quedaron con vida poco más de 80 individuos.[11]

DE REGRESO EN CANANEA

Después de pasar poco más de dos meses en la Ciudad de México, marcharon a Cananea a donde llegaron a finales de octubre y fueron recibidos con sumo afecto y hasta fue organizado un baile de bienvenida en su honor, e inmediatamente les dieron el trato de líderes, sobre todo a Diéguez, ya que los mineros no podían olvidar sus luchas y sacrificios por levantar su condición de explotados por el capitalismo extranjero y rebajada su condición humana por la dictadura.

Con el arribo del maderismo se creo el Departamento del Trabajo en septiembre del 1911 con tres funciones básicas: 1) Recoger y publicar los informes sobre las condiciones de trabajo y los problemas ocurridos en el territorio nacional; 2) Mediar entre los obreros y patrones en la celebración de contratos de trabajo; y 3) Procurar que entodo conflicto obrero-patronal se llegara a una solución de carácter estrictamente voluntario. Sin embargo, el trato del regimen maderista hacia los obreros era de una ambigüedad tal que alternaba la mano dura con las promesas reiteradas en las negociaciones con los empresarios, donde los dirigentes obreros no tenían voto, solo voz.

Por otra parte, la llegada de Madero al poder permitió, junto con otros aspectos sociales, que a nivel país, entre 1911 y 1912 se formaran diversos sindicatos y uniones de obreros en diferentes zonas del país. En el norte se creó la Unión Minera Mexicana con dieciseis sindicatos mineros, incluyendo la Agrupación de Mineros de Cananea. El primer conflicto laboral que se dio en Cananea, ocurrió en octubre de 1911, días antes de que Baca Calderón y Diéguez llegaran a Cananea después de salir de prisión, pero fue rápidamente controlado y su lider Ignacio T. Romero fue arrestado por incitar a un levantamiento contra las autoridades.[12] El paro comenzó en la mina Eureka al declararse en huelga 800 trabajadores, paro que se extendió a la mina Oversight; y cuya petición en común era la destitución de dos capataces estadounidenses. Benjamin Hill quien quien estaba al frente de la prefectura de Arizpe, con sede en Cananea, simpatizante de los obreros, mando arrestar a los dos mayordomos y una multa de 20 mil pesos, obteniendo la simpatía de la Unión Obrera; sin embargo, esto impulso una queja de la 4C con el gobierno gringo, volviéndose un problema internacional, teniendo que soltar a los mayordomos con una multa de 300 pesos.

A finales de octubre de ese mismo año, bajo esta tensión laboral, a su llegada a Cananea y antes de dar inicio a su labor social, Baca Calderón y Diéguez visitaron y fueron entrevistados por el periódico “La Verdad”, donde se refirieron a la necesidad de orientar a todas las clase sociales en la lucha progresista, la necesidad de crear una situación política bien definida por el bien de la justicia, afirmaban que tenían el propósito de constituir de nuevo la “Unión Liberal Humanidad” (ULH) que había sido disuelta por la dictadura, que propondrían la idea a las Sociedades Mutualistas y al público en general con la intención de abarcar a la mayor gente posible, es decir, replicar la política laboral y social que esta sucediendo a nivel nacional. Comentaban que, en su momento, cuando las autoridades locales lo permitieran, lanzarían la convocatoria y adoptarían el mismo programa que el Partido Liberal, que para entonces presidía a nivel nacional el historiador Fernando Iglesias Calderón.[13]

Posteriormente, fueron entrevistados por un corresponsal del "Correo de la Tarde", a quien le expresaron que su regreso al mineral tenía por objeto no sólo trabajar por el bienestar propio, sino cooperar con su esfuerzo al mejoramiento de las masas populares y, que para ello, de nuevo comentaron, tenían la intención de reorganizar la Unión Liberal Humanidad. Por esos días Ricardo Flores Magón fomentaba un movimiento anarquista en la Baja California, se les preguntó sobre si estaban de acuerdo con la actitud de Flores Magón, a lo que manifestaron que no, porque si bien era cierto que habían estado cuando su común bandera de combate era la del ideal democrático, ahora era muy distinto, porque aunque reconocían un gran fondo de bondad en el ideal anarquista, entendido en el sentido de armonía social basada y en la libertad absoluta, creían que tan bella utopía sólo se podría realizar cuando al cabo de varios siglos se hiciera la luz en los cerebros y cuando imperara en todos los corazones el hermoso sentimiento de la fraternidad humana; que deseaban la fraternidad universal, pero que unirían sus esfuerzos únicamente a los de los hombres que trabajaban con método y honradez por amor a la verdad, a la justicia y al progreso humano.[14] Con esto dejaban claro que estaban rompiendo con Ricardo Flores Magón y los anarquistas, pues al igual que Arriaga y Villarreal, pensaban que se habían radicalizada a tal nivel que ya no cabían en una sociedad como la mexicana.

El resto del año, Baca Calderón y Diéguez, lo pasaron reintegrándose a la sociedad cananense y restableciendo sus relaciones con muchos de los obreros participantes en la huelga; sin embargo, pronto surgirían los problemas, ya que el 14 de febrero de 1912 se levantarían unos 20 mineros en armas encabezados por José Rodríguez, Adolfo Duhagón y Ángel Coronado. José Rodríguez era un conocido contrabandista a cuyo socio, José Flores, recientemente le había dado muerte la Gendarmería Fiscal. Duhagón y Coronado eran presidente y vicepresidente, respectivamente de la Unión Minera. Duhagón había participado en la huelga de 1906 y estuvo dentro de la comisión que entregó el pliego petitoria a la 4C. Esto sucedía porque a la llegada de Diéguez y Calderón, los mineros pedían su destitución y estos recurrieron a todo tipo de engaños para sugestionar a los mineros tratando de hacerles creer que el Partido Liberal era su enemigo, buscando aislar a Diéguez y Calderón quienes eran los delegados de la Junta Iniciadora de la Reorganización del Partido Liberal, a pesar que esos mismo individuos había organizado el baile de bienvenida en su honor cuando llegaron a Cananea en octubre pasado. Iniciaron una campaña de desprestigio en contra de los recién llegados porque estos no los quisieron secundar en sus triquiñuelas y trataron de desacreditarlos pero no lograron su cometido. Esto derivó en que los dirigentes de la Unión Minera se rebelaran en Buenavista con un puñado de mineros incondicionales y al levantarse en armas matan a dos policías y hieren a otro y huyen rumbo a la sierra y después se unen a los orozquistas.[15]

Para mayo de 1912 la Unión ya estaba constituida, pero ahora con el nombre de “Unión Liberal Benito Juárez y el presidente era Esteban Baca Calderón.[16] Fue puesta en marcha con la ayuda de algunos de sus antiguos compañeros, prestando de esta manera grandes servicios a los mineros, que no obstante que habían logrado algunas conquistas, todavía no disfrutaban de un salario justo ni las condiciones de seguridad adecuadas para sus labores.[17] Como presidente de la Unión Liberal, Baca Calderón, en mayo de ese año tuvo algunos desacuerdos con el Gobernador Maytorena, sobre todo cuando lo criticó duramente por tratar de implementar la obligatoriedad del reclutamiento de ciudadanos para la Guardia Nacional, sin embargo, el gobernador se disculpa en una carta enviada a Baca Calderón.[18]

Desde hacía varias semanas el ambiente político en Cananea estaba en efervescencia y desde mayo se empezaron a preparar, para esto, el 19 de mayo en el edificio de la Escuela de Obreros, se realizó una reunión organizada por la Unión Liberal Benito Juárez cuyo objetivo era la integración del Comité Ejecutivo Electoral del Primer Distrito Electoral de Sonora para las elecciones de diputados y senadores. Por supuesto las organizaciones sindicales que estaban más politizadas, de las cuales ya se habían constituido varias, acudieron a la reunión y nombraron a Esteban Baca Calderón como Presidente del Comité con facultades para nombrar a dos ayudantes, pero prefirió someterlos a votación y fueron designados Ricardo Flores y Domingo López.[19]

Después iniciaría la campaña para la elección de la presidencia municipal, y algunos grupos ya tenían su candidato, bajo esta premisa, en el salón de la Liga de Carpinteros el 21 de agosto de 1912 la Unión Liberal Benito Juárez realizó una reunión para considerar la solicitud de la Unión Liberal Ignacio Zaragoza de Buenavista, para ponerse de acuerdo sobre la candidatura que apoyarían y se acordó apoyar la candidatura que ya se venía mencionando en el panfleto denominado La Soberanía Popular que editaba Baca Calderón.[20] Por supuesto el candidato era Diéguez quien fue postulado como Presidente Municipal y electo por unanimidad de votos por los trabajadores, quienes lo reconocían como jefe y le guardaban gran cariño, respeto y gratitud.[21] A Baca Calderón se le dio la dirección de la escuela de Buenavista (El Pueblo).

Esteban Baca Calderón como director de la escuela de varones en Buenavista c1912 (Foto: D.P.)

Entre agosto y octubre de 1912, la coyuntura de la presencia de la Rebelión Orozquista trajo un gran caos a Sonora y propició la acción directa de parte de los obreros. Manifestándose ese año como crítico para la política interna, ya que afloraron tres situaciones en los minerales:[22]

1) Aparece en forma generalizada una posición nacionalista, es decir, aflora de nuevo ese sentimiento antiestadounidense por tanto tiempo contenido en el batallar de los obreros de Cananea y otros centros mineros.

2) Los movimientos de huelga vuelven con mayor intensidad, pero no solo en Cananea, sino que estos movimientos se generalizan a las principales minas del Estado.

3) Todos los centros mineros se convierten en zonas de batalla y continúa la política de las facciones rebeldes de surtirse de alimentos y dinero de esos lugares, ya que al ser estos centros mineros lugares donde generalmente había flujo de dinero, siempre se buscaba controlarlas para obtener liquidez vía “impuestos”, que generalmente las empresas pagaba por partida doble, al gobierno y a la facción que controlaba el sitio.

Los mineros que se habían mantenido con un perfil bajo después de la elecciones municipales, a finales de 1912 vuelven bien organizados y en diciembre estallan huelgas al mismo tiempo en los minerales de Cananea, La Colorada y La Dura; y se creía que era una acción planeada por los clubes liberales y con claros tintes revolucionarios, y aunque esto no se pudo comprobar, lo cierto es que manejaban demandas comunes: la destitución de capataces estadounidenses, regularización y modificación del sistema de pago, jornada laboral de ocho horas y mejoramiento en el servicio de los hospitales.[23]

En Cananea la huelga en la 4C inicia el 17 de diciembre cuando dejaron de trabajar más de mil obreros y entre los principales líderes estaba Pablo Quiroga como presidente de la Unión Minera de Cananea (Algunos la mencionan como Unión Obrera), apoyados por Baca Calderón como presidente de la Unión Liberal Benito Juárez y Juan José Ríos como Secretario del Municipio. Las causas del paro laboral fueron: jornada laboral de 8 horas, aumento salarial de 20% y el despido de mayordomos abusivos.[24] También se mencionaba el despido arbitrario de dos miembros de la Unión Minera, solicitaban el reconocimiento de la Unión como órgano representativo de los trabajadores y derogar la prohibición de reunirse públicamente.[25]

Al respecto, Baca Calderón comenta:[26]

“A fines de diciembre de 1912, la Unión Minera (Unión Obrera), declaró una huelga basada en las mismas razones en que se fundó la del día 1º de junio de 1906; esto es: en la discriminación racial y el despotismo de algunos funcionarios de la empresa.

Aunque yo era entonces director de la escuela de varones de Buenavista, y por lo mismo, sin obligación sindical, la Unión Minera me honró con el nombramiento de delegado para que defendiera los intereses del gremio ante las autoridades y los jefes de la empresa.”

Ismael Padilla, el gobernador interino del estado, un antiguo prefecto en Jalisco durante el porfirismo, al tener conocimiento del inicio de la huelga, se trasladó a Cananea e hizo promesas en favor de los obreros; sin embargo, pronto se decantó en favor de la empresa. Sobre este tema Baca Calderón sigue narrando:[27]

“Llamados Ríos y yo, a presencia de dicho gobernador para que expusiéramos las razones en que se fundaba la huelga minera, lejos de tomar en consideración las razones expuestas por nosotros, cerró los oídos a nuestras demandas; nos imputó connivencia con los orozquistas, y nos amenazó con hacer cenizas nuestros huesos. Yo le repliqué:

La resolución de usted no nos afecta; somos hombres connaturalizados con el infortunio y nuestra satisfacción más legítima consiste en haber seguido siempre las inspiraciones de nuestra conciencia. No tememos al fallo de la sociedad, que es nuestro juez, como lo es de usted; ella lo condenará. Obre como le plazca, nosotros estamos en nuestro puesto y créanos usted que más que indignación, nos causa pena que hombres como usted, representante del nuevo régimen, cometan atentados semejantes en hombres como nosotros. Veremos quien sufre las consecuencias. Ríos, hombre de inmenso amor propio, remachó mi sentencia con la elocuencia en él habitual.

Padilla, demudado por la cólera, cenizo el semblante, ordenó a Benjamín Hill que en el acto nos pusiera, a Ríos y a mí, en un tren que estaba listo, con destino a la penitenciaría de Hermosillo.”

La huelga duro seis días terminando el 22 de diciembre, ya que junto con el gobernador interino había llegado un amenazante destacamento de soldados yaquis y rurales con Kosterlitzky al frente, enviado por Gobierno del Estado. Padilla reprimió la huelga bajo el argumento siguiente:[28]

"…había que parar un socialismo mal entendido que ha traído como resultado los conflictos que se están lamentando en diversas partes del país entre el capital y el trabajo."

De los centros mineros en huelga, el de Cananea fue el que se vigiló con mayor celo, ya que algunos de los dirigentes del conflicto habían sido protagonistas de la huelga de 1906, pero también se temía que hubiera un levantamiento revolucionario, el ambiente estaba muy caldeado pues apenas había pasado la rebelión orozquista.

A pesar de la represión por parte del Gobierno del Estado y el encarcelamiento de Baca Calderón y otros líderes, la empresa se vio obligada a negociar y obtuvieron varios beneficios: reducción de la jornada laboral en media hora, instalación de agua potable gratuita, precios más bajos en la renta de casas y terrenos, además de fondos para el hospital del obrero.[29]

Bajo esta tensión social y laboral se desenvuelven tantos los obreros, como los patrones y autoridades estatales, ya que por un lado está la constante amenaza de huelga de los obreros, y por otro, los grupos involucrados en el movimiento revolucionario que exigían a las empresas cantidades fuertes de dinero para financiar la rebelión civil, mientras las autoridades estatales trataban de mediar entre unos y otros, para evitar el cierre de las empresas y de la frontera por donde entraban todo tipo de avituallamientos de uso común y para la guerra; mientras que por ellas se exportaban los minerales beneficiados en el estado, una de las principales o la principal fuente de entradas económicas para el estado vía impuestos.

Ya en enero, después de más de 20 días en prisión sin ser consignados a un juez, Baca Calderón narra su situación en la cárcel de la manera siguiente:[30]

“Pasaron cuando menos 20 días sin que fuéramos consignados a algún tribunal; nuestra prisión era arbitraria, pero Adolfo de la Huerta, diputado local, enterado de aquel atentado, se enfrentó a Padilla exigiéndole que nos consignara a un juzgado sí éramos culpables o nos dejara en absoluta libertad. Era propósito de Padilla enviarnos deportados a Quintana Roo, como lo habían sido, tantos años los indómitos yaquis.

Por supuesto que no volví a la dirección de la escuela para varones de Buenavista. El profesor Luis Vargas Piñera, Director de Educación en el Estado, me ofreció la dirección de la escuela de varones de Álamos. No acepté su proposición, eso equivalía a la renuncia de mis derechos de hombre libre y al sacrificio de mis convicciones.”

Después de pasar más de un mes en la penitenciaría, Baca Calderón y Ríos permanecieron en Hermosillo, pues ya no tenían trabajo en Cananea. Mientras se encontraban en la capital del estado, el 9 de febrero se dio el cuartelazo contra Madero y Baca Calderón y Ríos acordaron que el primero iría a Guaymas a conversar con Maytorena, el Gobernador Constitucional, sobre la imperiosa necesidad de organizar rápidamente fuerzas de voluntarios para defender las instituciones ya que el gobierno de Madero corría peligro; sin embargo, Maytorena se negó argumentando que la rebelión sería aplastada. En vista de que las gestiones con el gobernador fracasaron, Baca Calderón y Ríos decidieron publicar en el diario El Independiente de Hermosillo, un manifiesto al pueblo de Cananea para que se preparara para la lucha por la libertad. La proclama estaba fechada el 12 de febrero de 1913 y a continuación se transcribe literalmente:[31]

MANIFIESTO AL PUEBLO DE CANANEA

“Sabemos bien que ante los peligros inminentes que amenazan al país entero, nuestra voz, en el cortísimo radio de acción que pueda abarcar, nada significaría si al levantarla cedieramos a los impulsos de nuestros egoismos; pero como al hacerlo en esta forma, no solo nos proponemos llenar una misión que ha constituido siempre la norma de nuestra vida, creemos saludable hacerla oir, con la esperanza de esta vez, como en otras, nuestro humilde contingente sea útil a la causa de la razón y la justicia.

Quizás en el curso de este documento deslicemos incoherencias denunciadoras por esta vez, del estado moral que nos anima aun, con motivo de ciertas contrariedades que personalmente hemos sufrido, pero que si esto es así, ello será la mejor prueba de que ni en estado de ofuscación, descuidamos cumplir con nuestras deberes, y de que hoy como ayer, y mañana como hoy, subordinamos y subordinaremos, hasta donde sea posible, las naturales rebeldías del yo egoista a las exigencias del biem general.

Hce mucho tiempo que un peligro nacional, cuya magnitud no se ha podido apreciar sino hasta muy tarde, desgraciadamente, amenaz al país en general y acabará por absorber sus energías vitales, si por el concurso reformador de todos los que directa o indirectamente hemos sido víctimas de sus efectos, no se conjura en forma tal, que acabe por extinguirse totalmente.

Ese peligro que fue en esencia el cientificismo y el porfirismo unidos, tuvo sombrías y elocuentes manifestaciones en los treinta años de dictadura porfiriana, y aunque se resolvió en dos formas distintas, obedecía a una solo finalidad de oprimir, explotar y corromper. Los principales corifeos de aquella escuela tuvieron el privilegio de violar la ley y conculcar el derecho, invocando el falso principio de que el pueblo no estaba apto aún para la democracia.

La opresión, que en el largo reinado del general Díaz, tuvo simplemente los caracteres de una dictadura militar algo benigna, si cabe la paradoja, en el segundo ciclo de su gobierno, degeneró en lo más inmoral y vergonzosa de las administraciones, puesto que bajo sus auspicios, ya no solo se intimaba al pueblo a que renunciara a su dignidad poniéndole una bayoneta sobre el pecho, sino para que dejara francos los bolsillos y apagara los gritos de su conciencia sublevada. Es decir: sele oprimió, se le envileció, se le saqueó.

Porfiristas y científicos se han conjurado en la capital de la República para levantar el pendón ensangrentado y maltrecho de Porfirio Díaz, Corral y Limantour, que dejaron caer en 1911 y han ofrecido al mundo civilizado el vergonzoso espectáculo de tremolar frente a los dolores de la patria, la bandera roja de la infidencia, el rojo estandarte de la defección.

No es oportuno en el presente escrito juzgar los actos del gobierno, para deducir si en la reacción científico-porfirista, hubo o dejo de haber causas determinantes, por más que éstas broten a los labios de todos con la abrumadora precisión de un postulado. La cuestión capital por el momento, la obligación, el deber de todo aquel que conserva aún en su conciencia los efectos de la humillación hecha por el gobernante arbitrario y el favorito impune de aquellos tiempos, estriba en aportar su contingente de dignidad y de patriotismo a la acción común de repeler con la fuerza moral de la opinión, la fuerza material del cuartelazo.

A vosotros hijos del trabajo, nos dirigimos en esta ocasión, para recordaros algo de lo que no ha mucho todavia, manfestamos en documento semejante con motivo de la invasión orozquista al Estado. Nuevamente tocamos vuestro patriotismo para señalaros el mal que amenaza al país entero y expresaros la necesidad indigente de conjurarlo a todo trance. Recordad las inocuas inmolaciones de que fue víctima el pueblo obrero, principalmente cuando trató de ejercer sus derechos, inmolaciones fraguadas por los ‘científicos’ y ejecutadas por los porfiristas.

Tened presente que ellos, los científicos-porfiristas asesinaron al pueblo obrero en Cananea en 1906, y los ametrallaron en Orizaba y Velardeña en 1907 y 1909. Ellos decretaron los destierros políticos para los que en aquel tiempo se declararon defensores de la clase humilde; ellos, por mediación de los jueces venales, entraron a saco en las imprentas de los periódicos de oposición, decomisándolas y refundiendo a sus redactores en la cárcel de Belén; elloe elevaron a Corral a la vicepresidencia de la República, sostuvieron a Díaz por treinta años en el poder y comprometieron a la nación con empréstitos ruinosos para saciar su avaricia; ellos acuchillaron, saquearon, degradaron, explotaron y envilecieron al pueblo de aquel tiempo, y ellos, en fin, quieren de nuevo envilecerlo, disfrazándose con la máscara del patriotismo que jamás han alentado en sus pechos de roble.

La protesta con la palabra y con el hecho, en el grito de alerta con la idea y con la acción, serían en los presentes momentos, la mejor prueba de que no se extingue en vosotros el sentimiento humano que se llama odio contra el mal; y nosotros, a quienes no podra alcanzar la más ligera sospecha de una conversión vergonzosa hacia la facción que en jerga periodística ha sido gráficamente denominada ‘Porra’, nos permitimos sin más deseo que el de contribuir en esta forma al desarme moral de la reacción científico-porfirista, invocar vuestro patriotismo y vuestra dignidad, para que sin vacilaciones y sin miramientos,  sin temores ni cobardías, levanteis la voz en son de protesta contra el cuartelazo llevado a cabo en la capital de la República, por los generales Félix Díaz y Manuel Mondragón.

Demos tregua por un momento a nuestras contiendas contra la banda de impositores denominada ‘Porra’ —que en rigor no es sino una grotescacaricatura del cientificismo—, para consagrar nuestras energías a la salvación del país de un naufragio colosal en el oceano de todas las ambiciones.

Demos tregua a nuestras reyertas locales provocada por la torpeza de algunos hombres del poder y por la necesaria y por necesaria intolerancia de los de la oposición, para salvar el escollo a que tratan de precipitar el país aquellos que han olvidado la noción del honor para acordarse solamente de que sus ambiciones personales son más poderosas que su honradez.

El verdadero peligro para la patria esta en la reacción científico-porfirista que se yergue allá en la capital de la República, con gesto trágico y amenaznate. El ‘porrismo’ sean los chanchullos de cierta gente despreciable que por su estrechez de criterio y carencia de escrúpulos,  han creido que la poca libertad conquistada, sólo a ellos debe aprovecharles, no es un peligro inminente para nuestras instituciones democráticas: al contrario de los científicos-porfiristas que son audaces e inteligentes, estos son torpes y cobardes. Dejémoles en su triste papel de histriones, pálidos y temblorosos por el olor de la pólvora y enfrentémonos con los reaccionarios, demostrando con hechos lo sentado por Vargas Vila: Mientras haya un solo hombre que proteste en las horas definitivas de la historia, no habrá triunfos definitivos del mal. Por más que digan lo contrario la humildad de los vencidos resignados a la derrota, o a la insolencia de los vencedores, orgullosos de la victori; ¡la reacción científico-porfirista. He allí al enemigo!

Hermosillo, Son. 12 de febrero de 1913.

Juan José Ríos-Esteban Baca Calderón.”

A LA REVOLUCIÓN

Después de la publicación Baca Calderon y Ríos regresan a Cananea, y mientras circulaba el manifiesto entre la población se enteraban del asesinato de Madero y Pino Suárez. Tan pronto como se supo de la muerte del presidente y del vicepresidente, el 24 de febrero, Manuel M. Diéguez como presidente municipal, citó a los líderes de las agrupaciones liberales, compañeros de la huelga de 1906 y otros representantes de la sociedad, a una reunión en el Salón de Cabildos del Palacio Municipal, para analizar la situación y conocer cuál era el sentir de la población.[32] En la junta había representantes de los obreros, comerciantes y líderes liberales. Cuando la reunión se desarrollaba, Diéguez recibe una llamada del Comandante de la Policía, quien le hablaba desde la Botica Americana (Juárez y 3ra Oeste) comunicándole que le habían informado que una columna de soldados procedentes del cuartel de la Mesa Sur, iba hacia el palacio, ya que se habían enterado de la reunión e iban con la consigna de que la junta era para planear un levantamiento armado y venían por Diéguez y sus seguidores. Cuando Diéguez comunica la información recibida a los integrantes de la reunión, el Salón de Cabildos se vuelve un caos, unos salieron corriendo por las escaleras y otros por las ventanas, olvidando sombreros, bastones y demás objetos personales en su prisa por salir del Palacio.[33] En la junta se había acordado el desconocimiento de Huerta, quedando como jefe del movimiento que se planteaba el propio Diéguez. También se acordó establecer un cuartel de reclutamiento en Buenavista a cargo de Pablo Quiroga, dirigente de la Unión Minera.

Diéguez comisionó a Baca Calderón para que se trasladara hacia Agua Prieta y entrevistarse con Plutarco Elías Calles, el comisario de esa frontera, para exponerle los planes revolucionarios de Cananea. Sin embargo, no llegaría ya que en Douglas es avisado por Roberto Pesqueira y otros, que Calles había huido hacia San Bernardino precipitadamente porque supo que había orden emitida en México para aprehenderlo y fusilarlo.[34]

A su regreso a Cananea, Baca Calderón junto con Juan José Ríos fueron a visitar al Col. José R. Moreno, comandante de la guarnición militar de Cananea, por cierto muy apreciado por la población. Le hicieron saber que el pueblo estaba en contra del Cuartelazo y que condenaba a los traidores y apelaron a su honor. Moreno dijo que no podía deponer las armas que el gobierno le había confiado y que el mandato de Victoriano Huerta estaba legalizado por el Senado; sin embargo, comentó que no iría en contra de los que se levantaran en armas, que se limitaría a defenderse sí era atacado en su propio cuartel.[35]

El 27 de febrero una turba desarmada recorría las calles de Cananea gritando Viva Madero!!! Amenazaba con atacar a los 300 soldados federales de la guarnición que estaban al mando del Col. Moreno. Los federales, como había comentado el coronel, prudentemente, se atrincheran en el cuartel de la Mesa Sur y en el cerro del Fortín donde pusieron trincheras con ametralladoras.[36] Otro día, unos 400 mineros maderistas de Cananea y otros 50 de Buenavista, llegan al Palacio Municipal demandando armas diciendo que están dispuestos a defender la ciudad de los federales.[37] Esto sucedía porque los mineros de Cananea y de otras poblaciones, siempre habían recibido apoyo de Madero; sin embargo, a pesar de lo alterado que estaba la población, las cosas no pasaron a mayores y finalmente solo unos 150 de estos hombres estaban bien armados.[38] Este grupo de mineros al mando de Manuel M. Diéguez sería conocido como Primer Cuerpo de Voluntarios de Cananea. Después se seguirían formando más cuerpos de voluntarios en el noreste de Sonora.[39]

El día 3 de marzo, entre las 9 y las 11 de la noche, Diéguez a la cabeza de más de 400 hombres abandona Cananea dejando la ciudad a los federales. La salida de Diéguez de la ciudad tomó por sorpresa a todo mundo, ya que se pensaba que podía presentar batalla a los federales en cualquier momento; sin embargo, conocía bien las limitaciones de su irregular ejército, por lo que prefirió dejar la ciudad y esperar apoyo inmediatamente afuera de la ciudad, estableciendo su campamento, en primera instancia, en “La Empacadora”, donde en el techo de un carro de ferrocarril, montaron una ametralladora para defenderse en caso de un posible ataque.[40]

Otro día, el 4 de marzo, la Secretaría de Relaciones Exteriores envía un comunicado a la Secretaría de Guerra y Marina, en los siguientes términos: [41]

El Señor Don José S. Sáenz y el Cónsul de México en Douglas, Arizona, en telegrama de fecha 1º del mes en curso me dicen:

Nueve A.M. ayer comenzó motín en Cananea apoyado Prefecto Distrito y Rafael D. Castro, Placido G. Moreno, Juan José Ríos, Esteban B. Calderón, Francisco González, pueblo inconsciente no obra más que por impulsos perturbadores del orden. Jefe Moreno fuerzas federales sostiene su puesto, no han cometido desmanes hasta hoy. Póngome comunicación Gral. Ojeda. Si es necesario marcharé lugar sucesos para convencerles. Se impone paz salvar todos intereses. Datos que comuniqué traídos por un enviado al lugar informarme situación. Seguiré comunicando cuanto ocurra. Ruego comunicar informes Gral. David de la Fuente.”

El 5 de marzo Pesqueira expide el Decreto de Ley Núm. 122, mediante el cual se desconoce oficialmente al gobierno de Victoriano Huerta y con el respaldo de los diputados y autoridades locales, Ignacio L. Pesqueira, preparó la defensa de la soberanía del Estado. Establecida la oposición entre los poderes locales y el régimen del general Huerta, Pesqueira, el mismo 5 de marzo nombra Jefe de la Sección de Guerra del Estado al Coronel Álvaro Obregón por sus méritos en el combate a la rebelión orozquista en Sonora; y jefes de operaciones militares en las regiones norte, centro y sur a los coroneles Juan G. Cabral, Salvador Alvarado y Benjamín G. Hill, respectivamente.[42]

Posteriormente, Pedro F. Bracamontes y el Tte. Macías se levantaban en Nacozari; Plutarco Elías Calles (Comisario de Policía), el mayor Antúnez y el capitán Cruz Gálvez se rebelaban en Agua Prieta; en Fronteras Aniceto Campos (Presidente Municipal) también se levantaba; todos dispuestos a la lucha.[43] Estos líderes junto con Manuel M. Diéguez y Esteban Baca Calderón, firmaron el Plan de Nacozari el 12 de marzo y, con esto, todo el noreste de Sonora se pronunciaba desconociendo al gobierno espurio de Huerta.[44]

Después de varios días de esperar refuerzos y la llegada de Álvaro Obregón y Juan G. Cabral, quienes habían tomado Nogales y después de un fallido intento de tomar Naco, el 24 de marzo deciden atacar Cananea que se rinde el día 26, donde Baca Calderón actúa bajo las órdenes de Diéguez, teniendo un papel secundario. Días después inicia el cerco contra Naco donde estaban atrincherados los federales al mando del general Ojeda. También en esta batalla que concluyó el 13 de abril con la caída de esa frontera, Baca Calderón, igualmente, tuvo una participación discreta bajo el mando de Diéguez.

Esteban Baca Calderón como revolucionario c1913 (Fototeca INAH).

Después de dominar casi toda la frontera con Arizona, Álvaro Obregón se traslada a Hermosillo y se sigue hasta Estación Batamotal, donde se encontraba Ramón Sosa, para inspeccionar la situación de los federales que se encontraban acuartelados en Guaymas. Después de concentrar a parte de la fuerzas que había quedado en Cananea reorganizándose, amaga con atacar a los federales y los obliga a salir del puerto y perseguirlo y los enfrenta desde el 9 de mayo de 1913, en lo que se denominó la Batalla de Santa Rosa, derrotándolos contundentemente.[45] Poco después, los derrotaría de nuevo en la Batalla de Santa María. En ambas batallas Baca Calderón tuvo un papel discreto al mando del Coronel Diéguez.

Después de ser derrotados, los federales se concentraron en el puerto de Guaymas, puerto que de inmediato fue cercado por tierra por las fuerzas constitucionalistas al mando de Obregón para evitar su salida a combatir, ya que era una ciudad clave para el control total de Sonora, ya que era la única salida importante al mar del estado.

Para finales de julio los conflictos entre las diferentes facciones de los rebeldes revolucionarios eran manifiestos, sobre todo contra Maytorena, quien después de los rotundos triunfos de los constitucionalistas sobre los huertistas, quería regresar inmediatamente al gobierno de Sonora, apoyado por Obregón quien, aunque no quería a Maytorena, quería quitar a Ignacio L. Pesqueira del gobierno interino.

Mientras tanto, Venustiano Carranza venía cruzando la Sierra Madre Occidental desde Durango, ya que no pudo sostener la defensa de Coahuila y el movimiento constitucionalista peligraba. Finalmente Carranza logra llegar a El Fuerte donde el día 14 de septiembre se reúne con Obregón y el día 16 emprenden la marcha a San Blas, el 17 siguen a Hermosillo por ferrocarril llegando hasta Navojoa, donde permanecen hasta la noche y después parten hasta el Campamento en estación Cruz de Piedra, de donde a caballo, siguen hasta Santa María, allí los espera Maytorena y su comitiva. Después, en medio de manifestaciones de bienvenida en honor a Carranza, siguen hasta Hermosillo, donde se le rindió una gran recepción el 22 de septiembre de 1913 y, al final de esta, Obregón fue nombrado Jefe del Ejército del Noroeste.[46]

Más al sur, en Sinaloa la situación se estaba complicando para los constitucionalistas, ya que los huertistas estaban en posesión de Culiacán y Mazatlán, las principales ciudades del estado. Para mediados de septiembre Benjamín Hill al frente de una columna ya los había enfrentado en Mochis donde los derrotó. De esta ciudad se fue avanzando poco a poco, ya que había que reparar varios puentes, tarea que se encargó a las tropas del General Brigadier Manuel M. Diéguez a donde pertenecía el Coronel Baca Calderón (ya habían sido ascendidos por Carranza desde el 29 de septiembre[47]). Desde finales de octubre de 1913 partieron a Sinaloa a combatir a los huertistas con la finalidad de atacar Culiacán, para entonces a Baca Calderón ya lo tomaban más en cuenta para los planes de batalla y en la planeación del ataque a la capital de Sinaloa celebrada el día 8 de noviembre entre otros generales y oficiales estuvo presente.[48]

De acuerdo a los planes, el ataque a Culiacán inició a las 4 a.m. del 10 de noviembre y las tropas de Diéguez desde la noche anterior deberían tomar posesión de la loma ubicada al suroeste de la loma de la Parroquía de Guadalupe, donde los huertistas tenía posicionada parte de su artillería. Después de varios ataques sobre un fortín ubicado cerca de la parroquia de Guadalupe, donde Baca Calderón había quedado accidentalmente al frente de una fracción del 5º Batallón, a las cuatro de la tarde del día 12 de noviembre, mientras se defendía esta posición, Baca Calderón fue herido en un ojo, por lo que fue obligado a replegarse al campamente.[49] Un versión sin confirmar, dice que pierde el ojo y es enviado a Cananea para su restablecimiento, y que después es enviado a El Paso, Tx donde le colocan una prótesis en el ojo. Lo que si esta confirmado es que pasa su convalescencia en Cananea y se reitegra a la revolución hasta finales de mayo de 1914 y aparece de nuevo el 10 de junio al frente del 5º Batallón de Infantería en Ixtlán del Río, Nayarit, que debería avanzar hacia San Marcos, ya en territorio de Jalisco.[50]

REFERENCIAS

[1] Calderón B., Esteban.- Juicio sobre la guerra del Yaqui y génesis de la huelga de Cananea, pp 123.

[2] Martínez Núñez, Eugenio.- Los Mártires de San Juan de Ulúa, pp 211-213.

[3] Martínez Núñez, Eugenio.- Los Mártires de San Juan de Ulúa, pp 213-215.

[4] Martínez Núñez, Eugenio.- Los Mártires de San Juan de Ulúa, pp 225.

[5] El Diario del Hogar, Agosto 02, 1911.

[6] En realidad solo fueron dos años en San Juan de Ulúa de agosto de 1909 a agosto de 1911, los primeros tres años de prisión estuvieron entre Cananea, Nogales y Hermosillo.

[7] La Opinión, Julio 29,1911.

[8] El Diario del Hogar, Agosto 03, 1911.

[9] Martínez Núñez, Eugenio.- Los Mártires de San Juan de Ulúa, pp 215-217.

[10] Martínez Núñez, Eugenio.- Los Mártires de San Juan de Ulúa, pp 217.

[11] Calderón B., Esteban.- Juicio sobre la guerra del Yaqui y génesis de la huelga de Cananea, pp 124.

[12] Gobierno del Estado de Sonora.-Historia General de Sonora Tomo IV. pp 245.

[13] El Diario del Hogar, Octubre 24, 1911.

[14] Martínez Núñez, Eugenio.- Los Mártires de San Juan de Ulúa, pp 217-218.

[15] El Diario del Hogar, Febrero 21, 1912.

[16] El Progreso, Mayo 11, 1912.

[17] Martínez Núñez, Eugenio.- Los Mártires de San Juan de Ulúa, pp 218.

[18] El Progreso, Mayo 11, 1912.

[19] El Cuarto Poder, Mayo 22, 1912.

[20] La Voz del Obrero, Agosto 23, 1912.

[21] Martínez Núñez, Eugenio.- Los Mártires de San Juan de Ulúa, pp 225.

[22] Juan Manuel Romero Gil.- Sonora: La revolución en el Socavón, pp 6.

[23] Juan Manuel Romero Gil.- Sonora: La revolución en el Socavón, pp 6.

[24] El Paso Herald, December 23, 1912.

[25] Gobierno del Estado de Sonora.-Historia General de Sonora Tomo IV. pp 245.

[26] Aguirre, Manuel J.- Cananea: Las Garras del Imperialismo en las Entrañas de México. pp 177-178.

[27] Aguirre, Manuel J.- Cananea: Las Garras del Imperialismo en las Entrañas de México. pp 180-181.

[28] Juan Manuel Romero Gil.- Sonora: La revolución en el Socavón, pp 25.

[29] Gobierno del Estado de Sonora.-Historia General de Sonora Tomo IV. pp 245.

[30] Aguirre, Manuel J.- Cananea: Las Garras del Imperialismo en las Entrañas de México. pp 181-182.

[31] Aguirre, Manuel J.- Cananea: Las Garras del Imperialismo en las Entrañas de México. pp 185-188.

[32] Aguirre, Manuel J.- Cananea: Las Garras del Imperialismo en las Entrañas de México. pp 197-198.

[33] Trueba Lara, José Luis.- Cananea y la Revolución en 1913, pp 7

[34] Aguirre, Manuel J.- Cananea: Las Garras del Imperialismo en las Entrañas de México. pp 198.

[35] Aguirre, Manuel J.- Cananea: Las Garras del Imperialismo en las Entrañas de México. pp 198-199.

[36] Bisbee Daily Review, March 01, 1913.

[37] El Paso Herald, February 28, 1913.

[38] Bisbee Daily Review, March 01, 1913.

[39] Arizona Republican, March 01, 1913.

[40] East Oregonian, March 03, 1913. Bisbee Daily Review, March 04, 1913. El Paso Herald, March 04, 1913.

[41] Trueba Lara, José Luis.- Cananea y la Revolución en 1913, pp 14.

[42] Rivera, Antonio G.- La Revolución en Sonora, pp 299.

[43] Rivera, Antonio G.- La Revolución en Sonora, pp 290.

[44] Aguirre, Manuel J.- Cananea: Las Garras del Imperialismo en las Entrañas de México, pp 201-207.

[45] Obregón, Álvaro.- Ocho Mil Kilómetros en Campaña, pp 59; Rivera, Antonio G.- La Revolución en Sonora, pp 328.

[46] Obregón, Álvaro.- Ocho Mil Kilómetros en Campaña, pp 83.

[47] El Constitucionalista, Diciembre 13, 1913.

[48] Obregón, Álvaro.- Ocho Mil Kilómetros en Campaña, pp 89.

[49] Obregón, Álvaro.- Ocho Mil Kilómetros en Campaña, pp 94.

[50] Obregón, Álvaro.- Ocho Mil Kilómetros en Campaña, pp 127.

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