miércoles, 29 de mayo de 2019


RAFAEL IZÁBAL SALIDO: El gobernador traidor.
Gustavo A. Moreno Martínez moremar@prodigy.net.mx

INTRODUCCIÓN
Después de nacer y crecer en un ambiente de la aristocracia sinaloense donde las relaciones familiares eran de primordial importancia para escalar en la política y, por supuesto, en los negocios de todo tipo, Rafael Izábal Salido se traslada a Sonora, de donde era originaria su madre, y donde se casa con una mujer de la alta aristocracia, cuyas relaciones familiares estaban muy ligadas a la política sonorense. En Sonora ocupa en varias ocasiones el puesto de diputado suplente, diputado propietario, vicegobernador y gobernador por el estado de Sonora, terminando su carrera política como senador. Carrera política, se decía en la época, que no fue de lo más inteligente y la cereza del pastel de su poca inteligencia como gobernante, fueron la masacre de los Yaquis y permitir la intrusión de americanos de Arizona para combatir a los huelguistas de Cananea, pasando a la historia como genocida y traidor a la patria, aunque sería perdonado por el Presidente de la República Gral. Porfirio Días y por el Vicepresidente Ramón Corral, este último su gran protector junto con el Gral. Luis E. Torres, a cuyas sombras logró permanecer en la cima de la política sonorense por varias décadas hasta su muerte.

Dicen, era valiente, mal hablado, de modales forzadamente ásperos para impresionar a los de abajo, amante de mandar personalmente grupos o expediciones armadas contra los indios rebeldes, a las que se sumaban empleados, funcionarios y tropas auxiliares, gustaba de participar en aventuras arriesgadas para impresionar y no parecer menos que el Gral. Torres a quien servía de satélite. Se parecía más a un jefe de cordada o de rurales que a un gobernante de la época porfirista, profesaba el principio de que la opinión pública tiene cerebro de asno a la que no debería tomar en cuenta para nada si no quería: "que se lo llevara la fregada”.

SUS ORÍGENES
No se sabe el año en que Pedro Martínez de Izábal Camarán, el primer Izábal en arribar a la entonces villa de San Miguel de Culiacán, procedente de Castilla, España, hace su presencia en este lugar de Sinaloa, aunque se cree que fue en el último tercio del siglo XVIII, personaje de donde se deriva la rama familiar de Rafael Izábal Salido, quien habría sido su tatarabuelo paterno, mientras su bisabuelo fue Pedro Guillermo Martínez de Izabal Fernández-Rojo y su abuelo Bartolomé Izábal Doris.

José Rafael Izábal Salido era el nombre completo del exgobernador de Sonora, quien nace en El Fuerte, Sinaloa el 10 de agosto 1853 y fue bautizado en la misma ciudad 8 días después. Rafael Izábal creció en una casa ubicada en la actual calle de Gral. Ángel Flores 154 Oriente en el primer cuadro de Culiacán, cerca de la plaza principal, donde actualmente se encuentra ubicada la delegación del INAH en Sinaloa. Su padre fue Rafael Izábal (1806-1876) originario de Culiacán y su madre María Dolores Quirina de Jesús Salido Obregón (1833-1878) nacida en Álamos, Sonora.

 
Fe de bautismo de José Rafael Izábal Salido de fecha 18-08-1953.

Casa donde creció José Rafael Izábal Salido en Culiacán, actual cede del INAH Sinaloa.

El exgobernador creció y se desarrolló en Culiacán en un ambiente aristocrático donde su familia se dedicaba al comercio y a las actividades agropecuarias, y las relaciones familiares eran primordiales para mantener un estatus económico e incursionar y mantenerse en las altas esferas de la política estatal, donde casi siempre figuraban los mismos apellidos: Andrade, Ponce de León, Rivas García, Rojo, Alcalde, Izabal, Zazueta, entre otros; pero siempre tenían que ser aprobados por el gobernador Cañedo y Porfirio Días; de tal forma, que para ingresar a la élite política la primera condición eran la relaciones consanguíneas, la confianza y la lealtad personal y no la afinidad política o ideológica. Fue necesario que los hijos de la élite se casaran entre ellos para mantener el poder político reducido a esas familias y al mismo tiempo se mantenía el poder económico y el prestigio, lo que trajo como consecuencia, en ese afán, que en múltiples ocasiones se casaran entre parientes, como es el caso de las dos hermanas de José Rafael Izábal: Eufemia y Mercedes, quienes se casaron con sus primos hermanos Francisco y Manuel Izábal Cárdenas, respectivamente.

Probablemente después de la muerte de su padre en 1876, Rafael Izábal y su madre, él a la edad de 23 o 24 años, con algo de experiencia en los negocios y versado en las intrincadas redes familiares para ascender social, económica y políticamente, ya se encontraban radicando en Álamos, Sonora, ya que el 27 de agosto de 1878 muere su madre en esa ciudad donde había nacido.

SU ASCENSO POLÍTICO Y ECONÓMICO
Para 1879 Rafael Izabal ya se encontraba totalmente integrado en la sociedad alamense, tan integrado estaba que para septiembre de ese año fue electo diputado suplente a la legislatura local por el distrito de esa ciudad y a partir de entonces empezó a figurar en el grupo político que encabezó el general Luis Emeterio Torres (1844-1935), también para entonces había tenido contacto con Ramón Corral Verdugo (1954-1912) quien era originario de Álamos. A partir de ese año de 1879 Rafael Izábal iniciaría una larga carrera política, primero a la sombra del entonces coronel Luis E. Torres y después a la de Ramón Corral, lo que vendría a conformar el Triunvirato de Sonora, donde destacaría por su inteligencia éste último.

En 1880, Izábal fue comisionado por el Gobierno del Estado para gestionar ante las autoridades del territorio de Arizona la extradición del general Manuel Márquez de León y de otros elementos rebeldes que con él habían invadido el territorio sonorense, aunque la realidad es que se había rebelado desde Baja California contra Porfirio Días y su política como protesta, ya que vislumbraba una larga era dictatorial. En esta comisión Izábal no tuvo éxito.

Para las elecciones de 1881, Rafael Izábal sería electo como diputado propietario por el distrito de Álamos, pero esto sería solo el inició, ya que para las elecciones de 1883, donde también se elegiría al gobernador del estado, candidatos previamente aprobados por el Gral. Guillermo Carbó, operador político en Sonora del presidente de la república, y aprobados por el propio Porfirio Días, irían a las urnas el Col. Luis E. Torres como candidato a gobernador, Ramón Corral como candidato a diputado propietario por el distrito de Álamos, mientras que Rafael Izábal iría como candidato a diputado propietario por Hermosillo y, como siempre había sucedido, el resto de los candidatos eran parientes y amigos muy cercanos. De esta manera el triunvirato Torres-Corral-Izábal se empezaba a consolidar y se mantendría hasta 1910.

José Rafael Izábal Salido (Tomada de: López C. y Camarena R.).

A sabiendas de la importancia de las relaciones familiares y de los matrimonios entre la aristocracia de la época, Rafael Izábal se casa con Dolores S. Monteverde Arvizu hija de Florencio Monteverde descendiente de italianos, ingeniero y ensayador, político, jefe de la Casa de Moneda y vocal de la Junta Directiva de Instrucción Pública. Se casa por la iglesia el 26 de febrero de 1885 y por el civil el 2 de marzo del mismo año, con quien tiene tres hijos: María Dolores, Rafael y Enriqueta Lidia. Dolores tenía 19 años y era miembro de una familia de la aristocracia de Hermosillo que formaba parte de la élite política porfiriana que siempre ocupaba las diputaciones y otros puestos políticos de la capital sonorense; de hecho, Luis E. Corral un año antes se había casado con Amelia Monteverde, una hermana de la esposa de Izábal. De esta manera se hacían las relaciones familiares para entrar y permanecer en el círculo del poder político y económico.

Acta del matrimonio religioso Izábal Salido-Monteverde Arvizu de fecha 21/02/1885.
Fragmento del acta del matrimonio civil Izábal Salido-Monteverde Arvizu de fecha 02/03/1885.
Dolores S. Monteverde Arvizu, esposa de Rafael Izábal (Foto: D.P.)

Para las elecciones de 1885 y 1887 sería electo de nuevo como diputado local para las Legislaturas X y XI. Sin embargo, para 1886 dejaría la diputación local y daría otro salto en su carrera política, ya que sería electo diputado federal por el Primer Distrito de Sonora en la Legislatura XIII (1886-1888) ocupando por primera vez una curul en el Congreso de la Unión. Para la Legislatura XIV (1888-1890) sería electo de nuevo como diputado federal por el Primer Distrito de Sonora y en la siguiente legislatura (1890-1892) volvería como diputado federal pero ahora por el Segundo Distrito de Sonora.


Sin embargo, su carrera política seguiría en ascenso ya que para 1891 el Gral. Luis E. Torres iría de nuevo como candidato a la gubernatura del estado y Rafael Izábal como vicegobernador para el periodo 1891-1895, entrando en funciones el 1 de septiembre de ese año, pero dos meses después el Gral. Torres pide licencia para dejar el poder y el 2 de noviembre Rafael Izábal tomó posesión del Poder Ejecutivo y lo ejerció por el resto del periodo legal. Durante su mandato, el 15 de mayo de 1892, ocurrió el brote rebelde de los indios mayos que atacaron el pueblo de Navojoa al grito de: ¡viva la Santa de Cabora!, lo que contribuyó a que diera mucho crédito a la versión infundada de las actividades subversivas de Teresa Urrea alias la Santa de Cabora y su padre don Tomás Urrea y los desterró fuera del Estado. También durante este periodo modificó la Constitución local para que los prefectos de los distritos no fueran electos, sino nombrados por el Ejecutivo; además, se iniciaron las obras de colonización del río Yaqui, con quienes el Triunvirato por órdenes de Porfirio Días, había reiniciado la guerra en 1884 para despojarlos de sus tierras ancestrales.

Ya empoderado, Rafael Izábal había empezado a adquirir propiedades rurales, entre las que se contaron el rancho del Pozo, la hacienda del Garambullo a la que bautizó con el nombre de Europa y que contaba con un molino harinero y con pozos de bombeo, además de la hacienda de San Carlos y el rancho San Enrique, propiedades, todas ellas, que se extendían por la margen derecha del rio Sonora desde unos 12 kilómetros al poniente de Hermosillo hasta su desembocadura en el Golfo de California, terrenos que servían tanto para la siembra de diferentes cultivos, como para la cría de grandes hatos de ganado vacuno y caballar de excelente calidad. Decían las crónicas de mediados de 1893, que valiéndose de su envestidura de vicegobernador, había estado despojando de los derechos de aguas a algunos predios vecinos, incluso estas acusaciones fueron publicadas en algunos diarios, donde se decía que mientras en Hermosillo había una fuerte sequía y había tierras que no se podían regar, las tierras de Izábal se regaban abundantemente.

Molino harinero de la hacienda Europa en 1905 (Tomada de: García y Alva).

Para el periodo gubernamental 1895-1899 es elegido Ramón Corral Verdugo como gobernador y como vicegobernador al Dr. Prisciliano Figueroa; sin embargo, Corral pediría licencia y el 26 de junio de 1896 el Vicepresidente Figueroa se hace cargo del Ejecutivo Estatal, pero Corral reasumiría el cargo cuando en 1897 Figueroa expidió un reglamento sobre las aguas del río Sonora afectando algunos intereses, entre ellos los de Rafael Izábal, quien habló con el Gral. Torres y con Corral y este de nuevo se hace cargo del Ejecutivo Estatal y veinte días después expide un nuevo reglamento anulando el primero. Tan fuerte fue el enojo de Izábal contra el vicegobernador, que el mismo día en que fue destituido el Dr. Figueroa abandona la ciudad para irse a radicar a Monterrey.

Por nombramiento de la XVII Legislatura, el 27 de agosto de 1900, Izábal nuevamente ocupó el Ejecutivo Estatal con carácter de interino por licencia concedida al propietario Gral. Luis E. Torres y la renuncia del vicegobernador Celedonio Ortiz, cargo que desempeñó hasta el 26 de enero de 1903 cuando lo sustituye el Gral. Torres, pero el 2 de julio de ese año Izábal regresa como gobernador interino pero poco después se separa de nuevo. En este periodo administrativo a cargo de Izábal se adoptó en el Estado los Códigos Civil y de Procedimientos Civiles Federales; giró la orden del 19 de abril de 1902 para que no se permitiera a los individuos de la tribu yaqui que se establecieran en lugares distintos de los señalados por las autoridades, en los que deberían formar rancherías anexas a los pueblos y haciendas; erigió el municipio de Cananea; se expidió la ley del notariado y mejoró el periódico oficial.

Durante este periodo gubernamental llegaron las elecciones para la presidencia municipal de Hermosillo y el Triunvirato formado por Torres-Corral-Izábal trataban de imponer a Filomeno Loaiza utilizando el color rojo como distintivo, mientras los independientes, entre ellos Plutarco Elías Calles, impulsaban a Dionisio González sosteniendo su candidatura con el Club “García Morales”, utilizando el color verde como distintivo. La gente se interesó tanto en esta campaña que hasta las mujeres se dividieron y las partidarias del rojo llevaban este color en los tacones de sus zapatos, mientras sus adversarias llevaban el verde. La contienda electoral estaba tan interesante que Rodolfo Campodónico, un excelente músico de la capital del estado, tomó partido por la oposición y compuso el vals “Club Verde” que funcionó como himno de campaña. Naturalmente que el gobierno de Izábal y sus aliados hicieron cuanto pudieron para terminar con aquel brote de independencia, al que tachaba de demagógico y corruptor, por supuesto que triunfa el candidato oficialista. La contienda electoral de 1901 dejó como producto perdurable el vals “Club Verde” y apasionó tanto a los niños que asistían a las escuelas que bastaba que alguno de ellos silbara los primeros compases, para que los policías corrieran tras ellos, pues el vals había sido prohibido desde un principio y por eso tuvo tanta popularidad y, por supuesto, por la belleza intrínseca de su música.

Años antes, a principios de abril de 1897, Izábal había tenido un altercado con el candidato Dionisio González por una mujer casada, Izabal insultó a González y este le dio tremendo puñetazo en el rostro y se trenzaron en un pleito que cuando terminó, Izábal tenía un ojo hinchado, una herida en el rostro y le faltaban dientes; mientras que González tenía una muñeca lastimada y los nudillos lacerados por los golpes propinados al contrincante. Izábal juró vengarse y después envió a González un desafío para enfrentarse en un duelo, que fue aceptado y pactado para realizarse con pistolas en Nogales, AZ, muy cerca de la línea fronteriza, ya que en México estaban prohibidos este tipo de enfrentamientos. Este duelo se dejaría para fecha posterior pues Izábal no podía ver con un ojo y González tenía la mano derecha con vendas. Por otra parte, el esposo de la mujer en cuestión, Bartolomé A. Salido, un funcionario de gobierno y exdiputado, afirmaba que se enfrentaría al vencedor del duelo, porque ambos habían ofendido a su matrimonio. Seguramente al filtrarse al público, este duelo no se llevó a cabo, ya que todos seguirían vivos años después.

Separado del mando político interino antes de las elecciones, Izábal fue electo gobernador constitucional para el cuatrienio de 1903 a 1907 y el 1o. de septiembre de 1903 rindió protesta como titular del Poder Ejecutivo. Durante este mandato expidió las leyes de expropiación y la que autorizaba la pavimentación de las banquetas y calles de la ciudad de Guaymas, primera medida tomada sobre este tema en el Estado. En este periodo gubernamental el Poder Ejecutivo cambiaría de manos más seguido que en periodos anteriores por las constantes salidas de Izábal. Para el 18 de mayo de 1904 deja el poder al vicegobernador Francisco Muñoz y para el 29 de julio Izábal lo retoma de nuevo; el 17 de octubre lo deja al Dr. Alberto G. Noriega y el 7 de noviembre regresa; para el 24 de mayo de 1905 lo deja en manos del Dr. Fernando Aguilar Aguilar y lo retoma el 8 de junio; el 29 de noviembre lo vuelve a dejar en manos del Dr. Noriega y regresa el 31 de diciembre. De nuevo, Izábal el 18 de junio de 1906 deja el poder en manos del Dr. Aguilar y regresa el 10 de septiembre; el 15 de octubre lo vuelve a dejar en manos del Dr. Noriega; y los retoma el 3 de diciembre para concluir su periodo el 31 de agosto de 1907 entregándole el poder al Gral. Luis E. Torres, el gobernador electo para el periodo 1907-1911.

José Rafael Izábal Salido cerca de 1906 (Foto: Fototeca Nacional).

Rafael Izábal después de entregar la gubernatura pasaría un año sin ocupar puestos de elección popular, hasta que en la XXIV Legislatura del Senado de la República, es electo Senador Propietario por el Estado de Guerrero para el periodo 1908-1910. Sin embargo, debido a que para mayo de 1910, probablemente desde mucho antes, se encontraba muy enfermo, no concluyó su periodo que terminaba el 31 de agosto de ese año y se retiró a la vida privada.

De los tres edificios públicos más significativos para Hermosillo, que fueron construidos durante el porfiriato, dos fueron iniciados o concluidos durante los periodos gubernamentales que le tocaron a Rafael Izábal. Uno de ellos fue el Palacio de Gobierno y el otro la Penitenciaria General del Estado. El primero fue construido durante el periodo 1882-1906 habiéndolo planeado y comenzado el gobernador Carlos Rodrigo Ortiz Retes y lo concluyó Rafael Izábal, aunque conforme se construía parte por parte, era ocupado por oficinas gubernamentales. La Penitenciaria General del Estado fue construida durante el período de 1902 a 1908 y entonces era gobernador Rafael Izábal, cuyo comienzo de la obra lo consignó en su informe de gobierno de 1903 y cuando deja el poder estaba casi terminada. En este caso sucedió lo mismo que en el Palacio de Gobierno, que empezó a ser usado casi desde el principio en que iniciaron la obra ya que los presos de la cárcel local fueron trasladados a la penitenciaria en 1903.

También, durante su mandato, la Phelps Dodge dueña de la Minera Moctezuma de Nacozari, para transportar los metales a Douglas donde tenía la fundición, se vio en la necesidad de construir una línea de ferrocarril entre estas dos poblaciones, cuyas vías fueron terminadas en 1904 y los directivos de la empresa conociendo el egocentrismo de Rafael Izábal, en el km 73 construye un parada obligada del tren a la que llama Estación Izábal en honor del gobernador.

EL GENOCIDIO DE LOS YAQUIS
Desde que se puede retroceder en el tiempo de Sonora, los Yaquis siempre fueron un pueblo muy laborioso: cultivaban el suelo, construyeron sistemas de regadío, descubrieron y explotaron minas, edificaron ciudades de adobe, tenían un gobierno organizado y sostenían escuelas públicas. Cuando llegaron los misioneros españoles poseían casi todo ese vasto y fértil territorio que se extiende al centro-sur del estado.

Eran los mejores trabajadores de Sonora, se decía que un trabajador yaqui valía por dos norteamericanos y por tres mexicanos. Era la gente más fuerte, más sobria y más digna de confianza que había en México.

Desde la llegada de los españoles al sur del estado de Sonora, los Yaquis tuvieron que enfrentar y luchar contra diferentes problemas para defender su territorio de los conquistadores, debido a ese factor y a las enfermedades infecciosas que contrajeron de los españoles su población se redujo drásticamente. La lucha por su territorio se prolongó desde el siglo XVI hasta el siglo XX, pero fue hasta la llegada de Porfirio Días al poder cuando los problemas de los Yaquis por su territorio se intensificaron.

La Guerra del Yaqui, como se conoce esta etapa de la historia de Sonora, guerra que fue iniciada en 1884 por la administración porfirista, que ambicionaba las tierras Yaquis y su agua para iniciar un proyecto de colonización con inmigrantes extranjeros, se prolongó hasta la primera década del siglo XX. Esta guerra, aunque los Yaquis casi siempre pelearon a la defensiva ya que raramente atacaban pues su lucha era reactiva, le tocaría iniciarla al Gral. Luis E. Torres quien era el gobernador en turno desde septiembre de 1883, Izábal y Corral eran miembros de la Cámara de Diputados. Estos tres personajes se alternarían en el Ejecutivo Estatal de Sonora durante tres décadas para combatir a los Yaquis.

Los Yaquis tenían legítimos títulos sobre sus tierras cuando Torres, Corral e Izábal aparecieron en la escena política del estado. En la época de la conquista española constituían una nación de entre 100 mil y 200 mil habitantes y los españoles no pudieron someterlos completamente y después de unos 250 años de conflictos, llegaron a concertar la paz con ellos, concertación en la que los Yaquis cedieron una parte de su extenso territorio a cambio del reconocimiento de sus derechos de propiedad sobre el resto, siendo el rey de España quien les otorgó el título sobre sus tierras en la segunda mitad del siglo XVIII, título real que fue respetado por los gobernantes y jefes de México hasta llegar a Días. Durante todo ese tiempo, los Yaquis vivieron en paz con el mundo y se ganaron la reputación de gente pacífica, pero la ambición de Porfirio Días y del Triunvirato de Sonora les tocó provocarlos a la guerra de nuevo.

El Triunvirato que estaba a la cabeza del gobierno de Sonora deseaba sus tierras y vieron una oportunidad para apoderarse de ellas cuando el Gobierno Federal envió un cuerpo militar a Sonora y con esto iniciaron las hostilidades contra los Yaquis. Enviaron supuestos agrimensores al valle del Yaqui para poner mojoneras en la tierra y decirles que el gobierno había decidido regalársela a unos extranjeros, quitándoles de esta manera las tierras más fértiles de su territorio. Confiscaron 80 mil pesos que el jefe José María Leyva alías Cajeme tenía depositados en un banco; después, enviaron hombres armados a arrestar a Cajeme, pero no lo encontraron y prendieron fuego a su casa y a las de los vecinos, abusaron de las mujeres del pueblo incluyendo a la mujer del líder Cajeme. A partir de ese día el gobierno de México mantuvo casi continuamente en el territorio yaqui un ejército contra este pueblo con un contingente que variaba entre dos mil y seis mil hombres. A partir de entonces los Yaquis se vieron obligados a pelear y en la lucha murieron decenas de miles de Yaquis y de soldados, y muchos centenares de Yaquis fueron ejecutados siendo prisioneros. A los tres años de lucha, en 1987, fue capturado el jefe Cajeme y ejecutado públicamente frente a muchos Yaquis que habían caído prisioneros con él. Inmediatamente fue elegido como jefe Juan Maldonado Waswechia alías Tetabiate para ocupar el lugar de Cajeme y la lucha siguió.

Sin embargo, el exterminio de los Yaquis ya estaba dentro de los planes de los gobernantes del porfiriato, de tal manera que el Gral. Otero, del ejército mexicano, por órdenes de Rafael Izábal el 17 de mayo de 1892 ordenó aprehender a los Yaquis, hombres, mujeres y niños que había en la ciudad de Navojoa y colgó a tantos que se agotaron las cuerdas disponibles, siendo necesario usar cada una de ellas cinco o seis veces.

Yaquis colgados en Sonora (Foto: J. Kenneth T.).

Semanas después, también por órdenes de Rafael Izábal, en julio de 1892 el Col. Antonio Rincón hizo prisioneros a unos doscientos Yaquis, hombres, mujeres y niños, y los embarcó en el cañonero El Demócrata, tirándolos al mar entre la desembocadura del río Yaqui y el puerto de Guaymas, muriendo todos.

Como estos actos hubo muchos durante la década de los 1890’s, hasta que ya cansado Tetabiate, el 15 de mayo de 1897, se presentó en Estación Ortiz, donde firmó la paz con las autoridades civiles y militares mexicanas. Como el genocidio de los Yaquis continuó, nuevamente se sublevó en julio de 1899; pero fue muerto en un enfrentamiento en Mazocoba con las fuerzas del “torocoyori” Loreto Villa en 1901, donde además hubo muchos prisioneros.

Tropas federales conducen a familiares de los Yaquis prisioneros en la sierra del Bacatete  en la batalla de Mazocoba en 1901 (Foto: Fototeca Nacional).

Ante la muerte de los dos principales líderes indígenas que se opusieron al proyecto colonizador del gobierno federal y estatal, la lucha de resistencia indígena se transformó en una guerra de guerrillas al abandonar la guerra regular por el sucesor político y militar Juan José Sibalaume, que mantuvo la lucha por la territorialidad, la autonomía política y el desarrollo propio, a partir del acatamiento a la ley yaqui.

Ante esta situación, los gobiernos federal y estatal tomaron la decisión de deportar a Yucatán a todos los prisioneros hechos en campaña, grupo constituido esencialmente por mujeres, niños y ancianos, recomendación hecha por el Col. Ángel García Peña encargado de la Comisión Geográfica y Exploradora, con la finalidad de dar solución a los alzamientos Yaquis, por supuesto, todo esto avalado por Rafael Izábal, quien era el gobernador en funciones. Cientos de Yaquis fueron transportados a los campos henequeneros en Yucatán, mientras que otros fueron llevados a Valle Nacional, Oaxaca, donde eran vendidos a 45 pesos cada uno y que debido al clima, la rudeza del trabajo, los malos tratos y la pésima alimentación, los Yaquis solo duraban en promedio menos de un año antes de morir.

Mujeres, niños y viejos Yaquis prisioneros deportados a Yucatán (Foto: Fototeca Nacional).

A pesar de la derrota del Mazocoba en la sierra del Bacatete, la guerra de resistencia de los Yaquis aún no terminaba, aunque Porfirio Días anunció el final de la Guerra del Yaqui ante el Congreso de la Unión, estos respondieron a la deportación con el incremento de las operaciones militares en todo el estado y en la frontera con los Estados Unidos.

Este incremento y fortalecimiento de los Yaquis ante el gobierno, se dio a partir de la organización de una red indígena rebelde en todo el estado y en algunas ciudades estadounidenses donde las células de la guerrilla yaqui obtenían refugio, alimentos, armas y municiones. La red se organizó debido al avance del ejército sobre los territorios tradicionales de los Yaquis en los últimos años del siglo XIX, que dio lugar a una migración de familias y grupos de trabajadores Yaquis hacia el norte, lo cuáles se fueron asentando en varios lugares del territorio de Sonora y en algunas poblaciones en Arizona, principalmente en ranchos y minerales. Con la política gubernamental de deportaciones este proceso migratorio se agudizó y la migración hacia el norte se elevó. Parte de este fortalecimiento de la guerrilla yaqui se debió, también, al apoyo del movimiento magonista que ya tenía tiempo establecido en Estados Unidos, especialmente a lo largo de la frontera, quienes ya habían creado una red para contrabandear armas al lado mexicano, a quienes los porfiristas Izábal, Torres y Corral habían combatido fuertemente.

Todo parece indicar que las primeras negociaciones que se dieron entre magonistas y Yaquis se llevaron a cabo en 1903 cuando Ricardo Flores Magón, todavía no abandonaba México. Este comisionó a Adolfo de la Huerta, en ese entonces magonista, para que los Yaquis formaran parte de las acciones revolucionarias y así lograr la restitución de su tierras. De la Huerta se entrevistó con Fernando Palomares, un indígena mayo cercano a los Flores Magón, quien se comprometió a difundir la idea entre la comunidad yaqui, de esta manera los Yaquis eran protegidos y refaccionados con armas y alimentos, donde quiera que hubiera una célula magonista.

En abril de 1904 ocurren los eventos de La Carbonera, una batalla muy intensa en la que el general Luis E. Torres también participó en estos eventos en calidad de militar en jefe. En ella se movilizaron 400 hombres del 11º batallón y 50 rurales, mientras que la tropa yaqui estaba conformada por 300, de los cuales murieron diez en batalla y ocho colgados en los árboles más cercanos. Entre la correspondencia particular de Rafael Izábal sobre este mismo acontecimiento, se encuentra una carta remitida por un indígena, el cual le reclamaba los ataques indistintos hacia los yaquis rebeldes y los pacíficos:

“Abril 25 de 1904

Señor Don Rafael Ysabal muy Señor mio Emos recibido la carta que usted nosamandado dice Ud. que semos aquí En Sonora como usted Sabe vien que no semos de alla del Rio.

Bienes aca matan do nos, aunque seamos nacidos aquí En Sonora Es claro que nos mata Esta palabras salemos a Es condernos alos montes con El temor que nos banacabar y luego dicen que nos alsamos que andan matando los yaquis. Esas mentiras teasen y luego usted Sale con su tropa Y matando al que Encuentre sinque tenga arma. Si aquí no está la guerra alla es donde Esta la guerra En el Rio Yaqui.

Nosotros Estamos aquí En Sonora pero para pelear no, porque somos de aquí, sinos da lapaz alla En el Rio yaqui porque se aquinos quedamos En paz, alla siempre sigue la guerra y vienen aca a canzar alos trabajadores Sirvientes aquí En las labores, Asi como ba estar bueno yoquierro una Santa paz. Para Estar contento y bueno con ustedes y trabajar, como ahora las haciendas que hay por alli, Sele ban aperder las cosechas quetienen porque los peones tienenmiedo que los cuelguen, tienen miedo porque nos andan matando y no sabemos Enque culpa Estamos parese que nosotros Notenemos ninguna Esta contesta le doy a usted Señor.

Nomas sin otro particular.”

Probablemente fue la impunidad de la que gozaba el gobernador Izábal, lo que inspiró su respuesta:

Voy a contestar la carta de Udes. que acabo de recibir.- Veo que no quieren Udes. entender la razón y a pesar de todo, quiero todavía tener esperanzas de que por no escuchar mis palabras de paz, no tengan que arrepentirse cuando ya no puedamos poner remedio.

Dicen Udes. que la guerra está en el Rio Yaqui y no aquí, a mí no me importa que la guerra esté en el Rio; ese será otro negocio que yo sabré también cómo arreglar; ahora estoy tratando con Udes. y quiero hablarles de paz y nada más que de paz aquí.

En ese contexto, durante los mismos sucesos de La Carbonera, Rafael Izábal escribiría otra muy reveladora carta a los yaquis que reflejaba su carácter represor y que solo querían a los yaquis como peones en sus fincas. Esta carta textualmente decía lo siguiente:

“A los nueve Capitanes que hablaron con el Sr. Mills en la Sierra de La Carbonera.
SEÑORES:

El Señor Carlos Mills me ha impuesto del asunto que trataron ustedes con él en ese lugar.

En efecto, yo he autorizado á este señor para manifestarles lo que ya les he manifestado, esto es, que estoy dispuesto á indultar á ustedes garantizándoles la vida si se someten á la obediencia del Gobierno y al cumplimiento de las leyes comenzando por hacer entrega de sus armas y parque.

Yo, como Gobernador del Estado, tengo obligación de dar garantías á todos sus habitantes sin excepción de razas: para mí lo mismo es que sean yaquis como que sean yoris, mexicanos ó extranjeros, y bien puedo decir que la raza yaqui me inspira especial interés, porque no sólo la considero útil, sino que me consta que lo es para el desarrollo de las diversas industrias de Sonora, y me duele verlos cegados por el error, apartarse del camino del órden y del trabajo para buscar en la guerra la miseria de sus familias y su propia destrucción.

Yo también soy hacendado y conozco bien las necesidades de los sirvientes; no solo en mis haciendas en donde tengo un número considerable de sirvientes yaquis y en donde están todos contentos del tratamiento que reciben.

En la guerra hé tratado á los yaquis con humanidad; pero también hé tenido que castigarlos severamente, y por fortuna hasta hoy, á muy corto número los que se obstinan en no someterse; pero en cambio á los que les ofrezco garantías se las doy completas, como pueden decirlo más de quinientos que he aprehendido, que me han entregado sus armas y que me han dado su palabra de no volverse á meter en la guerra ustedes saben cuáles son los elementos que tengo yo á mi disposición para combatirlos… pero no quiero matarlos, si no es que me pongan ustedes en ese duro caso para mí…

Me cuentan que ustedes dicen que no se han respetado los salvoconductos que se les han dado; pero ustedes saben muy bien que no se han respetado, cuando ustedes no han cumplido con su palabra, pues estos salvoconductos se les han encontrado, no solo á los yaquis que han muerto en la guerra y en el campo sino también á los que asaltan á los pasajeros en los caminos, y por cierto que no fue para eso para lo que se les ha dado los referidos salvoconductos.

A más de lo que dejo dicho en esta carta, el señor Mills que será el portador de ella, les dirá á ustedes de palabra todo lo que dejo de decirles aquí por no hacerla interminable.

Ahora, piensen ustedes en las ventajas y desventajas que les traerá la paz ó la guerra. Yo sé que son ustedes muy inteligentes, y por lo mismo, espero que aceptaran la paz como se las propongo teniendo ustedes la seguridad de que yo soy hombre que siempre cumple su palabra.

EL GOBERNADOR DE SONORA.- Rafael Izábal.”

Finalmente la mediación de Mills no tuvo ningún resultado práctico, ya que los Yaquis eran de la idea de aceptar la paz sin entregar las armas, y siempre y cuando se llevara a cabo la demanda ancestral del retiro de los blancos de su territorio, algo totalmente inaceptable para el gobierno. Después de varios días de negociaciones el diálogo por la paz se rompió con el siguiente mensaje destinado al gobernador Izábal por parte de los Yaquis:

“Te veremos en la sierra”.

Los Yaquis también hicieron negociaciones con otras etnias del estado y una de ellas fue con los Seris, y para diciembre de 1904 estos le habían dado refugio a un grupo de Yaquis en la isla del Tiburón, su territorio sagrado, además que los Seris habían matado a un Pápago. Rafael Izábal, todavía gobernador del estado, al enterarse organiza una expedición a la isla con dos buques: El Demócrata y El Bernardo Reyes.

Una vez que se hicieron los preparativos para la expedición, el día 21 de diciembre de 1904 Rafael Izábal partió de Hermosillo rumbo a Guaymas acompañado del Dr. Alberto G. Noriega, Diputado Juan P. M. Camou, Carlos Maytorena, Comandante de Gendarmes Luis Morales y el sirviente Ignacio García. En el puerto se incorporan el Dr. Lorenzo Boide, Francisco Seldner, Federico García y Alva y Carlos M. Cortés.

Otro día en la tarde abordaron en El Demócrata que estaba al mando del comandante Rafael Pereira, todas las personas mencionadas, además de: Manuel Encinas, Alfredo G. Noriega y el Comandante Luis Medina Barrón, éste último como jefe inmediato de las fuerzas integradas por 140 hombres de la Federación y 20 nacionales, muchos de ellos eran Pápagos. Al llegar el Gobernador, el comandante Pereira mando izar la bandera en el palo mayor y con la música de la banda se recibió a Rafael Izábal. Cuando la luna comenzaba a salir y se reflejaba en las tranquilas aguas de la Bahía de Guaymas El Demócrata puso rumbo a la isla del Tiburón.

El día 23 de diciembre, cerca de mediodía sueltan anclas y después de comer, Izabal ordenó al Cmte. Barrón que desembarcara con sus hombres para hacer los primeros reconocimientos. Por la noche llegaría El Bernardo Reyes con lo que se completaría todo el equipo con el que se planeó la expedición. Al amanecer del día 24 se inició el desembarco de todas las personas, pertrechos de guerra y alimentos, maniobra que les llevó casi toda la mañana, porque además hubo que desembarcar a las mulas. Como a las diez de la mañana regresó el Cmte. Barrón, que se había internado a la Isla y dio parte de haber encontrado una vereda bien marcada, huellas de indígenas y de animales y un aguaje. Después de preparar todo el equipo y comer, a las dos de la tarde dejaron la playa y se internaron en la isla. Al atardecer llegaron a un lugar cercano a un aguaje donde Izábal dio instrucciones de acampar y con un terrible frío pasaron la Noche Buena en ese sitio.

Al despuntar el alba del día 25 de diciembre, Rafael Izábal dio órdenes de alistarse, montados los Pápagos, bien municionados y armados, ordenó que cruzaran la Isla por el centro hasta llegar a la playa opuesta. Rafael Moreno, un hacendado que iba al frente de este contingente, se le dieron instrucciones que cuando encontraran a los  Seris y Yaquis unidos, no les hicieran fuego, solo en caso extremo, que trataran de atraerlos y persuadirlos para ver si se lograba que en son de paz se presentaran todos los integrantes de las dos etnias. Los Pápagos que iban montados se internaron por la hasta entonces inexplorada Isla, mientras que la infantería que acompañaba a Izábal, tomaban un rumbo distinto.

Por la tarde, el grupo de Izábal, llegó a un sitio donde el cañón por el que avanzaban se cerró de tal modo que fue imposible seguir adelante y el gobernador dio instrucciones de hacer alto, ya que las huellas que seguían, se separaban por diferentes rumbos sobre la sierra que tenían enfrente. Después de planear Rafael Izábal, envió a dos grupos de exploradores: uno al mando del Cmte. Medina Barrón y del Dr. Lorenzo Boido, y el segundo a cargo del subteniente Cota. Regresaron los exploradores y rindieron informe: el primero informó que a lo lejos se distinguían la playa  y espesos manglares, mientras que el otro informó que las huellas seguían montaña arriba. Ante esto, el Gobernador ordenó que a las órdenes del Cap. Flores se organizara una fuerza mixta y siguieran las huellas hasta atravesar la Isla o encontrar a los indígenas; con las mismas instrucciones de no abrir fuego, solo en caso extremo. El resto regresó al campamento y después de comer se dividieron en pequeños grupo para explorar la isla.

Unos encontraron un cementerio Seri situado en una pequeña meseta; otros encontraron trazados con los dedos en la tierra y muy grotescamente y de grandísimas dimensiones, un hombre y un caballo; otro grupo encontró un sitio adecuado para trasladar el campamento, pues además de estar menos a expuesto a los vientos, ofrecía sombra en uno de los pocos árboles exuberantes que hay en la isla y que los Seris llaman Texcalema. Por presentar mejores condiciones, el campamento fue trasladado a este nuevo sitio y para acondicionar el sitio y espantar a los bichos que pudiera haber, se quemó el matorral alrededor del campamento.

 
Al fondo Rafael Izábal en el campamento en la isla del Tiburón, sentado sobre un costal de harina (Tomada de: García y Alva).
Como era costumbre, Rafael Izábal despertaba muy temprano y después de levantados todos y de un desayuno a base de café y carne seca, ese 26 de diciembre el gobernador dio instrucciones para que una partida de vaqueros fuese en busca de los Pápagos y no regresara hasta traer noticias de ellos. A la mitad del cañón donde se encontró la primera tinaja de agua dulce, encontraron a las dos fuerzas que regresaban trayendo a unas mujeres Seris muy sucias y pintadas de la cara, que habían caído prisioneras en un enfrentamiento entre Seris y Yaquis en una de las playas de la isla, quienes después de sufrir varias bajas, huyeron dejando atrás a estas mujeres, mientras otro grupo prefirió arrojarse al mar y morir, antes de caer prisioneros. Sobre el campo del enfrentamiento yacían los cadáveres de once Seris y cuatro Yaquis. Además de las cuatro mujeres que no pudieron huir con rapidez por llevar niños y fueron fácilmente alcanzadas por los Pápagos, se decomisaron dos armas de fuego, arcos, carcaj, cuchillos, ropa, entre ésta la del Pápago que habían asesinado los Seris.

Cuando los grupos llegaron al campamento, Rafael Izábal ordenó que a las mujeres y niños Seris se les diera de comer y después de descansar las empezó a interrogar, interrogatorio por demás difícil e interesante; difícil porque en general los Seris hablan poco español y mucho menos en la isla, e interesante por el resultado.

El Gobernador para atraerse la confianza de las prisioneras, les manifestó que iba en busca de los Yaquis y que los Seris no sufrirían daño alguno si los entregaban. Después de mucho recelo e incertidumbre, las Seris dieron los nombres de los principales cabecillas de los Seris: Juan Tomás, Chico Bonito, El Pelado y Chico Francisco; y finalmente terminaron por confesar que entre ellos había Yaquis armados.

Al centro Rafael Izábal interrogando a las mujeres Seris (Tomada de: García y Alva).

Cuando Izábal les dijo que todos los Seris serían perdonados si les entregaban a los Yaquis, Manuela, la mujer de el Pelado, que era la que más había hablado durante el interrogatorio, probablemente por ser la mujer de uno de los jefes, dijo que entregarían a los Yaquis y dieron a entender que si oponían resistencia los traerían a la fuerza: juntó y alzó sus manos. El Gobernador y los demás creyeron que quería decir que traerían a los Yaquis amarrados de las manos. Además, la mujer del Pelado se comprometió a que todos los Seris vendrían en paz a presentarse al Gobernador o Capitán Grande, como ellos lo llaman. Como la fuerza al mando del Cap. Flores todavía se encontraba explorando la isla y con objeto de que le dejara libre el paso en caso de encontrarla, Izábal le extendió un salvoconducto. Manuela marchó con una rapidez asombrosa y pronto desapareció al caer la tarde de ese día 26. Según su compromiso, al día siguiente debía regresar Manuela con sus parientes, como los Seris se llaman entre sí, y con los Yaquis. Las demás prisioneras fueron llevadas al campamento de los soldados y la noche pasó sin novedad.

Al día siguiente, el 27 de diciembre no hubo novedad, llegó la noche y la emisaria Manuela no se presentó como se había acordado. Pasadas las primeras horas de la mañana del 28 tampoco llegó y entonces Rafael Izábal con los Pápagos, se puso en marcha rumbo a la playa donde habían desembarcado días antes, mientras el resto se quedaba en el campamento en espera de la columna del Cap. Flores, quien llegó en la tarde con otras prisioneras. También arribó la fuerza de Rafael Moreno, quien no había descansado hasta encontrar a los indígenas con quien tuvo un enfrentamiento, obteniendo un botín similar al anterior. Las nuevas prisioneras fueron llevadas a donde se encontraban las primeras.

Cuando Izábal  marchó rumbo a la playa, junto con sus acompañantes se embarcaron en el Bernardo Reyes que navegó con dirección a donde los Pápagos habían tenido el encuentro con Seris y Yaquis. Cerca de ahí fondearon por estar encima la noche y en la madrugada del 29 de diciembre el Gobernador ordenó que desembarcaran los Pápagos, con instrucciones de dirigirse por tierra para el punto conocido como el Tecomate, sitio para el que también enfiló el buque llegando a las diez de la mañana. Ahí desembarcó la expedición y una hora después llegaron los Pápagos. En ese lugar de la playa había una ranchería Seri y en ella huellas frescas, por lo que ordenó Izábal que se aprovisionara a los Pápagos y que las siguieran. Estaban por terminarse los preparativos para esta marcha cuando aparecieron dos emisarias de los Seris enarbolando una bandera blanca y traían el salvoconducto expedido por el Gobernador. Aquellas mujeres, con alegría desbordante, gritaban dirigiéndose al Gobernador:

"Ahora sí, Capitán, cumplimos, quedamos libres, ¿verdad?, mira, mira…”

y una de ellas subía cuan alto podía un palo del que colgaban unos sombreros de petate. Izábal ordenó al Cmte. Barrón que descubriera lo que aquellos sombreros  ocultaban y era un manojo de manos humanas aun chorreando sangre. Lo que había pasado era horrible y, se dice, que Manuela cuando juntó y alzó las manos quiso decir que si los Yaquis se resistían a entregarse, los matarían los Seris y les cortarían las manos para entregarlas como garantía de que habían cumplido su compromiso. Las manos cortadas fueron ocho: cuatro de hombres, tres de mujeres y una de niño.

Mujeres Seris con un racimo de manos de yaquis en un palo, al fondo Rafael Izábal (Tomada de: García y Alva).

Una vez pasada la impresión producida por la escena, según la crónica, Izábal ordenó a la emisaria que había traído el macabro trofeo, que se regresara a decirle a Manuela que se presentara con todos los Seris según lo acordado. Estaba por oscurecer cuando los expedicionarios abordaron el Bernardo Reyes para fondear en otro sitio, ya que se había iniciado un fuerte viento. A las cuatro de la mañana del día 30 regresaron a mismo sitio del día anterior y desembarcaron para esperar a los Seris, clavando unas banderas blancas en la arena para darles confianza a los indígenas. Pasadas las primeras horas de la mañana y al ver que los Seris no llegaban, Izábal dio órdenes a los Pápagos para que fueran a buscarlos, mientras él se embarcó de nuevo poniendo rumbo a la isla de Patos con la intención de explorarla, donde solo encontraron una gran colonia de lobos marinos de los que cazaron una buena cantidad .

Por la tarde regresaron al campamento de la playa, a donde ya habían regresado los Pápagos e informó Rafael Moreno que a unas cuatro leguas habían encontrado al jefe Juan Tomás con su tribu, quien después de una pequeña negociación, aceptó reunir al resto de su gente que se había desparramado por toda la isla y que se presentaría donde el Gobernador lo ordenara, anticipando que si ese tiempo pasaba de los seis meses que podían hacer con ellos lo que quisieran, inclusive aniquilarlos.

La noche estaba por caer y todos volvieron a embarcarse y al siguiente día, 31 de diciembre, el buque enfiló hacia donde se encontraba el Demócrata, a donde llegó después de haber ordenado desembarcado a un destacamento que fue a comunicar las órdenes del Gobernador para que se levantaran los campamentos y se dirigieron las tropas a la playa para embarcarse. Gran parte de la tarde se empleó en embarcar todo y ya de noche enfilaron rumbo a Guaymas, a donde llegaron el día primero del año a las once de la mañana.

A pesar del aniquilamiento sistemático de los Yaquis, estos siguieron siendo un gran dolor de cabeza para el gobierno de Rafael Izábal y de Luis E. Torres. Para 1906 la red rebelde indígena se encontraba fortalecida y no sólo era un apoyo militar a la resistencia de los Yaquis, fortaleció su sentido de pertenencia étnica. Su identidad adquirió nuevos valores que reprodujeron una nueva cultura yaqui que cimentó la insurgencia de una nueva forma de vida migrante. Se puede hablar de la reproducción de una nueva resistencia cultural que se mantuvo a lo largo del estado de Sonora y en las ciudades fronterizas de Arizona.

La red rebelde permitió extender la lucha armada de resistencia, frenar las deportaciones, alcanzar una superioridad militar al contar con rifles Winchester, y en general, la red mantuvo el soporte material y humano necesario para continuar la resistencia indígena. Al entretejer la red los Yaquis integraron a su movimiento de resistencia nuevos elementos ideológicos y prácticas políticas de otros entes sociales y políticos que formaron el movimiento antiporfiristas y anticapitalista asentado en la frontera entre México y los Estados Unidos. Entre estos se encontraba el movimiento magonista que daba su firme y franco apoyo a la causa Yaqui.

Al iniciar la Revolución Maderistas los Yaquis se integraron al ejército de José María Maytorena quien fue uno de los primeros sonorenses en unirse a madero, para atacar a las fuerzas federales destacadas en Sonora y dirigidas por el Gral. Luis E. Torres en el estado de Sonora, para entonces Izabal había muerto.

IZÁBAL Y CANANEA
Como diputado y como gobernador, Izábal influiría mucho en el desarrollo de Cananea y en el cómo se desarrolló a partir de 1899, cuando se le dan todas las facilidades a William C. Greene para apoderarse de Cananea y ser “amo y señor de haciendas”, aun por encima del Triunvirato de Sonora, Torres-Corral-Izábal, con quienes, “previa untada de mano”, en sus múltiples reelecciones, Greene conseguía todo tipo de permisos, concesiones y apoyos para acaparar, poco a poco, todas las áreas económicas de la ciudad, inclusive ponía y quitaba autoridades, planeaba como se debería desarrollar urbanísticamente la ciudad, instituía zonas para americanos y mexicanos, sobre todo para los más pobres.

Para finales del siglo XIX y principios del XX la región de Cananea era rica en variedad y cantidad de bosques, lo que llevaría a una confrontación entre las compañías mineras-ganaderas, como la de Greene (Cananea Consolidated Copper Company -1899- y Cananea Cattle Company -1901), quien desalojaba a quienes se encontraban en terrenos que el necesitaba para el desarrollo de sus proyectos, etapa que tiene su origen en los cambios de tecnología que estaba sufriendo la minería y la irremediable necesidad de cantidades enormes de materias primas como la madera, cuyos usos hicieron de ella un jugoso negocio, ya que se utilizaba como combustible en las calderas generadoras de vapor de la casa de bombas de agua ubicada en el Ojo de Arvallo que enviaba agua para la ciudad y para el beneficio de los minerales; así mismo, para la construcción de la ciudad como la estaba planeando Greene, con el respaldo incondicional de todas las autoridades.
Greene incluso llegó a despojar a la familia Arvallo de sus terrenos porque ambicionaba la madera y la leña para la compañía, ya que la fundición que también inicialmente operaba con leña que le compraban a los Arvallo. J. Jesús Merino dueño de la hacienda La Sauceda, Filomeno Suárez de Las Nutrias, Gabino Arriaga de San Lázaro y Rafael Elías de San Pedro; todos ellos también fueron amenazados y despojados por Greene y sus esbirros en alianza con las autoridades locales y estatales, por cierto, autoridades municipales impuestas por el cacique local, quien incluso llegó al grado de pedirle a Gobernador Torres en agosto de 1900 que destituyera al vicegobernador Celedonio Ortiz porque se había opuesto a que Greene se quedara con la mina Cobre Grande, pleito que sostenía con otra empresa, mina que finalmente se la queda Greene. Por cierto, el despido de Ortiz finalmente se dio, al mismo tiempo que Torres solicitaba permiso para ausentarse del ejecutivo estatal y entraría Rafael Izábal como gobernador interino, época ésta, en que ocurrieron casi todos los despojos de tierras por Greene.

Antes los intentos por recuperar sus propiedades por vías legales por los legítimos dueños, la respuesta de las autoridades estatales fueron los encarcelamientos extrajudiciales, el envenenamiento de los abogados defensores, entre otras arbitrariedades. Todo esto sucedía con la complacencia de Rafael Izábal, en su momento, el pusilánime del Triunvirato y a quien Greene le daba órdenes como se verá más adelante.

Dentro de las principales facilidades, permisos o concesiones que se le otorgaron a William C. Greene por parte de Izábal, Torres y Corral a partir de 1896 y hasta 1910, había concesiones mineras en Cananea y muchos otros municipios del estado, autorización de contratos para construir la fundición, la concentradora, el ferrocarril de vía angosta, los ferrocarriles Naco-Cananea-Nogales, Guaymas-Guadalajara. Así mismo, se le otorgarían facilidades y permisos para construir los ferrocarriles Guaymas-Tonichi, Sonora-Chihuahua y hasta concesiones para explorar para petróleo; aunque estos últimos tres proyectos no se concretaron.

Durante el mandato de Izábal se le otorgó a Cananea la categoría política de municipio mediante decreto No. 7 de fecha 31 de octubre de 1901. Meses después, el 27 de octubre de 1902, Izábal también apoyaría para que el Congreso Local autorizara al presidente municipal firmar los créditos otorgados por Greene para la construcción del palacio municipal, la cárcel y el rastro.

Palacio Municipal de Cananea en 1903 (Foto: D.P.).
Izabal seguiría apoyando a Greene y a una élite de funcionarios y empresarios mexicanos avecindados en Cananea hasta 1910, quienes solo se enriquecían a costa del erario público y de explotar a los obreros en las minas, ranchos y otros negocios, inclusive en las casas de juego que operaban el presidente municipal Eduardo R. Arnold y su hermano Reginaldo, donde muchos obreros dejaban sus salarios.

TRAICIÓN A LA PATRIA
De la misma manera que los magonistas daban apoyo a los Yaquis y otras etnias, también lo hacían con muchas comunidades obreras del país, incluyendo a los explotados mineros, ya que de allí se nutrían, sobre todo a los de grandes minerales del norte del país como Cananea, Nacozari, La Dura, La Colorada, etc., lugares todos estos, donde los magonistas habían estado trabajando por lo menos desde 1901; sin embargo, fue en Cananea donde toma más notoriedad su trabajo social y de rebelión contra el estatus impuesto por Porfirio Días y todos los inversionistas extranjeros y nacionales que explotaban las minas, tierras y fábricas a lo largo y ancho del país.

La situación socio-económica se había vuelto insostenible a pocos años de la constitución de la Cananea Consolidated Copper Company (4C) el 30 de Septiembre de 1899 por William C. Greene, empresa que vino a cambiar las técnicas y metodologías mineras empleadas desde la época colonial, sin embargo, la empresa además dominaba todos los ámbitos económicos y sociales de la ciudad y para 1903 la sociedad y los comerciantes estaban hartos de los abusos de la empresa y en mayo de 1903, firmado por setenta ciudadanos, envían un documento a Porfirio Días quejándose del actuar de los extranjeros y autoridades mexicanas, por supuesto que no hubo respuesta, ya que Izábal, Corral y Torres estaban coludidos con la empresa y ellos eran quienes ponían a las autoridades locales, por lo que los problemas persistían y se agudizaban.

Ante este panorama tan desolador para los obreros, campesinos y etnias mexicanos, el movimiento magonista, cuyos líderes ya habían abandonado el país desde 1904 huyendo del servicio secreto de Días, refugiándose primero en San Antonio, TX y luego en San Luis, MO, para mediados de 1905 ya habían establecido en Douglas, AZ una base de operaciones, para desde allí, influir en el norte de Sonora impactando notoriamente en Cananea y otros minerales, donde los liberales empezaron a establecerse a mediados de 1905; su plan no era provocar disturbios laborales sino crear el ambiente propicio para derrocar a Porfirio Días. Esto por supuesto alertó al gobierno de Rafael Izábal y se mantenía en constante comunicación con la capital de la República.

Una vez instalado el centro de operaciones en Douglas, son enviados a Cananea José López, Enrique Bermúdez y Antonio de Pío Araujo como una forma de avanzada de la revolución magonista, sin embargo, aún no tenían una idea muy clara de cómo desarrollarla y operarla junto con los obreros. Formaron un semanario llamado El Centenario y establecieron contacto con Manuel M. Diéguez quien había llegado a Cananea desde 1904, también lo harían con Esteban Baca Calderón y Lázaro Gutiérrez de Lara quienes habían llegado en 1905 y para entonces los tres trabajaban en la 4C.

De la reunión y con asesoramiento de esta avanzada magonista, nacería en enero de 1906 la sociedad secreta Unión Liberal Humanidad en el campo minero de Buenavista (El Pueblo o Pueblo Nuevo) ubicado a poco más de dos kilómetros del centro de Cananea, que reuniría a solo 15 miembros, pues era muy arriesgado promocionar la incorporación de miembros, ya que la empresa y la ciudad estaba llena de porfiristas y extranjeros que trabajaban para la empresa, quienes estaban prestos a denunciar cualquier intento de rebelión de cualquier tipo.

Posteriormente, Lázaro Gutiérrez de Lara forma en El Ronquillo y la Mesa Grande otra agrupación clandestina llamada Club Liberal de Cananea, agrupación constituida también por una mayoría magonista, desde donde se intenta crear conciencia respecto a la situación laboral y nacional, cuya función no era la de contraponerse a la Unión, sino ampliar el radio de acción magonista.

Ya para mayo de 1906, los grupos magonistas estaban muy activos en Cananea y en la frontera sur de Arizona y los gobiernos estatal y federal estaban muy inquietos porque, además, del crecimiento del movimiento magonista, Rafael Izábal tuvo una conferencia con Greene y llegaron al acuerdo de que la 4C debería rebajar cincuenta centavos a los salarios de los mineros mexicanos porque, en primer lugar, estaban muy inquietos y listos para provocar dificultades, y en segundo, porque los trabajadores agrícolas abandonaban el campo para ir a las minas en busca de mejores jornales y era necesario tomar esa medida para evitarlo, ya que a él como hacendado y agricultor, no le convenía que los peones dejaran el campo. Quizás por eso, desde mediados de mayo se dejaba sentir entre los trabajadores, un ambiente de inquietud al comentarse los propósitos de la Junta Patriótica, Unión de Obreros según otros, de emplazar a la compañía para que diera un tratamiento igual a los mexicanos, tanto en las jornadas de trabajo como en el pago de los salarios, tema recurrente en las reuniones de los magonista, reuniones que se habían hecho más frecuentes durante los últimos 10 días de mayo.

Todo parece indicar que a finales de mayo, los obreros ya habían hecho saber a W.C. Greene la petición de aumento de salario y reducción de la jornada de trabajo, pero como respuesta la 4C, a través de dos mayordomos, comunicó a los rezagadores, carreros, barreteros y ademadores de la mina Oversight que la extracción del mineral quedaba sujeta a contrato, quedando así, en manos de los mayordomos la reducción de operarios y el incremento de las cargas de trabajo al resto de los obreros y empleados. Ante esta situación, los obreros a las 3:00 am del día 1 de junio estallan una huelga en la mina Oversight, rebasando a los magonistas a quienes no les convenía realizar una huelga en esos momentos.

La huelga iniciaría de una forma pacífica y se extendería a las demás minas, mediante recorridos de los mineros y convenciendo a los obreros, primero de las minas y después de otros departamentos como la concentradora y fundición.

El comisario de El Ronquillo, Pablo Rubio durante las primeras horas de ese día 1 de junio, mandó un telegrama al secretario del gobernador Rafael Izabal que decía:

“Todo el día y noche de ayer pasó en gran alarma, nadie durmió en espera de acontecimientos que se redujeron a una huelga de cuatrocientos barreteros mexicanos que quieren ocho horas trabajo y cinco pesos diarios. Hablé con ellos, conseguí se disolvieran y abandonaran puerta mina donde impedían que otros entraran, hoy a las diez una delegación de catorce conferenciará con Mr. Dwight procurando entenderse. Todo está tranquilo, seguiré informando.”

Por su parte, Greene también telegrafiaba a Izabal diciéndole:

“McManus estará este medio día; lleva asunto serio que se le comunicara. Suplícole su presencia en Cananea, mañana si es posible.”

A las 9 de la mañana había grupos de obreros caminando por las vías del tren rumbo a El Ronquillo, mientras Esteban Baca Calderón ya había empezado a elaborar un pliego petitorio. Después de presentar el pliego en la comisaría de El Ronquillo y no obtener respuesta a sus demandas, la huelga siguió creciendo y a la 1 de la tarde, por primera vez desde que se construyó la fundición, dejo de salir humo por la chimenea principal, evento que la población veía con extrañeza porque el penacho de humo de la chimenea principal se había convertido en un referente de Cananea a nivel regional.

Para entonces, Rafael Izábal ya había decidido trasladarse a Cananea y le envía al Vicepresidente Ramón Corral el telegrama siguiente:

“Junio 1º Vicepresidente Ramón Corral. México. Salgo esta tarde para Cananea en tren expreso. Llevo rurales que desembarcaré en Imuris para que de allí continúen. Me dicen que el desorden toma proporciones alarmantes. Son capitanes mueven a aquella gente 6 u 8 picaros entre ellos los periodistas del Azote que se publica en Douglas, Arizona.

Con pretexto de huelga el movimiento es revolucionario como verá usted por proclama que por correo le envío. No sé si tenga que fusilar a algunos. Si algo se le ocurre telegrafíeme a Naco hasta mañana de mañana y después a Cananea.”

Más tarde, en Cananea, después de otra reunión con el representante de la empresa, al ver la poca seriedad que le daban a sus peticiones, los mineros marcharon rumbo a la maderería y almacén de alimentos para ganado, único departamento de la empresa que faltaba por visitar y después de las 3 de la tarde empezaron a caminar con ese rumbo en correcta formación y con todo orden, se dirigieron con el propósito de suspender las labores de los trabajadores mexicanos que laboraban en la maderería de la empresa, ubicada frente a la Estación del Ferrocarril.

Al llegar los mineros frente a la maderería y arengar a los trabajadores mexicanos para que dejaran de laborar y se unieran a la huelga, fueron recibidos por George Metcalf, el gerente de ese departamento, con chorros de agua a presión de las mangueras contra incendio y como respuesta los mineros comenzaron a arrojar piedras sobre la ventana de donde había salido el chorro de agua.

Mineros frente a la maderería la tarde del 1 de junio de 1906 (Foto: D.P.)
La respuesta fue una detonación cuya bala hizo blanco en uno de tantos. Al ver rodar por el suelo a uno de sus compañeros y no teniendo absolutamente ninguna arma para repeler la agresión del señor Metcalf, los demás arrojaron una lluvia de piedras sobre el edificio, tocándole una en la cara al señor Metcalf, quien se tiró por una de las ventanas hacia la calle, al caer el señor Metcalf empuñaba un rifle calibre 30.40 marca Winchester y cruzaban su pecho dos cartucheras repletas de tiros. Sentado y con una pierna cruzada disparó otro de sus tiros matando a otro de los huelguistas, y entonces un grupo de ellos se precipitó sobre él arrojándole un sinnúmero de piedras. Pudo levantarse el señor Metcalf e internándose por uno de los pasillos de la Maderería corrió a ocultarse, pero fue perseguido y muerto. William Metcalf, hermano de George, se precipitó por las escaleras y tomando una de las callejuelas que conducen a un hermoso puente recientemente construido y que sirve para conducir la madera a otros departamentos, disparó varios tiros sobre la multitud, la que ebria de venganza lo persiguió como seiscientos metros de distancia, donde cuatro jóvenes huelguistas lucharon con él, quien mató a tres, hirió al último en un dedo y pereció a manos de éste con tiros de su propia arma.

Mineros frente a la maderería la tarde del 1 de junio de 1906 (Foto: D.P.)

Este enfrentamiento a tiros iniciado por los Metcalf derivó en la muerte de otras personas quemadas durante el incendio de la maderería y en otros dos enfrentamientos en las calles de Cananea donde la mayor parte de los muertos y heridos fueron de parte de los huelguistas.

Para esto, el Gral. Luis E. Torres, jefe de las fuerzas armadas, ya había enviado varios telegramas al gobernador Rafael Izábal, donde le indicaba que podía disponer de las fuerzas de Magdalena, Guaymas y Hermosillo para traerlas a Cananea porque decía que más que una huelga, era una sedición, ya que había proclamas políticas de por medio.
Después de los enfrentamientos, William C. Greene, quien había estado muy activo y participado en uno de los enfrentamientos, se repliega a su casa y a eso de la 7:30 p.m., vía Naco, Arizona, envía un telegrama urgente al Gob. Izabal, donde más que solicitarle, le ordena que se presente en Cananea y además le mentía descaradamente respecto al número de muertos; el telegrama decía:

“Trae tus tropas contigo no desembarques en Imuris, ven en tren especial, condición seria alrededor de cuarenta hombres muertos, te encontrarán en Naco con el tren para traerte aquí”.

Telegrama enviado por Greene a Izabal la tarde-noche del 1 de junio de 1906 (Imagen: AHES).

Minutos después (7:41 p.m.), el Gral. Luis E. Torres reenviaba al Vicepresidente Ramón Corral la información siguiente:

“El Sr. Bracamonte inspector de telégrafos, habiéndole yo preguntado me diese noticias de Cananea, me comentó lo siguiente en este momento. 7.41 p.m.”

“General Luis E. Torres. Urgente. La multitud de los huelguistas pidió la destitución de los empleados. La respuesta recibida fue una descarga de los americanos, por lo cual, dos personas fueron heridas. Los hermanos Metcalf, superintendentes, fueron muertos a pedradas, pues ninguno de los mexicanos tenía armas. Los revoltosos pasaron por las calles, y en el centro de la ciudad, cierto número de americanos montados en automóviles y sobre caballos, hicieron fuego a una y otra parte, sobre las casas de las familias mexicanas. De este modo, 15 mexicanos fueron muertos, y otros varios fueron heridos, incluyendo un niño que salía de la escuela. Témese que ocurran mayores disturbios esta noche, pues los mexicanos indignados por los asesinatos cometidos, compraron armas, según se dice, todas las pistolas que había en las armerías y procuran armarse rápidamente.”

“Llegaré a Cananea tan pronto como me sea posible.”

Mientras tanto, los telegramas iban y venían de Cananea a Magdalena, de Agua Prieta a Magdalena, donde llegaría Izábal a eso de las 10:00 p.m. Uno de esos telegramas, era bastante alarmante no solo por lo que decía, sino porque provenía de Antonio Maza, Vice-Cónsul mexicano en Douglas, que decía:

“Con motivo disturbio en Cananea, estanse armando gente en Douglas y en Bisbee. Acaba de salir un tren especial con rangers rumbo a Naco. Y en oficinas telegráficas de Douglas se han recibido mensajes de que fuerzas federales de El Paso y del fuerte Huachuca van a situarse frente a Naco.”

El Juez de Primera Instancia de Cananea, F. López Linares, describiendo los sangrientos hechos, también envía un telegrama a Izábal recibido en Magdalena, donde le dice:

“Acabando de recibir mensaje Barroso Jefe Político indica subalterno diole parte de que en maderería americano hirió mexicano. Policía seis (Los policías tenían un número de identificación) informa que Greene llego Mesa con Dwight, bajáronse mandando hacer fuego contra pueblo que hacía manifestaciones calle comenzando ellos mismos a tirar resultando cinco muertos dos heridos incendiaron maderería, cosas toman mal aspecto esperamos órdenes.”

“Acaban comunicar hay cinco cadáveres más. Comunícole por Presidente que cura heridos”

Ante esta ola de información que estaba recibiendo Rafael Izábal, una real, otra exagerada y alarmista para apresurar su estancia en Cananea, el gobernador salió de Hermosillo con dirección a la frontera con 20 rurales al mando del Cmte. Luis Medina Barrón a quienes desembarcó en Imuris para que continuaran a caballo hacia Cananea, pero antes de salir de Hermosillo, había telegrafiado a Magdalena al Col. Emilio Kosterliztky para que se trasladara a Cananea con 30 fiscales.

El último telegrama que enviaría Izábal ese día iba dirigido al Presidente municipal de Cananea Filiberto Barroso y decía:

“Como caso de que me da cuenta en su mensaje de hoy no es sino un motín provocado por la proclama que se repartió en esta, aprehenda Ud. a todos los que la encabezan y póngalos a disposición del Juez de Primera Instancia de ese lugar, quedando Ud. autorizado para armar a la gente que juzgue necesaria a fin de cumplir con esta disposición. Comuníqueme por esta vía cuanto ocurra.”

A las 11: 00 p.m. de ese día 1 de junio, el primer tren de refugiados de Cananea, que llevaba en su mayoría mujeres y niños, llegó a Bisbee, pues los americanos habían empezado a ser evacuados de Cananea. Una vez más, los informes altamente exagerados se extendieron rápidamente entre la multitud sobreexcitada. Justo antes de la medianoche, el tren con 270 “voluntarios”, incluyendo el Cap. Rynning y sus Rangers, partió de Bisbee hacia Naco, llegando allí alrededor de  la 1:00 a.m. del día 2. Junto con los “voluntarios” en el tren también habían cargado todas las armas disponibles en la Copper Queen Store, armas que habían sido solicitadas por Greene

Rynning mientras esperaba al gobernador de Sonora en Naco, recibió otra llamada telefónica de Greene, quien instó a los voluntarios a apresurarse, ya que los disparos seguían en Cananea. El Capitán le aseguró a Greene que iría tan pronto como se pudiera conseguir un tren, pero explicó que, en cualquier caso, tenía que esperar la llegada del Gobernador Izábal

Izábal llega a Nogales a las 2:00 a.m del día 2 de junio, mientras tanto en la frontera de Naco ya se habían reunido más de 300 personas entre Rangers de Arizona al mando del Cap. Tom Rynning y voluntarios y/o mercenarios convocados por los amigos de Greene en el sureste de Arizona. El hecho es, que había una multitud queriendo cruzar armas y trasladarse a Cananea, debido a las noticias alarmistas y exageradas que había enviado Greene y el Cónsul de USA en Cananea. Un grupo de quince voluntarios, incluido el director local de la Y. M. C. A., Edward Buchner, incapaces de controlar su afán de llegar a Cananea, se habían trasladado a caballo a Naco, donde se vieron envueltos con los guardias fronterizos mexicanos. Este grupo quiso pasar a la fuerza la frontera pero fueron repelidos por guardias fiscales de la aduana mexicana, cerca de la media noche.

Para entonces, Rafael Izábal ya había solicitado apoyo a Washington y al Gobernador de Arizona para que enviaran tropas a Cananea. Después de cruzar la frontera en Nogales donde se le unieron el Cónsul de USA en esa ciudad y otras personas, Izábal siguió por el lado estadounidense con dirección a Naco, Az, en cuyo transcurso recibió más de una docena de mensajes de Greene dándole órdenes. Finalmente el Gobernador llega después de las 6 de la mañana a Naco, Az, donde inmediatamente fue abordado por los Rangers y la multitud congregada en torno a la estación del ferrocarril, exigiéndole que les permitiera pasar armas a Cananea.

Para esto, Washington y el Gobernador de Arizona ya habían emitido telegramas en el sentido de que los Rangers o cualquier otro miembro de las fuerzas armadas no deberían cruzar hacía México porque se provocaría un problema internacional; Por otra parte, las autoridades de USA estaban asombradas de que el Gobernador Rafael Izábal les solicitara ayuda para resolver el caso de Cananea, lo que establecía un nuevo precedente diplomático; sin embargo, los funcionarios de Washington serían más prudentes que Izábal al no autorizar el cruce de tropas hacia México.

Una vez que el tren donde viajaba Rafael Izábal se detuvo y éste descendió, se celebró una conferencia apresurada entre el Cap. Rynning, el gobernador de Sonora, Francisco Aguilar prefecto político del Distrito de Hermosillo y el comandante Luis Medina Barrón. El Cmde. Medina Barrón le señaló al Cap. Rynning que el cuerpo armado de Rangers no podía cruzar la frontera. El comandante mexicano también le dijo que había ordenado a un cuerpo de infantería mexicana que marchara desde Arizpe a Cananea. Rynning le replica argumentando que Arizpe se encontraba a sesenta millas al sur de Cananea, y que incluso con marchas forzadas las tropas no podían esperar llegar a Cananea en menos de tres días, tiempo durante el cual todos los estadounidenses en Cananea podrían ser asesinados. Rynning propuso una solución a este problema:

“…….que los hombres crucen la frontera individualmente sin ninguna organización, tal acción no constituiría una invasión por un cuerpo organizado de hombres armados".

Las autoridades mexicanas se apresuraron a analizar la propuesta, pero el gobernador Izábal estaba seguro de que necesitaría ayuda cuando llegara a Cananea. Su propia guardia personal se había quedado en Imuris y su marcha a Cananea sería tardada y no llegaría a tiempo para ayudar, además su número en realidad era poco. Bajo este entendido, tanto Izábal como Medina Barrón, se alegraron de encontrar una forma en la que pudieran utilizar “legalmente” los servicios de los “voluntarios” y Rangers estadounidenses. Inmediatamente asintieron al plan de Rynning y los “voluntarios” fueron llevados a la frontera y formaron una línea. Rynning luego se dirigió a los hombres, explicando la dificultad de cruzar la línea internacional como un cuerpo, pero avisándoles que podían cruzar como individuos.

Antes de partir, Rynning envía un telegrama apresurado al Gobernador de Arizona, solicitando un permiso de ausencia temporal inmediato. Este telegrama se perdió en tránsito. Poco tiempo después, Rynning, inconsciente de la pérdida de su mensaje anterior, después de la entrevista con Izábal envía al Gobernador de Arizona el telegrama siguiente:

 “Por súplica del Gobernador Izábal de Sonora, 275 voluntarios partirán a proteger los interés americanos en Cananea.”

El Gobernador de Arizona comunica al Cap. Rynning que en caso de cruzar hacia México deberían pasar como civiles, sin uniformes y bajo su propio riesgo.

El Capitán Rynning aceptó las condiciones en nombre de los voluntarios, y todo el grupo marchó a la frontera para entrar a Sonora. Rynning permaneció al mando de los estadounidenses. Además de su posición como capitán y comandante de los Rangers de Arizona, ocupó una comisión como capitán de la “milicia” en Sonora, nombrado por el Cmte. Medina Barrón. Este puesto, en vista de su solicitud de permiso de ausencia al Gobernador de Arizona, era técnicamente el puesto con el que Rynning ingresó a Cananea. Sin embargo, cinco Rangers de Arizona acompañaron a Rynning a Cananea: Arthur Hopkins, Johnny Foster, Samuel Hayhurst, Johnny Brooks y William Olds. Independientemente de si el Gobernador de Arizona, le había otorgado el "permiso de ausencia temporal " al Cap. Rynning, para acompañar a los voluntarios, ya que la respuesta del Gobernador de Arizona no se había recibido.

En la línea fronteriza, Izábal le dijo a Rynning que enviara a los hombres sin formación. Ya dentro de Sonora Rynning hizo la formalidad de ofrecer sus servicios a las autoridades "como soldados para ayudar a sofocar esta insurrección". El gobernador formalmente aceptó los servicios de los hombres y se formaron filas nuevamente. El Cmte. Medina Barrón juramentó a los estadounidenses en el ejército mexicano y el gobernador Izábal se dirigió a ellos diciendo:

"Estoy profundamente agradecido por sus servicios voluntarios en esta ocasión. Voy a Cananea para restaurar la ley y el orden, y me complace contar con su oferta de asistencia. Antes de partir hacia Cananea, sin embargo, deseo que cada hombre entienda claramente que mientras esté en Sonora en esta expedición, está absolutamente bajo mis órdenes y además es dócil a las leyes de México."

Todo este proceso en el que se consumó la Traición a la Patria, duró alrededor de hora y media, y una vez consumada, Rafael Izábal y su contingente abordaron el tren en seis vagones de pasajeros, llegando a Cananea a media mañana, se escuchó el silbato de la locomotora ingresando a la estación del ferrocarril cerca de laS 10:30 a.m., donde los esperaba un gran contingente de huelguistas, además de Greene, las autoridades municipales y comerciantes, unos por curiosidad y otros por rendir pleitesía al Gobernador y a la fuerza mexicana que se creía lo escoltaba.

Llegada del tren de Rafael Izabal a la estación de Cananea la mañana del 2 de junio de 1906 (Foto: AHS, tomada de CMC).

Los huelguistas se enteraron que llegaba el Gobernador Izábal a eso de las nueve de la mañana y acudieron a la estación porque pensaron que los acompañaban soldados nacionales para castigar a los americanos, bendita ingenuidad de los mineros de Cananea, grande fue su decepción al enterarse quienes acompañaban al Gobernador y empezaron a surgir de la muchedumbre gritos de desaprobación y contra Izábal. Uno de estos gritos era de Lázaro Gutiérrez de Lara a quien, dice Baca Calderón, no le dolía la boca para decir verdades; con voz tronante, duras frases y rojo de indignación enfrentaba a los que consumaban aquella traición de lesa patria. No terminaba de hablar cuando él y Rafael J. Castro fueron aprehendidos y llevados a la cárcel.

Ya habían empezado a descender del tren los “voluntarios”, cuando Greene, quien era el que realmente mandaba allí, ordenó que el desembarco sería en El Ronquillo, frente a las oficinas principales de la 4C.

Tres automóviles estaban esperando en la estación al gobernador, Greene estaba de pie en el primero y cuando el gobernador descendió, lo tomó del brazo y lo condujo a su vehículo. Una gran multitud se reunió alrededor agitando el sombrero en la mano y Greene propuso un:

"¡Viva el Gobernador de Sonora!"

pero todo fue silencio.

Después de una visita apresurada al palacio municipal donde se entrevistó con Filiberto V. Barroso, y la cárcel donde todavía estaban los cadáveres de los huelguistas que Izábal no quiso ver, el grupo llegó a El Ronquillo, poco después de mediodía se hospeda en el “Club Hotel”, el hotel de los americanos.

Frente a las oficinas generales se había estacionado el tren con los “voluntarios” americanos y una vez en El Ronquillo éstos se dividieron en grupos y fueron a resguardar la tienda de raya, el banco, la oficina general, la fundición, la concentradora y la maderería de El Ronquillo; bajo la dirección de los siguientes personas: H. J. Amphlett, Sam Powers, Al Mathews, Billy Swan y William Olds.

Personas esperando a Rafael Izabal frente a la tienda de raya resguardada por empleados y “voluntarios” americanos el 2 de junio de 1906 (Foto: AHS, tomada de CMC).

Pronto se corrió la voz de que el gobernador había llegado, y cuando Izábal y Greene, acompañados por Frank Moson, el hijastro de Greene, llegaron frente a la tienda de raya en su automóvil, la calle estaban abarrotada con más de dos mil personas. Se apiñaron alrededor del automóvil ocupado por el gobernador y el presidente Greene, mientras Moson estaba de pie a un lado del automóvil con el rifle listo para usarlo.

El Gobernador se levantó para hablar e instantáneamente se hizo el silencio. Los huelguistas se acercaron al automóvil presurosos por escuchar. El vehículo se estacionó al centro de la calle rodeado por los edificios importantes de la compañía, los “voluntarios” americanos y empleados de la 4C estaban apostados con rifles al frente de estos edificios. El gobernador Izábal comenzó diciendo a los huelguistas que todos los ciudadanos de la república deben respetar la ley y el orden y dijo:

"Han hecho cosas que no pueden ser toleradas por el gobierno mexicano, la matanza y el saqueo no pueden encontrar un lugar en este campo mientras yo sea Gobernador. Estoy aquí en su interés, y le garantizo que todos sus derechos serán respetados, pero primero debe haber ley y orden".

Después, de este momento, como acostumbraba cuando hablaba a quien considera inferior a su persona y quería sobajar, empieza a utilizar un lenguaje soez que un testigo anónimo describe de la manera siguiente:

“Se lamentó todo el público de no tener por ahí un taquígrafo, para haber podido recoger integras las alocuciones de ambos señores, siendo la más notable, por su falta absoluta de moral y buen decir, la del señor Gobernador, pues causa rubor traer a la memoria muchas de sus palabras y de sus ideas, pues salieron entre sus comparaciones, lupanares de mexicanos que cuestan tres pesos el visitarlos, y otro, de los americanos, que cuesta cinco pesos, y que lo mismo pasaba en las minas; los americanos cobraban cinco pesos en su trabajo y los mexicanos tres. Muy edificante a la vez convincente, fue semejante lenguaje, en momentos tan críticos. Debe haber quedado el señor Izábal muy satisfecho de sus elucubraciones tribunicias.”

“Tanto en esta ocasión, como más tarde, cuando volvió a hacer uso de la palabra, el lenguaje bajo y soez del C. Gobernador, fue como leños secos echados en la hoguera de la indignación popular.”

Rafael Izabal (con sombrero de bombín) frente a la tienda de raya habla a los huelguistas el 2 de junio de 1906 (Foto: AHS, tomada de CMC).

Rafael Izábal, al igual que Greene quien habló después del Gobernador, fueron frecuentemente interrumpidos por hombres jóvenes, refutando sus argumentos; pero conforme terminaban de hablar, por órdenes de Izábal, eran aprehendidos y llevados a la cárcel. Más de 20 hombres ingresaron esa mañana a prisión. Más tarde, ambos volverían a hablar a los huelguistas desde la comisaría de El Ronquillo, después Izabal se retiraría al “Hotel Club”.

Alrededor de mediodía, después que Izabal y Greene hablaron a los huelguistas , probablemente porque para entonces Izábal había recibido el telegrama del Vicepresidente Ramón Corral, donde le ordenaba que no permitiera el ingreso de americanos armados a territorio mexicano se ordena el regreso de los “voluntarios” Americanos, pero Greene ordenó que permanezcan, dando instrucciones de que se escondiera la locomotora, así como el fogonero y el maquinista.

Dado que los argumentos esgrimidos por Izábal y Greene, más que convencer a los huelguistas, encendieron sus ánimos, estos decidieron reunirse en un sitio y marchar silenciosamente para tratar de llegar al “Hotel Club” y entrevistarse personalmente con el Gobernador Izábal, pero al llegar a la Avenida Principal, como se conocía antes a la Av. Juárez, y calle Tercera Oeste, frente al puente de madera del ferrocarril que comunicaba a El Ronquillo con el barrio de Cananea Vieja, se encontraron con un automóvil atravesado en la calle y con un grupo de “voluntarios” americanos apostados entre los maderos del puente, quienes desafiantes empezaron a insultar para provocar a los huelguistas. Ante la primera respuesta a los insultos, los “voluntarios” americanos empezaron a disparar contra los indefensos y escasamente armados huelguistas e inició un enfrentamiento que se extendió desde la Calle Primera hasta la Calle Tercera Oeste, a lo largo de la vía del tren y de la Cuesta de La Gruta (Av. Sonora).

“Voluntarios” americanos apostados en el puente de madera del FFCC en Av. Principal y Calle Tercera Oeste el 2 de junio de 1906 (Foto: AHS, tomada de CMC).

Todavía estaba en proceso este enfrentamiento cuando a eso de las cinco de la tarde el Col. Emilio Kosterlitzky y los Rurales llegan a Cananea, entrando por el camino de lo que ahora es la Calle del Puente en Cananea Vieja y amenazando por la retaguardia a los huelguistas a los que hicieron retirarse. El resto de la tarde hubo enfrentamientos esporádicos, pero los “voluntarios” americanos se posesionaron en las partes altas desde donde se dedicaron a cazar transeúntes y todavía cerca de las diez de la noche se escuchaban disparos.

Mientras tanto, sin querer enterarse de lo que ocurría en las calles, el Gobernador Izábal se encontraba en su habitación en el “Club Hotel” hasta donde llegaba la estridencia de los disparos, por cierto eran balas expansivas que destrozaban la parte del cuerpo donde pegaban.

Durante este enfrentamiento, según diferentes fuentes, murieron entre 15 y 30 huelguistas y 9 americanos desde las tres de la tarde en que inicia el enfrentamiento, hasta la puesta del sol.

Después de dispersar a los huelguistas, el Col. Kosterlitzky tiene una breve discusión con el Cap. Rynning, quien era un viejo conocido y a quien le dijo:

“Lárgate rápido de México Tom, o te saco a balazos!”

Rynning con toda prepotencia al saberse respaldado por Greene y por Izábal, le contestó:

“Ruso hijo de puta, lleva tus tropas allá arriba de aquellas rocas en donde puedas presentar batalla y yo te mostraré una que te hará pensar que nunca has participado en ninguna antes.”

El ambiente se tensó y se esperaba que hubiera una pelea entre el grupo de los “voluntarios” y los Rurales, sin embargo, Kosterlitzky optó por retirarse y se fue en busca de Izábal a quien recriminó que permitiera la entrada de Rynning y los “voluntarios”, y más que solicitarle, le ordenó que diera instrucciones para que abandonaran la ciudad.

Rynning después de la discusión con Kosterlitzky, dio instrucciones a los cinco rangers que había llevado para que mantuvieran vigilado al Col. Kosterlitzky y a sus Rurales, después se reunió con Greene quien lo había mandado llamar para decirle que había llegado el momento de quitarle un pedazo a México y que tenía todo el apoyo que necesitaba desde Wall Street hasta Arizona, que tenía a su disposición todos los millones necesarios para apoderarse de la mitad de Sonora. Rynning después también declararía en sus memorias que había personas muy importantes en Sonora que estaban a favor de que eso ocurriera.

El Gobernador Izábal y Greene se reunirían poco después y Kosterlitzky insiste de nuevo en que Rynning y los “voluntarios” deben abandonar la ciudad. Hay varias versiones de quien fue el que ordenó el retiro de los “voluntarios”, pero al final, probablemente porque convencieron a Greene que la instrucción de no permitir la entrada de americanos armados venía de la Capital Mexicana o, según otra versión, la orden viene de Estados Unidos, se da la orden de que los “voluntarios” aborden el tren y cerca de la diez de la noche, con las luces apagadas el tren fue custodiado por los Rurales hasta las afueras de la ciudad.

Otro día por la mañana, 3 de junio, llegaría el Gral. Luis E. Torres jefe de la zona militar, con fuerzas del 4º Batallón de Línea, quienes fueron acuarteladas en la escuela oficial de La Mesa Sur. Inmediatamente se hizo cargo de la ciudad, después de regañar al Gobernador Izábal en presencia del mayor Luis Medina Barrón, por haber violado la Constitución al no solo haber permitido la entrada de americanos armados a territorio nacional, sino haberlos solicitado y usarlos como escolta para trasladarse a Cananea, lo que constituía un crimen de lesa patria.

Hay versiones que tanto el Col. Kosterlitzky como el Gral. Torres, fusilaron gente, fuera de toda orden el día 3 de junio, incluso que los hicieron cavar sus propias tumbas y ejecutarlos para que cayeran en ellas; además, también hay versiones de que hubo ahorcados. Después de sepultar a los muertos durante la noche del día 2 y durante el día 3, una tensa calma se sentía en la ciudad y el miedo permeaba entre los huelguistas y demás ciudadanos, ya que se seguían haciendo arrestos entre los obreros.

El Gobernador Izábal queriendo ocultar sus errores y preparando su coartada, desde el día 2 de junio en la noche había empezado a tener comunicación con Ramón Corral desde Cananea con  respecto a cómo habían sucedido los eventos de los huelguistas y el 4 de junio le envía un telegrama donde le dice:

“Ya tiene usted noticias de que vinieron algunos americanos armados en el mismo tren que yo vine de Naco a aquí. Para aceptar venir con ellos o permitirles que vinieran conmigo, puse como condición que habían de obedecer estrictamente mis órdenes.”

“Llegados aquí y visto que las noticias eran exageradas les ordené que se devolvieran, y se devolvieron todos, sin quedar uno solo y sin ejercer ni un solo acto ni bueno ni malo”

Además de traidor, Izábal pretendía jugar a que engañaba a Ramón Corral, mintiendo sobre lo ocurrido, pero Corral ya estaba enterado de todo y sabía que tenía que proteger al Gobernador. Después de un ir y venir de telegramas, finalmente Corral opta por enviarle a Izábal un telegrama cifrado diciéndole como debía enviar su informe para no caer en responsabilidades, aunque finalmente termina por enviarle un documento que debía firmar y devolver como su informe.

El día 5 de junio, el Gral. Luis E. Torres después de amenazar a los huelguistas con incorporarlos a las fuerzas armadas que combatían a los Yaquis sino se presentaban a trabajar en dos días, con el pretexto de escuchar las peticiones que habían hecho al inicio de la huelga, cito en su despacho provisional a Esteban B. Calderón, Manuel M. Diéguez y Francisco M. Ibarra, donde fueron aprehendidos y encarcelados bajo los cargos de sedición, asonada o motín, incendio, homicidio y robo con violencia, de acuerdo a los registros de la cárcel. Todo parece indicar que cuando los aprehendieron, los mantuvieron presos en otro sitio, probablemente en la escuela de La Mesa Sur donde estaban acuartelados los soldados que llegaron con el Gral. Torres, o en la “carcelita” de El Ronquillo, ya que en el libro de la cárcel aparecen registrados hasta el día 10 de junio, aunque posteriormente aparecen presos registrados el 5 de junio, por lo que se observa una anomalía en el libro de ingresos a prisión.

Ese mismo día 5 de junio, Izábal telegrafiaba a su consejero y protector:

“Diligencias practicadas, resultan graves responsabilidades contra algunos de los aprehendidos quienes tendrán necesariamente que resultar sentenciados a la pena capital como asesinos e incendiarios; pero los autores morales de tales crímenes, quienes pusieron en movimiento al pueblo con fines políticos perfectamente esclarecidos, sólo podrían legalmente ser condenados por sediciosos y en tal caso la pena resultaría irrisoria. El general Torres y yo opinamos que convendría ejecutar a esos individuos cuyos nombres son: Manuel M. Diéguez, natural de Jalisco, socialista decidido; Esteban B. Calderón, natural de Tepic, bastante ilustrado e inteligente, que buscó trabajo de minero sin más fin que relacionarse con el pueblo y sublevado; Francisco M. Ibarra, comerciante en pequeño natural del Fuerte, Sinaloa. Estos son los que hasta ahora tenemos perfectamente aclarados, con documentos y otras pruebas, que están en correspondencia y combinación con los Flores Magón, a quienes mandaban dinero que reunían a ese fin, y que tenían organizado un club en que celebraban sesiones secretas. Seguro que aparecerán otros; pero a éstos repito, que general Torres y yo creemos conveniente fusilarlos; pero a la luz del día, para que el ejemplar castigo surta sus efectos."

Pero el vicepresidente Corral más inteligente que Izábal y Torres, se opuso terminantemente a la ejecución de los supuestos directores de la huelga de Cananea pretendida por el gobernador y el jefe de las fuerzas armadas en Sonora. Más pensante, Corral decía que si los ejecutaban los convertirían en héroes y esto levantaría más a sus seguidores, y propuso que se les enjuiciara y se les aplicara “todo el rigor de la ley” y se les enviara a las tinajas del castillo de San Juan de Ulua a purgar su pena, cárcel a donde eran llevados los enemigos políticos de Porfirio Díaz a sabiendas de que pocos salían vivos de esa prisión. De esta manera, se montó un “juicio” contra estos líderes que duró dos años y terminó en una condena de quince años de prisión para cumplirse en esa prisión del puerto de Veracruz, a donde fueron enviados en 1909 después de pasar tres años entre la cárcel de Cananea y la penitenciaría de Hermosillo.

Después de concluidos los disturbios y aprehensiones de los huelguistas, el gobernador Izábal abandona Cananea y regresa a la capital del estado. Desde allí envía el informe sobre los acontecimientos en Cananea, mintiendo flagrantemente a sabiendas de la protección de Ramón Corral y del mismo Porfirio Díaz.

En su informe a la Secretaría de Gobernación el gobernador Izábal, entre otros, consignó los datos siguientes:

"Puedo informar a Ud. que no ha habido el menor motivo para que los obreros hayan promovido este escándalo. Existe, sin embargo, el hecho que ha sido el principal pretexto alegado para la huelga a saber: que los operarios americanos ganan mejor jornal que los mexicanos. La Compañía explica este hecho diciendo que el trabajo del minero americano es más constante, más empeñoso y más productivo para la empresa y que de ninguna manera debe entenderse que paga mejor salario a! trabajador americano por espíritu de nacionalidad, pues no son de este género los fines que persigue la empresa.”

Con relación a la entrada de los rangers americanos a territorio nacional acompañándolo, negó el hecho con todo cinismo, así como haberles concedido permiso para que penetraran hasta Cananea, cuando fue un hecho evidente y público. Sobre este particular el informe antes citado explicaba las cosas en la forma siguiente:

"No sólo por el aspecto del grupo, del cual pude juzgar por mi propia vista; sino por los informes que obtuve, resultó plenamente comprobado que no se trataba de una fuerza militar, sino de particulares que no pertenecían al ejército ni a las milicias americanas, en cuyos trajes y armamento no había uniformidad; que no mostraban insignias ni otro signo que pudiera darles carácter militar y que carecían de jefes y de toda especie de organización, no siendo en realidad sino un conjunto de particulares que se habían reunido por curiosidad por la natural alarma que los sucesos habían difundido en toda la comarca y porque por las razones de interés, amistad o familiar querían trasladarse a Cananea para tomar conocimiento personal de los acontecimientos. Las noticias que hasta esos momentos tenía yo de lo ocurrido eran en extremo alarmantes y las que en Naco recibí por teléfono lo fueron aún más, pues se me dijo que la situación era horrorosa, que se sabía de 45 muertos, que los huelguistas intentaban volar los edificios de la negociación con dinamita, que toda la policía de Cananea y muchos americanos habían sido muertos por los huelguistas y que la mitad de la población estaba ardiendo. Al salir para Cananea el tren en que yo había llegado a Naco, una parte de los americanos allí reunidos y que, como digo, eran personas particulares a quienes no se les podía atribuir carácter de fuerza militar, tomaron el mismo tren, con su derecho de entrar al país como simples particulares. Llegados a Cananea vi que no era conveniente que dichos americanos entraran a la población, pues su presencia podría crear trastornos y les hablé para que se regresaran a territorio americano, lo cual hicieron de buena voluntad en el mismo tren, sin tomar el menor participio en los acontecimientos”.

Antes de regresar a Hermosillo el mismo funcionario recibió la siguiente nota de parte de Mr. Dwigth, gerente de la empresa, que prueba la parcialidad de Izábal a favor de los potentados extranjeros:

"Me tomo la libertad de suplicarle se sirva aceptar la manifestación de mi agradecimiento por su grata visita de ayer tarde y por las frases de encomio con que se sirvió honrarme, a propósito de mi actitud en los recientes acontecimientos lamentables que se desarrollaron en este Mineral y me ha causado verdadero placer la aprobación de Ud. en este sentido”.

Sin embargo, algunos legisladores no estaban convencidos de lo que decía el informe de Izábal o bien se trató de una farsa planeada por Corral, pero posteriormente, el gobernador es llamado a la Capital Mexicana a comparecer ante el Gran Jurado Nacional bajo el cargo de traición a la patria, hacia donde parte el 18 de junio de 1906. Con todo cinismo vuelve a negar haber dado permiso para la entrada de los invasores al territorio nacional, cuando fue un hecho público, concluida la farsa en septiembre de ese 1906, terminó por ser absuelto y regresa a suelo sonorense el 10 de septiembre después de casi tres meses. En ese tiempo, Izábal es acusado por sus enemigos políticos de haber recibido 20 mil pesos de Greene por los favores recibidos durante los días de la huelga, además de recibir periódicamente otros sobornos que Greene le enviaba desde por lo menos 1901.

Poco más de un mes después de haber regresado, el 15 de octubre solicita licencia de nuevo y se toma mes y medio de vacaciones, probablemente porque el ambiente en Sonora no se había enfriado lo suficiente después de los eventos de Cananea e Izábal seguía muy presionado. Regresaría el 3 de diciembre a retomar el Ejecutivo Estatal y gobernaría hasta el 1 de septiembre de 1907.

EL FINAL DE IZÁBAL
Después entregar la gubernatura al Gral. Luis E. Torres, Izábal se mantiene fuera de los cargos públicos y se dedica por entero a sus empresas y haciendas durante un año, ya que al año siguiente es electo senador por el estado de Guerrero para el periodo 1908-1910, puesto que ocupa probablemente hasta el primer trimestre de 1910 cuando solicita licencia definitiva para ausentarse por motivos de salud que ya empezaba a cobrarle factura, se encontraba muy enfermo de uremia, debida a la retención de sustancias nitrogenadas en la sangre, enfermedad secundaria a una insuficiencia renal.

Para mayo de ese año el avance de la enfermedad era preocupante y en los medios de comunicación se empezaba a escribir sobre su salud, como lo demuestra la nota de The Oasis de fecha 28 de mayo de 1910, que decía:

“Enfermedad de don Rafael Izábal.”

“De un conocido caballero que ayer había regresado de Hermosillo, The Oasis se enteró de que don Rafael Izábal, ex gobernador del estado de Sonora, estaba muy enfermo y que el jueves la condición del distinguido caballero era muy crítica. La uremia era la causa, hay mucha ansiedad en los asesores médicos. En respuesta a una consulta telegráfica, el caballero mencionado recibió ayer un telegrama que transmitía la inteligencia de que durante la noche había mejorado la condición de Don Rafael, aunque aún era muy grave. La intención del Sr. Izábal era partir hacia Europa la próxima semana, saliendo de Hermosillo en la temporada para tomar un vapor en Nueva York el día 14. La enfermedad actual puede interferir con el viaje planeado.”

Así mismo, el Gral. Luis E. Torres, quien se encontraba en Torín, preocupado por la salud de Izábal el 2 de junio envía a Porfirio Díaz el telegrama siguiente:

“Presidente Gral. P. Díaz, con pena participo a Ud. que nuestro amigo el Sr. Yzabal está gravísimamente enfermo. Según noticias de Hermosillo, con ese motivo regreso a Hermosillo.”
Luis E. Torres

Telegrama enviado por Luis E. Torres a Porfirio Días comentando respecto a la salud de Rafael Izábal de fecha 2 de junio de 1910 (Imagen: UDLA).

Finalmente Rafael Izábal con su familia emprende el viaje a Nueva York en donde toma un barco rumbo a Havre en Francia, a donde iba en busca de un tratamiento para su enfermedad. Después de utilizar todo el verano y parte del otoño de ese año en recorrer Francia y otros países en busca de recuperar su salud, sin lograrlo a fines de septiembre toma de regreso el barco en el Havre. Después de navegar varios días, desde la mitad del Atlántico se recibe en Nueva York un despacho fechado el 5 de octubre de 1910 donde se anuncia la muerte del exgobernador de Sonora, quien moriría el 4 de octubre. Según lo publicado, al llegar a Nueva York, el cuerpo fue colocado en un ataúd y enviado por ferrocarril a Nogales, AZ a donde la noche del día 14 arribarían el gobernador Torres y muchos ciudadanos prominentes de Sonora para acompañar el cuerpo hasta Hermosillo. Izábal murió el día 4 de octubre a las cuatro de la mañana, según acta de defunción No. 224 registrada en Hermosillo, que dice:

“En la ciudad de Hermosillo a las once de la mañana del día quince de Octubre de mil novecientos diez, ante mi Adolfo Balderrama, Juez del Registro Civil de esta Capital, comparecieron los señores Dr. Don Francisco C. Canale y Don Antonio B. Monteverde, naturales y vecinos de esta ciudad, manifestando que el cuatro del actual, a las cuatro de la mañana a bordo del buque “Saroya” (Saroia era el nombre real) en el trayecto del Havre a Nueva York, en alta mar, entre la latitud 50º 41’ Norte y longitud 26º 45’, falleció el Sr. Don Rafael Yzábal, de apoplejía cerebral, según el certificado de defunción expedido por el Dr. del citado buque Señor Joseph Maurice, que debidamente legalizado “exiben”, y queda archivado en esta oficina. Expusieron que el  que el Señor Yzábal era originario de la ciudad de Culiacán, Sinaloa (en realidad era de El Fuerte), avecindado en esta Capital por mas de treinta años, de cincuenta y cinco años de edad (tenía 57), hacendado casado con la Señora Doña Dolores Monteverde, hijo del Señor Don Rafael Yzábal y de la Señora Dolores Salido, ya finados, agregando que los restos del Señor Yzábal han sido transportados por ellos a esta Capital, perfectamente embalsamados como lo prueban con los certificados del Médico del buque Señor Maurice y del Capitán del mismo, Señor Tourretto Alfred los cuales certificados también “exiben” debidamente legalizados y se archivan. La inhumación de los dichos restos tendrá lugar a solicitud de los exponentes el día de mañana en el Panteón particular de la Hacienda “Euoropa” propiedad del finado Señor Yzábal, situado a veinticuatro kilómetros al Oeste de esta Capital. Leida que lo fue la presente acta a los citados Señores Canale y Monteverde, ratificaron su dicho y la firmaron por ante mí. Doy fe.- Adolfo Balderrama.- F. C. Canale.- An.io B. Monteverde. Rúbricas.

Fragmento del acta de defunción No. 224 de Rafael Izábal de fecha 15 de octubre de 1910 (Imagen: Registro Civil).

El estado de Sonora habría decretado tres días de luto por la muerte del ex gobernador Rafael Izábal. El cuerpo de Izábal llegó el 15 de octubre desde Nueva York en un furgón funerario especial enganchado al tren regular. Fue recibido en Nogales por el gobernador Torres y unas 50 personas más entre funcionarios del gobierno estatal y amigos empresarios. Después, el grupo procedió en tren hacia Nogales, Sonora, donde serían recibidos por un tren especial y llevados a Hermosillo.

Se dice que su cadáver fue arrojado al fondo del océano y se simuló que había sido traído a la ciudad de Hermosillo y dado sepultura en la hacienda “Europa”. Otra versión dice que fue enterrado lo suficientemente profundo y que por encima del ataúd se vació una gruesa capa de concreto para que los Yaquis, sus más odiados enemigos, no pudieran profanar su tumba; sin embargo, menos de un mes después de que es sepultado, para el 12 de noviembre ya circulaba en algunos periódicos que, llevados por su odio, los Yaquis profanaron su tumba y que su cuerpo fue extraído, aunque hay otra versión que dice que sus restos no fueron encontrados.

Al triunfo de la Revolución Maderista, como deseo de borrar el nombre de Rafael Izabal del estado, el 9 Octubre de 1911 siendo Gobernador Constitucional del Estado José María Maytorena, el Congreso de Estado por voz de los diputados Flavio A Bórquez, Alberto B Piña y Cosme Hinojosa, comunican el acuerdo al ejecutivo quien promulgó el decreto 3, que dice:

“ART ÚNICO. La estación Izábal, situada en el km. 73 del ferrocarril de Nacozari de García, se denominará en lo sucesivo “Estación Esqueda”.

Fue nombrada “Estación Esqueda” en honor a Enrique Esqueda, comerciante de Bacoachi, quien se habría integrado en marzo de 1911 a la revolución bajo las órdenes de Juan G. Cabral y fue enviado a solicitar la entrega de la plaza de Arizpe al prefecto de ese Distrito Ignacio F. Pesqueira, pero por órdenes del vicegobernador Alberto Cubillas apoyado por el gobernador Luis E. Torres, este fue aprehendido junto a su acompañante y asesinados a mansalva cuando los trasladaban a Hermosillo en un sitio denominado Puerta del Sol, cerca de Ures.

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